El desalojo es un drama antiguo
El santafesino Edgardo Dib dirige a la Comedia Cordobesa en "Barrancabajo", el drama de Zoilo y familia, con la impronta del lenguaje teatral contemporáneo. Estrena el sábado.
Edgardo Dib se pone al frente de la Comedia Cordobesa después de haber demostrado su relación visceral con los clásicos en Edipo y yo, obra con la que fue invitado al último Festival de Teatro del Mercosur. Ahora, el director santafesino vuelve a Córdoba en el marco del Plan Federal de Co-participación entre Teatro Real y Teatro Nacional Cervantes.
Dib cuenta que, cuando fue convocado para dirigir la Comedia Cordobesa, él propuso "un clásico argentino". En esa oportunidad, de visita en la ciudad, bajó a la calle, dio vuelta por Obispo Trejo y entonces se le ocurrió Barranca abajo, la obra de Florencio Sánchez que se estrenó en 1905. La idea gustó y se puso el proyecto en carpeta hasta que, dos meses atrás, iniciaron los ensayos de su versión, Barrancabajo.
"Mis elecciones son siempre de golpe –cuenta Dib–. Conocía la obra de Florencio Sánchez desde hacía tiempo. Vi una versión en Santa Fe, pero no fue por nada en particular. Me gusta trabajar los clásicos y volver a acercarme, encontrar mi corazón ahí, ver cómo puedo contar esta historia. No entro en mucho conflicto con el dramaturgo original. Volví al texto. Soy ansioso. Pensé dos años atrás en esta obra. Fue como un embarazo de elefante. Enseguida tuve la imagen de lo que quería contar. Siempre hay algo que me llama la atención, soy bastante intuitivo, y después investigo".
La imagen que impulsó al director fue el monólogo de Zoilo, el personaje del viejo gaucho que no se adapta a los cambios del nuevo siglo. En el año 2012, Dib fue llamado desde Rafaela para dirigir y eligió la obra de Jorga Ricci, El cuadro filodramático, que justamente termina con el monólogo de Zoilo. "Cuando se estrenó El cuadro filodramático en Santa Fe, en 1990, yo era asistente de escenografía. Así que pensé \'esto es lo que tengo que hacer\'. Traigo ese monólogo conmigo desde hace mucho".
Para Dib, el monólogo de Zoilo puede ser dicho por cualquiera que esté ante el abismo. Su versión reduce la cantidad de personajes y ante los caracteres que son en sí mismos arquetípicos, el director hizo su trabajo. "Tengo otra mirada. Cambié situaciones, las subrayé e intervine algunos textos. En realidad, he profundizado los vínculos humanos. En mis obras hay temas comunes, que se pueden rastrear, como la familia, la casa. En Barrancabajo hablo de una familia en esta circunstancia particular. Ahora se habla mucho de familia disfuncional y la obra de Sánchez tiene todos los tips de una familia disfuncional. El personaje es el síntoma. Hay ahí vínculos quebrados, por eso nos es tan próxima la obra", señala.
Dib aclara que no se plantea objetivos de índole social. "El tema social en la obra original es fuerte, por el desalojo. Coincidentemente, casi todos los integrantes del elenco tuvimos una barranca abajo. El año 2001, justamente, es eso. Estamos atravesados por lo mismo y con historias familiares dolorosas. También hay barrancas abajo emocionales. Entonces aparece la función del arte. El arte nos salva. El actor es el oficiante. El arte nos corre de nuestros abismos cotidianos", comenta Edgardo poco antes del ensayo.
Zoilo por Dib
"Zoilo es sensible. Tiene valores que al mismo tiempo lo enceguecen y lo pierden. Siempre ha habido en las puestas una visión totémica del personaje. Si hubiera mirado alrededor...", comenta el director. El personaje (que está interpretado por dos actores, Oscar Mercado y Raúl Sánchez) es omnipresente, pero Dib lo rodea y busca las sutilezas en esos roles generalmente planteados desde el arquetipo. "Yo no sé si Robustiana (la hija) en tan buena. No por estar enfermo alguien es bueno", dice Edgardo a propósito del personaje. "Zoilo es omnipresente en la escena, en todo sentido. Además, durante la hora de representación los actores están en escena, en un espacio despojado".
