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Dos puntas tiene el estilo

Martha Argerich está en bateas con dos discos que recogen conciertos grabados con más de 40 años de diferencia.

21 de marzo de 2010 a las 05:44 p. m.
Dos puntas tiene el estilo
MARTHA ARGERICH. Se publicaron los discos Argerich plays Chopin y Salzburg.

"Haceme quedar bien, piba", dicen que le dijo Perón a Martha Argerich antes de que la prometedora pianista partiese a Viena para estudiar con Friederich Gulda, gracias al cargo de agregado económico en la Embajada Argentina que el entonces presidente le había concedido al padre.Corría 1955 y Argerich tenía 14. Había dado su primer recital público a los cuatro y desde hacía más de un lustro estudiaba con el severísimo Vincenzo Scaramuzza. Dos años después, Martha ganaría en pocas semanas dos difíciles concursos de piano en Europa: el Ferruccio Busoni, de Bolzano, y el de Ginebra. En 1965 se impondría en el Concurso Chopin de Varsovia y el reconocimiento, primero en Europa y poco después en Estados Unidos, sería unánime. Antes de ganar el Concurso Chopin, la obra del compositor polaco –del que este año se celebra el 200° aniversario de su nacimiento– ya era para Argerich una de sus referencias dentro de un repertorio en el que Liszt, Brahms, Ravel y Prokofiev –como queda sentado desde su primer disco para la Deutsche Grammophon, de 1960– eran también piezas fundamentales. De esa estrecha relación entre la pianista y Chopin da cuenta Argerich plays Chopin, un disco publicado por el mismo sello de aquel debut, que recoge grabaciones realizadas en Berlín en 1959 y 1967. La Balada N°1 en Sol menor Op. 23 es el más viejo de los registros y deja entrever, aun cuando el reconocimiento general no había llegado, que Argerich era ya Argerich: sensibilidad rítmica y fraseo fibroso, sin concesiones al sentimentalismo, lejos del famoso "rubato" romántico, y un ascetismo de marca gouldaniana. La solvencia técnica también trascendía en profundidad, como en el primer Nocturno del Op.15, las mazurcas números 1, 2, y 3, y la articulada Sonata N° 3. Después del tiempoEl segundo disco, Salzburg, es el registro obtenido en la ciudad austríaca en un recital, en agosto de 2009. Ya reconocida como intérprete genial, Argerich entabla un diálogo a dos pianos con Nelson Freire. El encuentro entre dos pianistas experimentados, en cierta manera, complementa dos temperamentos cuya suma se traduce en un sonido maravillosamente tibio, que se adapta con plasticidad a la ligera solemnidad del Brahms de Variaciones sobre un tema de Haydn Op. 56 y la usurpada alegría de La valse, de Ravel. La empatía entre los intérpretes, amigos de juventud, es implacable y hacen de este un disco único.Entre Argerich plays Chopin y Salzburg hay más de 40 años de diferencia, que reflejan una personalidad única, desde sus comienzos hasta la actualidad.