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Amores que merecen ser contados en el escenario

En el Argentino de Artes Escénicas, la palabra impone respeto y teatralidad cuando se encuentra con actrices y actores entrenados en el arte de narrar.

05 de noviembre de 2014 a las 10:45 a. m.
Amores que merecen ser contados en el escenario
El grupo de Martín Flores Cárdenas mostró la obra 'Entonces bailemos' (Prensa Festival Argentino de Artes Escénicas).

Volver al cuento es una tentación que exige otras formas de teatralidad. El martes, la programación del Festival Argentino de Artes Escénicas que se realiza en Santa Fe pasó por distintas posibilidades de la narrativa pensada para escena.

Ya estoy solo, con la actuación de Elisabet Cunsolo (Los Hijos de Roche) es una mezcla extraña del delirio místico de una mujer y las circunstancias de la filmación de una película clase B, si el espectador se guía por el relato de ella, la encargada de proveer agua al equipo que convive en un lugar alejado.

Cunsolo trabaja la locura desde adentro del dispositivo de caja de vidrio. Observada desde afuera por el público, expone la versión de la Pasión y muerte de un Cristo extrañado, raro, objeto del delirio, justificador de muertes. La mujer dice: "Tuve ira. Pensé que podía asesinar. Yo era el ángel".

En ese paralelismo hay humor negro y una ferocidad creciente al revivir los hechos pasados. La actriz protagoniza una suerte de thriller en el relato post catástrofe, o, quizás, ha quedado atrapada en el cuento y disfruta mientras sufre, recordando el efecto devastador de su ira interior. Un trabajo sólido de Elisabet que mantiene la atención durante poco más de una hora.

En la Sala Mayor del Teatro Municipal, el grupo de Martín Flores Cárdenas mostró Entonces bailemos, la obra en la que los actores cuentan historias de amor, sexo y soledad, con el ánimo de un juego de amigos. Bajo la luz blanca de tubo fluorescente y con la sala iluminada, dos actrices y tres actores logran que a partir de la apariencia de un entretenimiento inocuo, surjan pulsiones y penas identificables. Con tono entre canchero y competitivo, cada uno aborda su historia y seduce al público. El grupo, que viene recorriendo escenarios y festivales, ha madurado y ofrece un trabajo en el que conecta con el espectador. Los acompaña la música country que se adapta al tono de unos personajes que parecen abandonados a su suerte, o en un motel, o en habitaciones tramposas, o donde la imaginación del público los lleve. Integra el grupo Florencia Bergallo, la actriz cordobesa radicada en Buenos Aires.

Lo que vendrá

El festival continúa con la obra de danza, Duramadre, por KM29. "Duramadre es una superficie de contacto, una red de relaciones que vuelve al cuerpo una plataforma de insuperable complejidad, ávida de vínculo y contagio con lo otro. Así, construimos un ritual de movimiento, una experiencia radical que sostiene activo nuestro inclaudicable deseo de ser un grupo, de volvernos un cuerpo más grande, sensible y potente que multiplica lo que somos individualmente", señalan los artistas que participaron en la Bienal Joven de la Ciudad de Buenos Aires.

KM29 es un proyecto de investigación y creación, iniciado en 2010, que dialoga con diferentes lenguajes artísticos, con los objetivos de la experimentación y el intercambio humano. Luego de cinco años de producción vinculados a las artes escénicas y al cine, desarrolla (desde 2012) su segunda obra, Duramadre. La primera, titulada Los posibles, completó cuatro multitudinarias temporadas.

Desde que Mauricio Kartun apareció en el foyer del Municipal, saludando afable, crece la expectativa por la presentación de su última obra, Terrenal, una relectura político teatral del Génesis, de aquel "conflicto patronal de origen" entre Abel, Caín y Dios.

Adelanta la sinopsis de la obra, sembrando la intriga: Caín productor morronero. Abel vagabundo, vendedor de carnada viva en una banquina del asfalto que va al Tigris. Hermanos a los bifes compartiendo ese terreno, su edén berreta, partido al medio, al que nunca podrán volver morada común. La dialéctica imperecedera entre el sedentario y el nómade. La versión conurbana del mito. Y Tatita, siempre ausente, que regresa al fin ese domingo melancólico.