A la memoria de Paloma Alonso: comentario de la obra "Los pasos de Paloma"
Este martes a la tarde se llevó a cabo el unipersonal Los pasos de Paloma en el Teatro Real. Nuestro comentario de esta única función, acá.
Mercedes Alonso presentó este martes a la tarde el unipersonal Los pasos de Paloma en la Sala Azucena Carmona del Teatro Real. La obra que escribió Patricia Zangaro parte de los recuerdos de la actriz que recorre los momentos íntimos junto a su hermana Paloma, desaparecida en julio de 1977 a los 21 años. La hija del pintor Carlos Alonso propone un duelo en el rescate de la figura y la militancia de aquella joven convencida y feliz, que alfabetizó y conoció al Padre Mujica.
Mercedes se vale de las cartas y el diario de su hermana para recrear ese tiempo fatal en el que Paloma partió hacia el mundo primero, y al infierno, después. La actriz recorre el espacio en el que cantidad de cajas de cartón cercan los recuerdos y las palabras. Con voz potente expone sus sentimientos y los ideales de la hermana mayor. Los pasos de Paloma es una obra signada por la biografía, los datos y el vacío de una ausencia imposible de superar para la familia, una de tantas.
Mercedes evoca la separación de sus padres y pone en escena la presencia de la madre sumida en el dolor (“mamá llora”). Una y otra vez alude a la cornisa del sexto piso en el departamento de Viamonte y Pasteur, en la madrugada del 30 de julio, el abismo que quebró sus vidas.
La lectura de los escritos de Paloma reconstruye gustos y actividades de la adolescente que a los 18 años se fue a vivir sola. Mercedes hurga, busca, al borde de la locura, los fragmentos de cartas de su hermana. “Mi pobre Argentina está a punto de explotar”, decía Paloma en 1975. El discurso político es el territorio de la hermana. Mercedes señala que la familia de artistas, era ‘desclasada’. Junto a Mujica, Paloma encontró una identidad. “Alfabetizar le daba la sensación de pertenencia”, reflexiona Mercedes.
La obra que dirigió Laura Yusem enhebra los textos que conforman el patrimonio emocional de Mercedes, con la tragedia de Antígona. La directora ha sido una voz constante y firme pidiendo justicia desde la recuperación de la democracia. A poco de iniciada, dirigió Antígona furiosa, obsesión que la acompaña por el paralelismo entre el personaje que desafió el poder al querer sepultar a su hermano, y la tragedia colectiva de los años 1970.
“No sabés lo que pasa después de la obra”, dice Mercedes antes de la función. Los chicos de las escuelas hablan por sus abuelos, muchos, víctimas y sobrevivientes de otros genocidios. Si bien la actriz considera que su homenaje es personal, Paloma trasciende la historia de la familia Alonso.
La obra no explora lenguajes escénicos. Apenas algunos apoyos sonoros acompañan a Mercedes que logra un espectáculo descarnado y poético, a la vez, sin artificios, como un encuentro con quienes deseen escuchar esa historia que se detuvo para siempre en la madrugada del 30 de julio de 1977. En la puerta de la sala, el retrato de Paloma regala la mirada de sus bellos ojos oscuros.