Dib maneja con destreza el arte de la síntesis. Se vio en Edipo y yo, concentrado en varios actores de traje, que intercambiaban los roles, con pistas para el público que no pierde el hilo de la tragedia. Ha trabajado sobre la historia del paisano viejo -don Zoilo- que se encuentra repentinamente en la ruina por las maniobras fraudulentas de los especuladores de la ciudad.
En Barrancabajo, lo contemporáneo aparece en la decisión de apartarse del registro actoral del canon: el realismo gauchesco. "No sabría cómo hacer eso", dice Dib, y adelanta que la escena también está intervenida por el concepto del vestuario, los elementos escenotécnicos y la luz de Leandra Rodríguez. "Trabajé con ella en La casa Alba o la otra orilla del mar, en Buenos Aires. Leandra hace mi lectura y la suya, al mismo tiempo. Ella es directora, por eso siempre hay algo que ella significa en la puesta en escena, en las luces. Es una trabajadora, hay que verla trabajar con sus croquis y colores".
Dib escribió la versión en cuatro días, en su quinta de Villa California, Santa Fe. Parece fácil, pero aclara que los 20 días previos fueron de terror psicológico. Con respecto a la primera impresión dice: "Se levanta el telón y se ve la familia en una situación límite". La obra alude al desastre y la ruina.
"Perder lo que somos no es una cuestión materialista; es mi identidad, mi espacio, mis cosas. Hace poco fueron las inundaciones en Buenos Aires. Como santafesino, las he padecido. Hay un síntoma recurrente: perdimos las fotos, pierdo mi memoria, quien soy. Es la forma concreta de decir que perdimos nuestra referencia. Siempre tuvimos muy presente que Barrancabajo habla de otras cosas, no solamente de la tierra, si bien es concreto el tema de la pérdida de ese patrimonio", explica.
Con qué quiere conectar al espectador es otra de las claves. "Quiero que pueda ver una historia escrita en otro tiempo, pero cuyo argumento y planteo (ideológico y emocional) está vigente. Los actores me contaban que esto ocurre hoy en Córdoba. Al mismo tiempo, la vamos a pasar bien, como ocurrió cuando Florencio Sánchez la estrenó en 1905. Quiero destacar que con la Comedia hemos tenido un proceso de trabajo fantástico. Un lujo. Nos divertimos y he sido contenido en lo artístico y personal, por los actores, por los asistentes y todas las personas del Teatro Real".
Edgardo Dib
Nació en Santa Fe. Actualmente vive en Buenos Aires. Es director, actor, dramaturgo y docente. Sus espectáculos han representado la zona litoral en las Fiestas Nacionales de Teatro del Instituto Nacional de Teatro (INT) y ha obtenido importantes distinciones como Premios Teatro del Mundo y Cumbre de las Américas, entre otros. Actualmente presenta El jardín de los cerezos, suite para cuatro personajes y Edipo y yo en Santa Fe. Próximamente reestrena en Buenos Aires Reconstrucción frente al mar y estrena Saverio, mi cruel.
La obraBarrancabajoDramaVersión de Edgardo Dib de la obra de Florencio Sánchez Barranca abajo. Dirección: Edgardo Dib. Con Oscar Mercado, Raúl Sánchez, Adriana Quevedo, Clara Weller, Silvia Pastorino, Patricia Rojo, Carolina Godoy, Cecilia Román Ross, Eugenia Hadandoniou, Pablo Tolosa, Adrián Azaceta y Gonzalo Tolosa. Sábado y domingo a las 21 en la Sala Carlos Giménez del Teatro Real (San Jerónimo 66). Entrada: $ 35.

