El científico y el suegro
"La fábrica de corazones" y "Poroto y el Álvaro", son dos obras con las que el grupo Elencos Concertados ofrece un combo completo de fin de semana, en la Casona Municipal.
El grupo Elencos Concertados le debe su nombre a que confluyen en él tres actores que se formaron en distintas corrientes, pero que supieron aunar sus energías. Como conjunto, existen hace alrededor de cinco años, dirigidos por Enrique Giungi, quien también se encarga de la dramaturgia.
Desde sus inicios, Elencos se dedicó al teatro para adultos, pero recientemente, por una inquietud de los actores, pensaron en "amplificar el campo", en palabras de Jimena Ghisolfi. Para ello contaban con la experiencia que algunos tenían en ese campo, por ejemplo Jimena, quien montó una pequeña compañía y también hizo teatro callejero en España, hace algunos años atrás.
El resultado de estas inquietudes tiene dos caras, y ambas propuestas se muestran en la Casona Municipal (La Rioja y General Paz), este fin de semana.
El sábado a las 17, tres de ellos representarán La fábrica de corazones, una historia acerca de la importancia del conocimiento y del resguardo de la memoria, interpretada por los actores Carolina Gallardo, Pablo Sorlino, y por Jimena. "Relata la historia de un científico inescrupuloso que ataca un pueblo llamado San Bombón con rayos venenosos, que le hacen perder la memoria a la gente. En medio, hay otros dos científicos, que tratan de encontrar solución al problema", cuenta Jimena.
El domingo, también a las 17, Mai Escudero, Matías Krause, Lucas Leiva y Pablo Sorlino, le darán vida a la puesta Poroto y el Alvaro, donde se verá a un muchacho luchando por el amor de su novia, contra un suegro que querrá sabotear el amor, para casar a la chica con un millonario.
Los títeres tambiénJimena Ghisolfi, que es parte de La fábrica de corazones, dice de esa obra que "procura poner al trabajo de investigación como un lugar importante para generar conocimiento, y trata de hablar de la memoria de los pueblos, de la importancia de recuperar la memoria".
Allí, los títeres también son parte del juego. Ellos acompañan la historia desde diversos ángulos: uno es una víbora, otros son los alumnos de una escuela, otro es una señora que no puede recordar nada y que así llega a la casa de la doctora Chapinera, la investigadora, que con su ayudante Clarito Megatón quiere neutralizar al científico villano.
En el relato, los pequeños espectadores verán el escenario dividido en dos partes; una, el laboratorio de Chapinera, y la otra, "La fábrica de corazones", una trampa donde el malvado estudioso le hace creer a la gente que repara sus corazones rotos, cuando lo que hace en realidad es enfermarlos para robarles los recuerdos.
La obra ya lleva varias semanas en cartel, y Jimena cuenta que están conformes por la conexión que lograron con los niños. El edificio de la Casona Municipal, al principio tan imponente por su significado para la cultura de Córdoba, ya comienza a ser un ambiente de confianza y orgullo para ellos.

