La descendiente
Dee Dee Bridgewater evoca en su último disco, "Eleanora Fagan" a la mítica cantante Billie Holyday.
Dee Dee Bridgewater evoca en su último disco a Billie Holyday. Supo hacer algo parecido con Ella Fitzgerald en Dear Ella (1997), con Horace Silver en Love and peace (1995) y con Kurt Weill en This is new (2002), por ejemplo. Pero con Billie es otra cosa. Tal vez porque se necesita un espesor distinto para acercarse al minuto cero de una manera de cantar que poniendo el swing al servicio de las palabras inauguró una época. Transitar los temas de Lady day significa sondear las sinuosidades de la vida cantada sin filtrar dolores, descender al purgatorio de los negros en la Norteamérica de la primera mitad del siglo 20. De otro modo, ningún homenaje tendría sentido.
Mucho de eso refleja Bridgewater en Eleanora Fagan. Además de desempolvar el nombre con el que Billie fue inscripta en el Registro Civil de Filadelfia en 1915, Bridgewater rescata 12 temas emblemáticos de un repertorio indestructible, desde Mother's son-in-law (el tema con el que Billie debutó en el quinteto de Benny Goodman en 1933 y que da nombre a su primer disco) hasta Lady sings the blues, pasando por Lover man, Foggy day, All of me, Fine and mellow y, por supuesto, la estremecedora Strange fruit, entre otros.
Lejos de cualquier tentación mímica, Bridgewater elige caminos propios, recrea, elabora, arriesga, con una manera de cantar que sin embargo desciende directamente del lugar evocado. La voz de Bridgewater es la de las grandes cantantes de jazz: logra colores e inflexiones preciosas, mide con descarada belleza cada palabra. En el scat corre como un estilete sombrío.
Los arreglos del pianista puertorriqueño Edsel Gómez, figura importante del jazz latino, juegan con los ritmos sin dejar de secundar cada idea de la cantante y los solos del versátil saxofonista James Carter suman oportunamente a tanta intensidad.
Eleanora FaganCalificación: ***** (excelente)Dee Dee BridgewaterUniversal (2010)

