Soplón y cuenta nueva
“El desinformante”, la última película de Steven Soderbergh con Matt Damon, no llegará a los cines. Una comedia tensa con buenos momentos.
Ni el popular Steven Soderbergh (La gran estafa, Sexo, mentiras y video, Erin Brockovich, Traffic) ni el imán de Matt Damon (Invictus, Los infiltrados, la saga de Jason Bourne), ni una historia atractiva, de conspiraciones y mentiras. Nada de eso hará que El desinformante llegue a los cines, y en pocos días más será editada en formato DVD. Tan inexplicable resulta como traducir al castellano: "el desinformante" fue tomado del título original The informant!, absolutamente lo opuesto. (Quizás no hayan querido confundir con la película El informante, cuyo nombre de nacimiento fue The insider).La nueva de Soderbergh tiene motivos suficientes para llamar la atención, aunque por momentos algunos detalles atenten contra la película en su modo integral. Y su mayor virtud radica no tanto en los nombres que la integran (George Clooney es uno de los productores ejecutivos) sino por la historia de una gran mentira, basada en un hecho real.El filme reconstruye el proceso de investigación del FBI a una compañía especializada en agronegocios internacionales. Mark Whitacre (Matt Damon), uno de los directivos, comienza a colaborar con la investigación y se convierte en el soplón que con sus datos echaría luz a todo un negocio internacional.El caso real, ocurrido en los primeros años de la década de 1990, no se corresponde con la estética, que lleva retrasa una o dos décadas antes. Los datos que ofrece Whitacre empiezan a enredarse, y la investigación se va enturbiando. Al mismo tiempo, crece el interés del gobierno por descubrir esa red de control de precios ilegales. Allí es donde el personaje creado por Damon empieza a lucir más que un poco creíble bigote y una cintura que no envidiaría Bourne. Es que la transformación a la que se prestó el actor para dar vida a este personaje semi oscuro, aparentemente naif e inocentemente bienintencionado, no cobra sentido sino en la segunda mitad, cuando los acontecimientos empiezan a cambiar. Es allí donde ese tono de comedia retro del principio (también en lo musical) empieza a diluirse, con momentos intensos producto de una escalada de revelaciones que parecen no tener fin.Las verdades a medias; los problemas psicológicos para el espía casual, resultado de una investigación de varios años; la impunidad de los grandes culpables, van sumándose en este filme que prescinde de la acción policial pero que genera buenos climas de tensión. Lejos de ser una obra maestra, El desinformante es un título que bien podría haber llegado a las salas argentinas. Pero el DVD le da revancha.

