Katy Perry: No todo es imagen
Katy Perry editó un segundo disco apenas aceptable, que no logra vencer su avasallador “sex appeal”.
Katy Perry tiene muy resuelto cómo lucir y qué actitud tomar. Sólo le queda ser más precisa en el ítem cómo sonar. Ya consolidada como una bomba sexy que supo explotarse como pin up, y a partir de dos hits irrefutables de su disco debut (Hot n' cold y I kissed a girl), a la estadounidense se le presentaba todo demasiado favorable para reforzar la bendita alianza entre imagen y música; ésa que vuelve irresistible a la música pop. Pero a la hora del segundo disco, Teenage dream (sale este martes en el país), apenas cumple.
La obra es un pastiche inexpresivo o un compendio de lugares comunes “productivos”. Además, desarticula la ambigüedad a la hora de las letras. Y no es un atenuante que el disco esté inspirado en ciertas ebulliciones adolescentes. Por el contrario, ése debería ser un disparador interesante.
La chica que se besaba con otras chicas ahora se enfoca en un “you” unisex con el que “baila hasta morir”, y con el que será “joven por siempre”, tal como lo expresa en la inocua canción que da título.
Claro que el mejunje tiene altos muy precisos y actitud provocadora. Tal el caso de Last friday night, un dance pop donde Katy batalla para meter muchas palabras en el estribillo y alude a Barbies a la parrilla, shots de tequila y reincide con el recurso de las siglas. Si en el disco anterior era el PMS (síndrome pre menstrual), aquí es TGIF (gracias a Dios es viernes, también el nombre de una cadena de restaurants). En la senda agitadora, aunque con menos punch, se encolumnan: 1) Firework y sus "encendé la noche", "apropiate de la noche como el 4 de julio" con cuerdas y ritmos electro in crescendo; 2) Peacock con su respectivo "quiero ver tu pavo real, tu pi... / Ven nene, déjame ver qué escondés por dentro" (burdísima, claro, pero sin un correlato musical perturbador); 3) Circle the drain con su pompa rocker y la expresión "quiero ser tu amante, no tu puta madre".
Y pará de contar, porque después tenemos que oírle a Katy baladas sosas como ET ("sos tan hipnótico ¿podrías ser el diablo? ¿podrías ser un ángel?", sobre base hip hop clubber que Britney no hubiera usado por barata), Not like the movies y Who am I living for? Esta última, a decir verdad, tiene algunos detallitos redentores, tales como ciertos tecladitos a lo Pharrell Williams y una alusión religiosa algo maliciosa. Es que en algún momento, Katy osa citar a una tal oradora llamada Esther, y Esther supo ser el alter ego de Madonna. Vale faltarle el respeto a los superiores, pero primero habría que ver qué estás haciendo con tu propio ombligo.
Para cerrar, la presencia de Snoop Dogg en el corte California gurls no legitima nada y Katy está más fuerte que todo el staff de Bailando reunido. Sentencia final: Lady Gaga es la reina absoluta.
Teenage dreamKaty PerryEMI, 2010Calificación: *** (bueno)$ 40

