Un sueño con nombre y apellido
Héctor y Pablo Durigutti son hermanos. Ambos trabajan como enólogos y llevan adelante una bodega familiar.
Héctor Durigutti es uno de los nombres más prestigiosos en el nuevo panorama de la enología mundial. Es mendocino, tiene 36 años, y trabajó en varias de las más importantes bodegas del país. Gracias a eso y a pesar de su juventud, ya tiene en el bolsillo a los críticos internacionales y a los mercados lejanos que aprecian las cualidades del Malbec argentino, con lo cual podemos decir que su carrera ha sido, y es, un éxito continuo. Este representante de una nueva generación de enólogos no tiene reparos a la hora de venir a Córdoba para promocionar de vez en cuando su propia bodega, Familia Durigutti, estancia que está muy bien ubicada en Agrelo (Luján de Cuyo, Mendoza). Se trata de un emprendimiento familiar que Héctor lleva adelante junto con su hermano Pablo, algo que para él es un "sueño cumplido", luego de asesorar durante años –y todavía lo hace– a otras prestigiosas empresas. Lo curioso es que en su familia no hay antecedentes relacionados con el mundo del vino. "Estudiaba en el secundario en el Colegio Vitivinícola Don Bosco y mi padre era amigo de enólogo de Tittarelli, con quien empecé a trabajar cuando tenía 15 años", recuerda Héctor, quien asegura que como sueño trunco le quedó haber estudiado agronomía."No pude porque la carrera no admitía trabajar y estudiar a la vez, y mi familia no podía costear la carrera. Por eso, decidí estudiar enología y enfocarme en el campo. A los 22 años me fui a vivir a La Rioja, a trabajar a la Cooperativa Nacarí y luego sí, me fui dos años a Chile, después a Brasil y a Italia", resume.Así fue que luego de su tour por Italia empezó a trabajar en Altos Las Hormigas, proyecto que Héctor y los críticos tienen muy bien considerado. "Son mis maestros y grandes amigos actuales. Allí empecé a desarrollar profesionalmente mis talentos enológicos", cuenta hoy Durigutti, ya familiarizado con las grandes etiquetas."Fui unos de los primeros enólogos jóvenes que tuvo la posibilidad de formarse técnicamente con un enólogo tan talentoso como Alberto Antonini. Creo que aproveché toda su experiencia al máximo, no dudo en decir que fue la puerta de mi carrera", resume el enólogo, quien a pesar de su éxito parece no olvidarse de quienes lo ayudaron a desarrollar sus actuales emprendimientos.Ser independienteLlegó un momento en la vida de Héctor Durigutti en la que ser independiente fue la meta por conseguir. "Siempre soñé con ser independiente y tener un vino con mi apellido, y en 2002 con Pablo nos decidimos a empezar con 10 barricas de vino, que son tres mil botellas", repasa Héctor.Para que eso sucediera, Durigutti cree que conjugó su pasión por la industria con sus ganas de hacer algo junto con su hermano Pablo, quien también es enólogo con pasado en bodegas argentinas de alta gama. "Queríamos ser los primeros argentinos jóvenes con un proyecto propio", recuerda Héctor, aclarando que hasta 2007 exportaban el ciento por ciento de su producción."La crítica nos ayudó a que crecieran las ventas y a ser muy reconocidos en Estados Unidos, y por efecto rebote en la Argentina. No sé si por eso trabajo más tranquilo; creo que a veces sí y a veces no. Las modas pasan y yo quiero ser un clásico", remarca Héctor, quien tuvo dos años seguidos a su Malbec Durigutti (2007 y 2008) con 90 puntos en la prestigiosa revista estadounidense Wine Spectator, especializada en vinos desde hace más de 30 años.El secreto está en el viñedoJunto con su hermano, Héctor representa una nueva generación de enólogos argentinos. Para que esto suceda, para que él represente semejante cosa, dice que sus características son utilizar viñedos viejos con poca producción por planta. "Además, cosecho con uva madura, sin importar el contenido azucarino y la fecha de cosecha. Utilizo levaduras indígenas y si hace falta hago microoxigenación. No clarifico, no estabilizo por frío y no filtro (hago vinos tipo orgánicos), y utilizando la mano de obra del hombre en muy baja proporción, volví al concepto europeo, lo más natural posible. En bodega, sólo acompaño con una enología preventiva", enumera el enólogo mendocino.Se dice que sus vinos están pensados para un perfil norteamericano. Buena pregunta sería saber cuál es su opinión al respecto."Yo hago un solo tipo de vino, que fue muy bien aceptado en Estados Unidos. Es un vino moderno, con mucho color, con taninos dulces (típico del Malbec), mucha fruta roja madura y sobremadura, con una madera presente, pero sin ser la protagonista, ella sólo acompaña. Esto es lo que gusta mucho en Estados Unidos".Por último, y sobre el futuro de la enología nacional, Durigutti cree que primero deberíamos hablar de terroir y luego de la disputa entre los blend y los varietales."Argentina hoy es la quinta potencia exportadora vitivinícola en el mundo, hemos pasado a Chile, a Sudáfrica y a Australia. Hoy estamos exportando 800 millones de dólares y se prevé llegar el próximo año a dos mil millones de dólares. Esto significa que estamos haciendo bien las cosas, pero también, que hay mucho camino por recorrer".

