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En llamas

Barrio Güemes celebró la tradicional Fiesta de San Juan.

25 de junio de 2010 a las 12:17 p. m.
En llamas
Fiesta de San Juan

En la esquina del Apross con el Pasaje Escuti, en el corazón de Barrio Güemes, anoche hubo una fiesta. Después de varios años, el barrio volvió a vivir la Fiesta de San Juan, con presencia y asistencia comunitarias.La escultura de Sara Galiasso dio forma y sentido a la primera fogata, la mayor de las siete que se fueron encendiendo a lo largo del pasaje, en la calle. Los vecinos alimentaron las llamas, acompañando a los tambores y murgueros que danzaban alrededor del fuego. Como si el tiempo se hubiera detenido. Por la mañana, ellos mismos llevaron las brazadas de leña y la prepararon para la noche inolvidable.Una luna brillante en el cielo limpio saludó desde arriba el emprendimiento de la otra, La Luna del teatro, el centro cultural que animan desde hace más de 20 años Mónica Carbone y Graciela Albarenque en Pasaje Escuti y Fructuoso Rivera.Sara Galiasso cuenta cómo desde la tarde los vecinos se acercaron a la estructura de la que colgaban muñecos y siluetas de edificios, una réplica artística del barrio que ardería por la noche. Un fuerte olor a alcohol domina el aire. La estructura se va plegando, desmoronando, hasta hacerse cenizas. Saltan chispas y se escuchan gritos y aplausos sobre el fondo rítmico y constante de los tambores. "Algunos vecinos pusieron cajitas con recuerdos, para quemar esta noche el pasado. Un hombre que quiso olvidar un trabajo horrible, vistió al muñeco con la ropa que usó para hacerlo", dice Sara, que vive a 100 metros de la primera fogata. En esa estructura plasmó la idea de identidad del barrio. "Los chicos le pintaron los grafittis (el gato que sonríe, el toro a pintitas, la chica en bici) y los motivos que se ven en las paredes del barrio. Los papelitos le dieron sentido a la escultura y después, el fuego lo completó. Por eso la felicidad. Y además, la fecha andina (Inti Raymi, Fiesta del Sol)", explica. En la esquina de enfrente, hay otro fuego, menor. Sobre la tapia han dispuesto un teatro de sombras. Mientras tanto, Las susurradoras ofrecen poemas al oído. "Quiero llorar porque me da la gana", dice Leila los versos de Federico García Lorca. Más allá, otra fogata llama a los participantes. A su alrededor canta un coro. La concurrencia se entusiasma. "Canten otra que me acomodé", dice un muchacho que hace equilibrio sobre una reja. Las fachadas tan distintas entre sí se iluminan. Hay vecinas que se apoyan en su puerta y participan mirando. "Qué alta que está la luna", dice la estrofa de la canción. Enseguida se acerca la bagualera. En su copla cuenta que la llaman 'peruana, cubana o boliviana', pero ella es de la tierra. "En cada copla que cante, mi corazón llevaré", grita a la noche sin viento. Al avanzar por el Pasaje Escuti, se encuentra otra fogata y llegan los repartidores de abrazos. El aire huele a eucalipto. La gente se abraza porque sí. En las pancartas han escrito: "Quiero un abrazo grande".Algunos negocios de la cuadra están todavía abiertos. Los más jóvenes esperan la Banda Calle Vapor y la Orquesta Ambulante. Conversan y miran el escenario instalado al frente de la sala, en una terraza. Hay también niños por todas partes. Hacia la Avenida Pueyrredón, hay más tambores y fuegos. Faltan todavía las danzas bolivianas antes de la banda en la terraza.El fuego se ha convertido en este último tiempo en un dios maligno para los cordobeses. Hay llamas que devoran y matan, críticas y reclamos, miedo al fuego. También, miedo a la calle y al vecino. La Fiesta de San Juan es la consumación del trabajo comunitario realizado por el Teatro La Luna. "¡Qué capacidad para vincular al barrio!", expresa una mujer con experiencia en gestión cultural. "Esto queríamos decir cuando tratamos de explicar que la Fiesta se hace con los vecinos y los artistas militantes", apuntan felices Mónica y Graciela.Al filo de la medianoche, Peri Labeyrie (integrante del equipo organizador) escribía un mail: "a esta hora la gente sigue llegando y llegando. Otros parten y hay mucho recambio". Suponía que alrededor de 1000 personas caminaron el Pasaje Escuti en busca de la Fiesta.