Un viaje de película
Viviana García y Griselda Moreno volvieron tras dos años de llevar cine por Latinoamérica. Cuentan cómo fue este "sueño realizado".
Mover la montaña para que llegue a destino. Un sueño realizable puede viajar en Estanciera, ocupar 16 bultos en el maletero de un colectivo o tardar dos años y medio en recorrer un mapa que se trazó sobre un territorio inabarcable. Vivana García y Griselda Moreno, una chica de La Plata y la otra salteña, se encontraron apuntalando lo que casi todos les decían que era una utopía: unir Córdoba con Tijuana con películas que llevarían en una Estanciera convertida en cine rodante. Durante los dos años previos, junto con Verónica Rocha y Eugenia Ferrer, integrantes del proyecto hasta antes de la partida, las chicas planearon cada detalle del Cine a la intemperie, escalas, trayectos, necesidades. Sobre todo, objetivos: llevar cine hasta donde nunca hubo.
El 24 de junio de 2008, desde la Ciudad Universitaria, partió Juana (por Azurduy), la Estanciera, partió hacia el norte. Desde Salta, Viviana y Griselda encararon la ruta con más convicciones que certezas. El 8 de noviembre pasado volvieron a casa, más de dos años después, transformadas y con nuevos proyectos, sin Juana –tuvieron que dejarla en Bolivia– y con una nueva red de cines móviles que crearon en la huella. "No nos importaba qué desafío se pusiera delante, algo germinó en nosotras que nos llevó siempre a pensar que lo resolveríamos de alguna u otra forma. Tuvimos desde un comienzo un gran espíritu, una marcada perseverancia y una profunda convicción en lo que hacíamos y esto nos dibujó un par de alas para trasponer las fronteras de lo imposible", dice Griselda. La travesía fue de 40 mil kilómetros y nunca pincharon un neumático. Lo más grave que les pasó fue el robo de la cámara de video, un accidente sobre pavimento aceitado y un vidrio roto, a contramano de aquello de que dos chicas solas no podrían arreglárselas en semejante odisea. "En algunos lugares nos ponían la mesa para tres, porque no podían imaginarse que viajáramos sin chofer", cuenta Viviana. Machismo en todas sus variantes, la noticia de su llegada salió en muchos medios con el título de Chicas al volante, mientras el proyecto ganaba adeptos, inspiraba y amplificaba su alcance por donde pasaba.
De Córdoba salieron con 30 películas y volvieron con 500, porque mientras viajaban se encontraron con que el cine atrae al cine, y que los realizadores de los países que visitaban también eran parte de los descubrimientos de la expedición. Además de agrandar el catálogo, Cine a la intemperie creció en trabajo y responsabilidad. Las chicas tenían un mínimo de gastos cubiertos, entre 400 y 600 dólares por mes, pero no alcanzaban para cubrirlos todos. "Todos los días nos levantábamos pensando en cómo conseguir financiamiento. Fue duro porque nunca sentimos el alivio en ese aspecto, pero aparecieron muchas manos, pequeñas, de gente y organizaciones, para ayudarnos", cuenta Griselda.
De las posibilidades de la voluntad, del alcance de los sueños y las ganas, se trata también la película documental –que están terminando de hacer por estos días en Buenos Aires– y el libro que editarán a mediados del año que viene con la bitácora del viaje. Y a las postales de los encuentros, las aventuras y las dificultades se sumó la transformación personal como otra conquistas. "Ese fue otro viaje, a nivel personal y como equipo. A medida que avanzaba el proyecto nos fuimos llenando de tareas y tuvimos que permanecer más tiempo juntas, con todo lo que eso implica en cuanto a convivencia", dice Griselda. "Parte del aprendizaje fue conocerse, tolerarse. Había una base de respeto y admiración mutua que hizo que hubiera armonía, más allá de que nos hemos peleado y de que apareció esa relación de amor y odio", agrega, y Viviana apunta que el no haber sido amigas desde antes del viaje fue otro de los desafíos. "Ahora está todo bien, ya sabemos cómo es cada una y cuándo se puede hablar de ciertas cosas o no".
Una ruta nueva para el cine quedó abierta entre Córdoba y Tijuana y sus hacedoras dicen que el tránsito será más intenso a partir de ahora. La huella se desplazó incluso hasta Holanda, que también participa de la red y abrirá puertas para llevar al cine latino a públicos transoceánicos. Como las mejores historias, el final propicia nuevas aperturas.
Pantallas abiertas en LatinoaméricaEn dos años de ruta, Viviana y Griselda cruzaron fondos y contextos políticos y culturales que marcaron el viaje y la experiencia. "Nos encontramos con muchas realidades a lo largo de la travesía. Con Bolivia haciendo un referéndum por el SI EVO con apoyo de los Pueblos Originarios, o los campesinos ecuatorianos en la lucha por el NO a las Minas de Cielo Abierto. Pasamos por una Honduras sumida en una crisis social, México cargado de crímenes impunes y altísimos niveles de femicidios. Encontramos una Nicaragua celebrando el Decimotercer Aniversario de la Revolución Sandinista con muchas personas que dejaron de ir al encuentro público porque creen que esos valores y principios por las cuales se luchó se desvirtuaron, o una Costa Rica que se opone a la instalación de Granjas Atuneras en el frágil ecosistema del Golfo Dulce, con un Pueblo Cubano cargado de un gran espíritu luchador, de amor, solidaridad y hospitalidad, con un Paraguay que surge misterioso ante el mundo. Nos encontramos con tantas realidades como personas que viven en América Latina", coinciden ellas. El viaje terminó, y otro recién empieza.
Todas escalasCine a la intemperie es un proyecto de difusión del cine independiente argentino y latinoamericano, a través de la proyección gratuita en cine móvil, de un catálogo que ya reúne a más de 500 obras de realizadores de todo el continente.
El proyecto continuará en 2011 y 2012 con la presentación del documental del viaje y el libro, además de nuevas giras en otros continentes y en Latinoamérica.
Cine a la intemperie fue declarado de Interés cultural por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación, la Secretaría de Cultura de Córdoba, de Santiago del Estero y de Salta.
La experiencia configuró el nacimiento de la primera Red de Cines Móviles de América Latina, que ya reúne a 13 emprendimientos y sigue sumando. La convocatoria para enviar material audiovisual también sigue abierta.
En dos años y medio de viaje recorrieron 40 mil kilómetros, todos los países de América Latina Continental, además de Cuba.
2300 personas fue el récord de audiencia del Cine a la intemperie, durante la proyección en Coveñas, Colombia, para el cuerpo de aspirantes a infantes de marina. El promedio fue de 80 espectadores por escala.
Parques, plazas, calles de barrio, paredones de iglesias, escuelas, comunidades aborígenes, canchas, cárceles, hospitales, todos los lugares fueron aptos para el cine. Los arcos de fútbol fueron un soporte habitual para la pantalla.
Entre los filmes más proyectados durante el itinerario aparecen Elvira, de Juan Manuel Costa y Viaje a Marte, de Juan Pablo Zaramella.

