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Etgar Keret, el escritor más popular de Israel: “Escribir libros es de fracasados"

Etgar Keret es mundialmente popular por sus relatos breves, ocurrentes y tragicómicos. El autor pasó por la Argentina para presentar un volumen de cuentos y su incursión en la crónica personal.

21 de mayo de 2017 a las 12:00 p. m.
Etgar Keret, el escritor más popular de Israel: “Escribir libros es de fracasados"

Nada más oportuno que un título preciso para ilustrar lo que deparará el contenido: es lo que sucede con De repente un golpe en la puerta, el libro de relatos que Etgar Keret (Tel Aviv, 1967) vino a presentar a la Feria del Libro de Buenos Aires, una nueva entrega de su exitosa fórmula breve e impredeciblemente sinuosa: un golpe en la puerta narrativo (un niño que miente, unos bolsillos abultados, un hombre que se pasea con los ojos cerrados, una teoría sobre universos paralelos, una mujer que cuando acaba dice siempre el mismo nombre) activa el disparatado engranaje Keret, siempre conciso pero intrincado. Hay algo de fábula oral y folletín pop en el trabajo de este escritor conocidísimo en Israel, que cuenta con varios libros de cuentos (varias veces reeditados en su versión en castellano) y que también es guionista televisivo y director de cine.

Por si fuera poco, Keret pasó con un segundo libro bajo el brazo, Los siete años de abundancia, una incursión en la crónica personal que comienza con el nacimiento de su hijo y concluye con la muerte de su padre. A su manera tragicómica, en el libro el autor también se ríe de su condición de escritor internacional frecuentador de ferias y giras y aeropuertos y dispara contra la violencia usual del estado israelí. "Siempre había pensado que la ficción es increíble y que la no ficción es una porquería. Cuando escribo ficción no sé lo que va a ocurrir, es una aventura. Entonces qué sentido tiene escribir relatos en los que sé qué va a pasar, que cuentan algo que ya sucedió", dice.

Y sigue: “Pero cuando nació mi hijo me surgió por primera vez la necesidad de escribir una experiencia para recordarla, para compartirla con él en el futuro, esa fue la excusa. No es inventar algo nuevo, pero descubrís algo sobre vos mismo. Hace unos meses tuve un accidente de auto. Sentí que iba a morir, me estaba despidiendo del mundo. Más tarde me reflejé en ese momento y me sorprendió darme cuenta que había pensado en gente que nunca hubiera imaginado. Escribir no ficción es eso, es más importante lo que recordás que el direccionamiento de la historia. Si escribir ficción es como hacer magia a lo Harry Potter, escribir no ficción es ir a terapia. A veces el mago también necesita ir a terapia. Igualmente yo siempre voy a estar más impresionado por la ficción. A mi mamá le gustó el libro y me preguntó cuándo voy a escribir otro de no ficción. Le dije que no sé si voy a escribir otro, pero que si lo hago va a ser a raíz de su muerte, así que no va a poder leerlo. Esta clase de escritura es un último recurso, recurrís a ella cuando ya nada más funciona”.

Que el hijo y los padres de Keret hayan sido los motores del volumen no es casualidad: el autor menciona varias veces a su familia como el faro de su obra y como la escala moral para cuestionar a su país. “Para mí es natural criticar las cosas cercanas a tu corazón. Si alguien no critica a su país es indiferente o estúpido. Yo critico a mi madre, a mi mujer, a mi hijo, pero lo hago porque quiero algo mejor para ellos. Hay gente a la que no le gusta lo que escribo. Si vos escribís y nadie te odia significa que no estás diciendo nada importante. Es una tautología, estás diciendo algo con lo que todo el mundo coincide, no querés que cambie nada. Yo siento que Israel es importante para mí tanto o más que para los demás. Mis padres soñaron con este país, perdieron familiares por no irse, lucharon por un alto estándar para mí, mi mujer y mi hijo, no pensaron en irse a un país con mejor clima y comida y mujeres tetonas. Todo lo que hago lo hago por mis padres, por su legado”.

Y completa: “Pasa como con algunos compañeros de departamento. Llegás a tu casa, ves que hay un gran pedazo de basura sobre la alfombra y preguntás ‘¿qué hacemos con esto? ¿Deberíamos limpiarlo?’. Y tu compañero dice ‘estás criticando tu hogar’. La diferencia entre él y yo es que mis estándares de hogar son más altos, para mí una casa no debería oler a basura y tener moscas que vuelan. La pregunta entonces es que si por quejarme odio más o menos a mi hogar. Es el problema con los nacionalistas o fascistas cuando dicen ‘si no te gusta, andate’. Es el mensaje más pesimista, significa que nada puede mejorar. Yo soy optimista, tengo un hijo y deseo que sea el mejor futbolista o un científico, no que tenga un taxi y la inteligencia le alcance para una licencia”.

Viajes y fracasos

-Con respecto a tus ficciones, ¿dirías que siempre comienzan con un “golpe en la puerta”?

-Siempre es así, para mí son situaciones que no se pueden resolver en la vida. Escribir una historia es pasar por debajo de la situación en vez de a través de ella. Una vez me pidieron conocer a un tipo que quería escribir un libro. Había sido un piloto destacado en el ejército, después había creado dos start ups con las que le había ido muy bien. Me encontré con él y me dijo que siempre había tenido un objetivo, escribir un libro que le cambie la vida a todos y sea un best seller. Le dije "no creo que lo logres". Y él me contestó: "Pero si hasta ahora todo lo que quise lo conseguí". Y le dije "justamente por eso no vas a poder escribir un libro, porque escribir libros es de fracasados". La gente que tiene el dinero, la mujer, la propiedad, no necesita escribir libros. Yo no tengo una erupción de sabiduría que quiero compartir con mis lectores. En China me preguntaron de dónde había sacado la idea de escribir sobre hemorroides (en el cuento "Hemorroides"). Les dije que leí sobre ellas en internet y me resultó un tema fascinante. No escribiría acerca de un resfrío porque se te pasa en dos días, pero las malditas hemorroides duran ocho años y se merecen una historia.

-En las crónicas satirizás tu existencia nómade de escritor. ¿Cómo es la vida de un autor de éxito?

-Viajar es la metáfora de mi vida. Mi hijo me preguntó por qué viajo tanto y no me quedo con él y su madre. Le dije que porque escribí un libro sobre cuánto lo amo a él y a su madre y tuve que ir a Japón a promocionarlo. Es un oxímoron. Yo amo la idea de tener una rutina, es una idea sexy y aventurera. Cuando estoy cuatro meses en casa y no voy a ningún lado entiendo lo que la gente piensa cuando duerme en la misma cama. No tengo que despertar y decir dónde diablos estoy, en qué país. Cuando llamé ayer a mi hijo me dijo que había estado jugando con sus amigos en el patio, me hizo llorar y poner celoso, yo estaba en una habitación en Buenos Aires y no me podía dormir, suena más divertido estar con mi familia en el patio. Pero al viajar me pasan cosas interesantes y divertidas, como sentarme al lado de un cura homosexual y esquizofrénico en el vuelo de Los Ángeles a Israel que me habla de cómo piensa que dios a veces es hombre y otras mujer y me menciona sus crisis sexuales. Siempre siento que hay otra cosa para hacer. Si escribo un libro siento que podría hacer una película, cuando dirijo una película pienso que podría estar con mi hijo en el patio. Es un buen problema, no es como alguien que va a un restaurante y dice que no hay nada bueno para pedir, si no “oh, me gustaría probar cinco cosas, no sé cuál de todas”.