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"Siempre me fascinó Picasso"

Antonio Banderas interpretará al pintor español, dirigido por Carlos Saura, en un filme sobre el período de creación del "Guernica".

29 de febrero de 2012 a las 12:00 a. m.
El País, de Madrid
"Siempre me fascinó Picasso"
Antonio Banderas es malagueño, al igual que su nuevo personaje.

Gregorio BelinchónEl País, de Madrid

Antonio Banderas provoca síndrome de Estocolmo. Nadie habla mal del actor malagueño en el cine español: los compañeros lo respetan y admiran, quienes trabajaron con él jamás le dedican una palabra negativa y la prensa vive enamorada de un intérprete que es todo profesionalidad y educación. Con el fotógrafo habla de objetivos y cámaras, de Haití y de cómo le encontró la revolución tunecina mientras rodaba en ese país Oro negro, de Jean-Jacques Annaud. El personal del hotel donde se hospeda -su estancia habitual cuando está en Madrid- se deshace en halagos sobre su amabilidad. Y delante de la grabadora Banderas siempre da perlas y habla de todo: cine, política y económia. A pesar de que en estos días saltó de Los Ángeles a Berlín, y de allí a Granada, Málaga y Madrid, y de cierta cara de cansancio, el actor sigue en un movimiento continuo que en los próximos meses le llevará a otro personaje mítico: Picasso.

–Su carrera mutó radicalmente desde que cambió de representantes: aparecieron de un tirón Allen, Almodóvar, Annaud, Soderbergh... –Y viene uno bueno en verano, que es Carlos Saura. Seré el Picasso de Saura. Es un personaje que me ha perseguido durante mucho tiempo y siempre lo había rechazado. Me merece mucho respeto porque soy malagueño, porque nací a cuatro cuadras de donde lo hizo él. Siempre me fascinó: salvando las distancias, se fue de Málaga un poco más joven que yo, y sentía como yo una nostalgia brutal por la tierra. Tuve la suerte de conocer hace tiempo a su hija Paloma y me contó que Picasso nunca abandonó su idea de volver a Málaga. También me dijo que le gustaba oírme porque yo hablo el español con el acento cerrado malagueño -que le recordaba a su padre-, de zeta pura. En mis inicios, cuando vine a Madrid, lo escondía por cierto complejo de inferioridad. Ahora no. Es una película especial, porque cuenta los 33 días de creación del Guernica en mitad de la Guerra Civil, con un Picasso que el corazón se le va a España. Con sus dudas ante el encargo de un mural, que se le van cuando ve las imágenes del bombardeo de Guernica.–Es un momento de furia creativa, en el que Picasso usa incluso malos materiales en pos de la rapidez.–Hice mis deberes, investigué y leí que lo pintó con cierta idea de provisionalidad, que no iba a permanecer. Picasso le decía a la gente que lo rodeaba: "Cuando acabe la exposición haced lo que queráis con él". Y al mismo tiempo se contradecía: "Esto es un regalo para España, para las dos Españas, para la izquierda y para la derecha". –España vive ahora una profunda crisis con reformas drásticas incluidas.–El momento es muy complicado, y el resultado a las medidas que el Gobierno está tomando no lo veremos en mucho tiempo. Me alío con la gente que cree que los recortes son necesarios para rebajar el déficit, pero al mismo tiempo no se está jugando en la otra parte del problema, que es crear trabajo. No hay estímulos en esa dirección, probablemente porque se está intentado ir demasiado deprisa, y ya no hablo del Gobierno español, sino de Europa, de Berlín, que dicta las normas que se aplican en los países que estamos en problemas. ¿Cuánta gente se va a quedar en la calle? Es complejo, yo no quiero radicalizarme en la crítica a determinadas acciones. Lo que me preocupa es esa sospecha que también ronda a los indignados o a quienes acamparon en Wall Street: que no estamos gobernados por quienes hemos votado, sino que hay otros poderes que no presentan cuentas ante los electores y son quienes dictan las políticas económicas: llámese mercado, lobbies, agencias de clasificación ¿Se están produciendo golpes de estado económicos? Parece que estamos al final de una era: puede que haya una evolución o a lo mejor tensan demasiado de la cuerda y estalla la revolución. Con las primas de riesgo y ciertas políticas alemanas me entra un cierto mosqueo. Y hablo desde mi opinión de actor, no soy un economista.–¿Nota la crisis en su productora, a su alrededor?–Sí, tengo una familia muy extensa y hay ya varios parados. El cine español, que siempre está en crisis general, ahora vive un momento de parón en los rodajes. Literalmente. No sólo por problemas de financiación, sino que se añade la incertidumbre.

–Viene de unos Premios Goya en los que no fue el favorito. –No iba a ganar. Creo que era el trofeo más cantado. Mi mujer me dijo: "Quiero ir a los Goya contigo". Le respondí: "Pero es que voy a perder". Y Melanie me cortó: "Con más razón quiero estar". Ella estaba ensayando en Nueva Orleans, porque rueda ya, y por eso estará en Madrid menos de 24 horas. Pero ese es el carácter de la mujer con la que me casé. Sería muy ruin por mi parte no ir porque no voy a ganar. Estoy muy agradecido con mi candidatura y con las 16 de la película. Suena a perogrullada, y sin embargo es así. El de La piel que habito fue un trabajo interesantísimo, y me ha dejado un pozo que no se revela inmediatamente, pero que me ha hecho encontrar unas claves y unas cuerdas nuevas para mi guitarra. Me ha abierto los ojos a nuevos matices.–Porque Pedro Almodóvar lo empujó...–A luchar contra mis propios instintos naturales. Después de 26 años juntos, Pedro ha buscado en mí y me ha dejado marca otra vez. A mis 51 años. Qué tipo. Pedro nunca se doblegó, siempre buscó como lo hace un artista puro y fiel a su personalidad. Viendo un documental de Picasso, me fijé en cómo seguía y seguía pintando aunque tú pensaras que estaba el cuadro acabado. El proceso le llevaba a tantos sitios. Pedro es igual, un buscador, un genio que estará con el tiempo en la categoría de Picasso, Buñuel, Miró, españoles que son su propio estilo. Son libres. En Paramount nos juntaron para una foto a cien actores para celebrar el centenario del estudio. Estaba todo Hollywood y se me acercaron todos a alabar la radicalidad de La piel que habito. En el mundo anglosajón dejó una huella profunda. Porque en el fondo habla de la creación artística, y mi personaje se comporta como un Dios artista y como un monstruo.–¿Está logrando envejecer a gusto?–Mucho, a veces me produce satisfacción ver mi madurez en la pantalla. Incluso a veces me gustaría envejecer más rápido.