Concepto compartido
Greenville Café,en camino a San Carlos, propone pizzas y lomos, pero también platos elaborados y vinos boutique. Una nueva alternativa para disfrutar en la zona sur.
Hacía un par de meses que no llegábamos hasta esta tranquila zona de la ciudad en busca de novedades gastronómicas. Y nos encontramos con el Greenville Café, un resto bar vidriado de dos pisos ubicado en el ingreso de un country en el Camino a San Carlos (pasando la circunvalación, O'Higgins al 5700). No será una posta del Camino Real, pero sí es una buena alternativa para tomar un café o bien para salir a comer en familia en una zona que, además de multiplicar countries como panes y peces, de a poco va tomando volumen con este tipo de emprendimientos.Y en Greenville se nota que hay buenas intenciones, por más que el concepto esté compartido entre las fórmulas de despachar sandwiches y pizzas y la de ofrecer platos elaborados y vinos boutique.Es decir, en el abanico se pueden confundir prioridades pero también se percibe cierto entrenamiento en el personal aunque, claro, siempre queden algunos descuidos por resolver (como por ejemplo, levantar la vajilla restante en una mesa preparada para más personas de las que se sentaron).En materia de degustaciones, si bien hay una carta variada (como anticipamos), elegimos la sugerencia del día. Es muy tentadora en cuanto a materias primas utilizadas y precio final: cazuela norteña de lomo y vegetales como entrada, principal de pechuga rellena con tomates secos y queso de cabra, acompañada de puré de berenjenas y chips de papas. De postre, peras especiadas con helado de crema. Todo, por apenas 50 pesos.Para acompañarla optamos por un vino muy especial, Las Perdices Malbec 2008 en botella de 3/4 litro, 24 pesos, un verdadero, detalle que demuestra preocupación para que cada opción sea la mejor. Y la misma lógica se implementó con el appetizer : invitaron una exquisita porción de paté de hígado y verduras para comer junto con unos interesantes pancitos de la casa. Cazuela norteña La cazuela norteña, señores, fue lo mejor de esta visita. Un verdadero placer de suaves sabores concentrados para disfrutar una de las últimas noches de la temporada otoño-invierno. Llegó con pequeños cortes de lomo, verduritas y un toque final de cebolla de verdeo y pimienta rosa que marcaron la diferencia hacia el final de cada bocado. Con el plato principal no tuvimos la misma suerte. Un descuido (o una falta de sincronización) hizo que se pasara el punto de cocción (algo fatal para la pechuga) y además, llegó sin los chips de papas prometidos. Una lástima porque el relleno (tomates secos hidratados y quesillo de cabra) se mostraba intenso y en sintonía con la guarnición.En cuanto al postre, podemos decir que tuvo buenas y malas. Buenas, que la pera llegó preciosa y acompañada de helado y abundantes frutos rojos de sorpresa (cassís, arándanos y moras), que coronaron un buen conjunto.Y malas, que la pera no había sido limpiada de cabo detalladamente y que, los aportes decorativos de la figuras de caramelo, eran demasiado gruesas como para comerlas.Con un servicio doble y buenas intenciones, Greenville hace su aporte para que la zona sur gane en nuevas alternativas para disfrutar. l

