Temas del día:
Compartir
VOS - Cine

Tonya Harding: la historia de la loca de los patines

La película "I, Tonya" reconstruye el sonado caso de la década del '90, cuando la patinadora Tonya Harding fue acusada de lesionar a su rival para ganar una competencia.  

07 de marzo de 2018, 14:34
Tonya Harding: la historia de la loca de los patines

La mayoría de las biopics (películas biográficas) suelen estar infladas como un pururú. La historia “original” se convierte en un engendro protagonizado por gente carilinda que siempre termina maquillando el buen material que nos regala la realidad para convertirlo en una masa pulida de clichés.

Alcanza con buscar en Internet las fotos de las personas de carne y hueso que atravesaron una situación llevada luego al cine para entender que los castings tienen las patas cortas y que las personas normales no garpan en pantalla.

Imagen de la nota

Pero de cuando en cuando llega una buena. Y el caso de I, Tonya (Yo, Tonya) es un caramelo para degustar sin prisas porque es maravilloso cuando una sola película le da a tantos clavos juntos.

Para contextualizar, I, Tonya se llevó el premio de la Academia por mejor actriz de reparto (para Alison Janney). Y cuenta en el protagónico con una performance para saludar con el sombrero en la mano a cargo de Margot Robbie.

Imagen de la nota

Pero lo más interesante llega cuando se despejan la reconstrucción exquisita y las poquísimas licencias poéticas del filme (por no hablar del hiperrealismo del casting, que es un gesto de honestidad para destacar): I, Tonya es un viaje a la prehistoria reciente de cintas VHS, una mirada a la década del '90 y al contexto en el que se palpitó durante buen tiempo el caso de "la loca de los patines" (como la llamábamos en esa época).

Imagen de la nota

Increíble pero real

Tonya Harding dejó una muesca en la memoria de la sociedad norteamericana. Pero además, para el resto del mundo que tenía televisor fue un pasmo: la gente de a pie y los adeptos al patinaje sobre hielo no podían creerlo. Resulta que allá en el norte, donde se hace todo bien, una competidora de elite le había destrozado la pierna a su rival para que no la opacara en una final.

Imagen de la nota

El hecho tenía todos los ingredientes para convertirse en “el” caso con el que despegaría la mediatización de los procesos judiciales (luego llegarían otros más resonantes que acabarían relegando a Tonya Harding al olvido).

La televisión en vivo y en directo se relamía cada vez que la patinadora mostraba la cara.

Imagen de la nota

Tonya era una chica sencilla que se había hecho camino con sufrimiento desmedido en una disciplina deportiva exigente, y a pesar de todo, demostró tener un talento casi sin precedentes: era el caso de la cenicienta sobre hielo desposándose con el éxito.

Imagen de la nota

Pero detrás de esa cortina había una chica torturada por su madre desde la infancia, que terminaría escapando de su yugo para caer en un matrimonio con un golpeador.

Imagen de la nota

El novio de Tonya Harding la acompañó como una nube de calamidades que hacía destrozos a medida que avanzaba. Asociado con un amigo fronterizo y en un confuso malentendido, el novio y su acólito deciden darle un empujón de suerte a la patinadora y terminan lesionando a la rival para que suspenda los entrenamientos y no se presente en la final.

Imagen de la nota

Versión viene, versión va

I, Tonya, la película, es una exploración para cotejar datos reales con otros que se convirtieron en "versión oficial" tras la imaginación de los tituladores de medianoche, a la hora en que cerraban los diarios con ganas de romperla en ventas al otro día.

Imagen de la nota

Y funcionó durante un buen tiempo: la ensalada del caso Tonya Harding incluía al FBI con una lupa, una posible conexión con grupos terroristas, planes macabros y una chica que daba saltos sobre hielo para salir de la pobreza.

Imagen de la nota

Pero en rigor de verdad, a la versión oficial que acabó cerrando el caso de Tonya Harding le faltaron varios capítulos. Y ahí es donde la película rasca la llaga.

Imagen de la nota

El relato que se instaló sobre el episodio y la vida de Tonya se abre hoy como una rana de laboratorio para mostrar otras aristas que son excéntricas y que sirven para hacer justicia con quien corresponda. ¿Lo más loco del caso Harding? Que nadie haya aceptado entonces la remanida conclusión sobre la realidad superando en altura a la ficción.