Patria sinfónica
Una obra juvenil de Gerardo Gandini se incluyó en el excelente repaso de 200 años de música argentina que editó Sony Music.
Sin mucha tradición a la que aferrarse, la condición de argentinidad aplicada a la música académica suele reducirse a una cuestión de perspectivas. Si desde una mirada modernista "lo nacional" aparece como una posibilidad de renovación desde los materiales folklóricos respecto a los de la tradición eurocentrista, desde otra podría ser la matriz ideológica para la reconstrucción de una identidad poco menos que imaginaria.En líneas generales, los nacionalismos musicales argentinos podrían resumirse en quienes desde una perspectiva europea usan el sabor local como un color, que resultan cultos, y los que desde una matriz regional dan relativas muestras de conocer la tradición europea, que resultan populares. En medio de estas búsquedas de legitimación, estarían los que, como Borges en la literatura, interpretan la argentinidad como una entidad abstracta asumida desde el cosmopolitismo.Sin intenciones de resolver el problema y en un claro ejemplo de que una orquesta puede –y debe– dejar registro de su actividad, la Orquesta Sinfónica de Salta, dirigida por Luis Gorelik, asume el compromiso de mostrar una selección representativa de 200 años de música argentina. Concierto del Bicentenario se llama el disco doble.Desde la precariedad conceptual de la "argentinidad en música" es difícil decir si algo falta o sobra en este florilegio. Lo cierto es que se trata de una edición excelente, con un breve ensayo introductorio del crítico Pablo Gianera y buena música, bien grabada y bien interpretada.Gaucho con botas nuevas (1936), la humorada sinfónica de Gilardo Gilardi, es la primera pieza del primer disco, que continúa con la Suite argentina para guitarra, cuerdas, corno y clave, de Eduardo Falú, con el excelente Eduardo Isaac en guitarra, Elenko Tabakov en corno y Javier Anderlini en clave. Las Variaciones concertantes para orquesta de cámara (1953), de Alberto Ginastera, acaso la obra de mayor despliegue técnico-compositivo de esta edición, y los tres movimientos de Amo, compuesta en 1978 por Virtú Maragno, completan la primera parte.El segundo disco propone el Concierto Aymara (1944) de Luis Gianneo, con la violinista Tatiana Samouil, como solista y El llanto de las sierras (1946), el réquiem que Juan José Castro escribiera por la muerte del admirado Manuel de Falla. El poema sinfónico Escenas argentinas (1922), de Carlos López Buchardo, y las Variaciones para orquesta (1962), obra juvenil de Gerardo Gandini, completan un mosaico de impresionismos y expresionismos argentinos.

