"El perro del hortelano": amor y risa que nacen de los versos
El perro del hortelano, la obra que pone en escena la Comedia Cordobesa, retoma el clásico de Lope de Vega de la mano del director Fernando Salvá Luna con textos.
Sólo puertas traslúcidas enmarcan la escenografía de El perro del hortelano, en versión dirigida por el cordobés-madrileño Fernando Salvá Luna.El primer impacto frente al monumental texto de Lope de Vega abordado por la Comedia Cordobesa es una reinvención del contrato entre intérpretes y público. Por eso los primeros 10 minutos son decisivos. En ese espacio donde reina la única silla, la que ocupa la condesa Diana de Belflor, los personajes llevan adelante intrigas de amor, conveniencias de criados y nobles, caprichos de la señora de la casa y tretas para que la vida premie a cada uno.
Cecilia Román Ross y Pablo Tolosa soportan la mayor cantidad de texto, pasando por todos los estados de ánimo de la condesa Diana y Teodoro, su secretario. Logran instalar la naturalidad, a pesar del decir de Lope que el espectador detecta extraño a su cotidianidad. El elenco en pleno sostiene ese núcleo de la historia, con juegos teatrales planteados como una gigantesca farsa en la que los actores hablan con acento castizo, incluso, exagerado.
Los versos de Lope tienen una cadencia que remite a los modos del habla, al Siglo de Oro y al peso de cada palabra; ésta como vehículo y disfraz para vaciar el corazón y expresar ideas. A ese juego se suma el espectador, gracias al humor.
El director propone un clásico sin concesiones, aunque elige una expresividad extrema, en el caso del elenco, que camina por un límite peligroso, sin desbarrancar.
La condesa repara en la presencia de Teodoro cuando se entera de los amores del secretario con Marcela (Gabriela Grosso). Entonces, quiere lo que no puede. La obra pone en acto el dicho sobre el perro del hortelano, que no come ni deja comer, y lo hace con versos destinados a cada personaje involucrado en la transgresión de la señora y el plan futuro para darle satisfacción sin culpa.
Pablo Tolosa lleva adelante los soliloquios con vivacidad y solvencia. El actor transita los versos sin esfuerzo, quizás por el entrenamiento que le impuso una obra anterior, Tres para un Bululú, en la que se relaciona con la poesía en un escenario sin mediaciones.
La puesta en ese espacio único y desnudo, incorpora grupos de personajes, como los de Oscar Mercado (Ricardo), Beto Bernuez (Federico) y Gonzalo Tolosa (el criado Celio, en un trabajo constante de pantomima). Aparecen las sirvientas, Silvia Pastorino, Clara Weller y Gabriela Grosso, contrafigura de Diana; Adrián Azaceta en el rol de Fabio corre frenéticamente, arma y desarma, siempre con el auxilio de las puertas. En tanto, Giovanni Quiroga, como Tristán, es el cómplice imprescindible de Teodoro. El actor desarrolla un personaje cómico, una especie de unipersonal que por momentos funde en el conjunto. También ofrece lo suyo Patricia Rojo, en el rol de la anciana Ludovico que espera a su hijo desde hace años. La actriz compone el papel pequeño y decisivo en la anécdota, con una gracia que el público festeja.
La Comedia Cordobesa ha interpretado varios clásicos en verso como Fuenteovejuna (1984) de Lope de Vega, y La gran Sultana de Miguel de Cervantes Saavedra (2005). En el hall de entrada del Teatro Real, recibe al espectador la serie de dibujos de la artista plástica Matilde Hubaide con retratos, justamente, de aquella puesta de Fuenteovejuna.
El perro del hortelano, además del divertimento con buen ritmo, deja abierta la posibilidad de pensar en el lenguaje como un organismo vivo y en la risa como la respuesta de cada época a estímulos sorprendentes. La función de hoy es a beneficio de Lalcec. Con su entrada, los espectadores contribuyen a la campaña de prevención y diagnóstico temprano de cáncer.
El perro del hortelanoComediaAutor: Lope de Vega. Dirección: Fernando Salvá Luna. Con la Comedia Cordobesa. Sábado a las 21 y domingo a las 20, en la sala Carlos Giménez del Teatro Real. Duración: dos horas. Entrada: $ 44. En boletería del teatro, San Jerónimo 66.

