Mediodía guaraní
En una obra en construcción, también hay cocineros que se ganan aplausos del público.
Oscar es un albañil paraguayo que vive en Córdoba desde hace varios meses. Llegó junto a su tío Ramón para trabajar en una obra en construcción en la zona norte de la ciudad, y dice que se quedarán aquí otros meses más, hasta que por fin terminen los dúplex.Luego volverá a Encarnación, su tierra natal, que apenas está separada de la Argentina por el río Paraná, tal vez hasta que el boom de la soja y la construcción le depare otro destino en nuestro país. "En Paraguay no hay trabajo, por eso tenemos que venir para acá", cuenta Oscar, mientras revuelve una olla que muestra un color rosado brillante.Es que Oscar es el encargado de cocinar todos los días para los albañiles que lo acompañan en este proyecto. Y su especialidad, asegura, son los guisos paraguayos: "Éste que vamos a comer ahora se puede hacer con fideos o con arroz. Lleva cebolla, alas de pollo, ossobuco, puré de tomate y un poco de comino que pongo antes de sacarlo", detalla el cocinero, quien después escuchará los gratificantes aplausos de sus compañeros de obra."Aprendí a cocinar hace un par de años. El capataz me dijo que me haga cargo y ahí me largué solo, tratando de hacer los guisos que me hacía mi mamá Elsa en mi casa de Paraguay. Por ejemplo, el vori vori, un plato tradicional paraguayo que consiste en un caldo con albondiguitas de maíz y carne de pollo y vaca", relata Oscar, de 31 años, quien duerme atrás de la obra, en una casilla junto a otros compañeros.Una silla servirá de mesa para apoyar los platos hondos y, junto a dos grandes bollos de pan francés, se sentará junto a los demás muchachos a disfrutar de su merecido almuerzo, que acompañarán con agua potable que almacenan en un tarro de pintura. "Si se puede, los sábados o los domingos preparamos asado de falda", dicen contentos.Qué desayunoOtra de las especialidades de Oscar es la torta frita, o el "reviro", como le llaman en Paraguay. "Lo usamos mucho para acompañar el mate, tanto a la mañana como a la tarde. Lleva un kilo de harina, un huevo batido, agua y sal", enumera.En la obra se escucha hablar en guaraní, pero si hace falta (por ejemplo, cuando los acompaña Beto, un albañil cordobés) traducen todo al español. "Me gusta Córdoba, es muy tranquilo en comparación con Buenos Aires", confiesa Oscar, quien vivió hace un tiempo en Capital Federal, haciendo su doble aporte en otro proyecto.Hoy su vida transcurre en Córdoba. Y asegura que, si bien extraña mucho a su familia, agradece esta posibilidad de trabajo. Entre escombros, ladrillos huecos y cemento, además de levantar con mucho esfuerzo las casas que luego habitaremos, cocina como un Francis Mallmann guaraní: al aire libre y soñando con un mundo mejor.

