El "vino de Tinelli" va mucho más allá de la figura mediática
Cómo hacen desde la Bodega Lorenzo para separarse un poco de la figura de Marcelo Tinelli y apuntalar el posicionamiento de sus buenos productos.
A pesar de que no quieren promocionarlo como el vino de Tinelli, nadie puede dejar de llamarlo “el vino de Tinelli”. Hincha de San Lorenzo, con un hijo llamado Lorenzo, cualquiera supondría que su bodega y de su vino insignia llevan el nombre del club de fútbol de sus amores. Pero es una curiosidad el hecho de que esto no es así. Las etiquetas muestran una referencia antigua, eclesiástica y bizantina, que remiten a otra historia.
En realidad, la bodega lleva el nombre del santo patrono de los cocineros y de los viticultores, que en la liturgia cristiana aparece siempre vestido con la dalmática y con una parrilla en la mano. Pero la parrilla tiene una simbólica paradójica: fue el instrumento de la tortura de san Lorenzo, ya que padeció el martirio por su fidelidad al cristianismo y lo quemaron vivo sobre un asador en el siglo III. Incluso se dice que mientras era martirizado, con tranquilidad dijo al juez: “Ya estoy asado por un lado. Ahora deben voltearme para quedar asado por completo”.
Mientras cuenta esta anécdota, Ramiro Jiménez, representante de Bodegas Lorenzo, muestra las etiquetas de los vinos flamantes que está presentando en Córdoba. Con cierta austeridad dice que la bodega Lorenzo apuesta por no vincular el vino con el personaje, porque sostienen que Marcelo Tinelli puede resultar poco simpático para cierto sector de la sociedad, mientras que el vino que produce es especial y pretenden que el consumidor aprecie el vino por sí mismo, fuera del “personaje Tinelli”.
Los viñedos están en Alto Agrelo, en una finca que Tinelli compró en 2008 asesorado en ese momento por Alejandro Vigil, que le recomendó esa zona de antiguos viñedos. Levantaron todas las viñas viejas y se decidió a plantar todo de nuevo, siguiendo una distribución de espalderas que aprovechaban las virtudes del potente sol, que cae de diferente manera sobre las planicies de esa zona de Mendoza.

Ramiro Jiménez es claro en una cosa: todo el proyecto no es un capricho ni una moda, porque Marcelo Tinelli es desde siempre un fanático del vino, un gran conocedor que aprecia los vinos longevos, con mucha estructura, que tengan una buena evolución. Este estilo era algo muy tradicional en Argentina, pero se fue perdiendo. Tinelli, con sus socios Hernán de Laurente y Federico Ribero, se propuso recuperar ese estilo perdido para su gusto propio. Para eso contrató a Alejandro Sejanovich y Matías Prieto, dos pesos pesados de la enología actual, para hacer vinos intensos, de guarda, logrando un buen equilibrio y una buena estructura. Pero al mismo tiempo hacer accesible este estilo aunque sigan siendo vinos de alto precio.
La recomendación de los enólogos fue cambiar la forma de vinificar, atendiendo no tanto a lo que pasa en la bodega sino a lo que ocurre en las viñas. Así hicieron un estudio que les permitió realizar una vinificación similar pero a partir de una distinta exposición solar. De esta manera la misma fermentación produce vinos distintos. “No es lo mismo tomar sol a las tres de la tarde que las 10 de la mañana”, grafica Ramiro para explicar la importancia de la orientación de las espalderas en las que descansan los racimos.
La historia tiene su parte triste cuando Fede Ribero, amigo del alma de Tinelli, muere el mismo año de la primera cosecha. Por eso el vino insignia, el más exclusivo de la bodega lleva su nombre: Fede, un vino de altísima distinción, el ícono exclusivo de la bodega, no sólo por el precio sino porque hay muy poca botellas disponibles.
Las otras líneas de la bodega son Mártir y Lorenzo y ambas comparten un concepto muy particular, que los norteamericanos llaman "friends & family", que son vinos amistosos, fáciles de beber, con la acidez correcta que invita a tomar más de una sola botella. Esto se logra con vinos suaves y levemente frutados, que expresen lo más posible el viñedo y no estén demasiado intervenidos.
La variedad de suelos de la zona, dice Ramiro, es apta para experimentar y jugar con diferentes estilos de vino. Por eso los vinos de Lorenzo han logrado integrarse en un concepto, buscando la tradición y una cierta manera de hacer el vino que complazca a Tinelli y sirva para acompañar las mesas de sus amigos. Y claro, la apuesta es que lleguen a la mesa de todos. Por eso el representante de la marca señala que hacer vinos no es un pasatiempo copado, ni un hobby de moda. Es complacerse con algo que gusta y que se quiere hacer de la manera que a uno le gusta. Dejar que el viñedo se exprese, que el vino surja intenso y versátil rescatando un estilo perdido. Eso quiere Tinelli y así se expresa en su bodega Lorenzo.

