Salma Hayek y Antonio Banderas: Se hacen los gatos
Salma Hayek y Antonio Banderas pasaron por la Argentina para promocionar la película animada "Gato con Botas". Él le pone voz al personaje principal, y ella es una sensual felina.
Especial, desde Buenos Aires Una habitación espaciosa en el primer piso de un lujoso hotel en Recoleta. Una mesa ratona redonda con dos botellas de agua mineral, y alrededor de ella un par de sillas. En una se cobija Salma Hayek, descalza, con las piernas recogidas. En la otra estaba hasta hace unos segundos Antonio Banderas, de camisa blanca y vaqueros y con el pelo al rape, quien se levanta para saludar con ánimo inquieto, ofreciendo su mano con la misma franqueza hispana que ostenta el personaje al que le pone la voz en el próximo gran estreno animado 3D de DreamWorks, Gato con Botas. En él, el felino espadachín salido de Shrek se codea junto a flamantes personajes, formando un trío aventurero que incluye a la sensual e inteligente gata negra que encarna Hayek y a un ovoide y sombrío Humpty Dumpty (voz del barbudo Zach Galifianakis), ambos impulsores del romance y la amistad que son el sustento del filme, respectivamente.Y en el centro, el Gato con Botas, a quien Banderas le brinda una voz española exagerada, mordaz, sin dudas parodia franca de sí mismo y de papeles anteriores suyos, desde el galancete de Los reyes del mambo hasta el tozudo Zorro.¿Por qué le atraen tanto a Banderas estos forajidos con "levante", siendo que a la vez se toma el atrevimiento de reírse de ellos? Ya de nuevo en su asiento, Banderas contesta: "La idea es apoyar el mito apostando por un sabor nuevo, distinto –señala–. Ya incluso en El Zorro me reía del personaje; en toda la primera parte en que él iba a convertirse en héroe había mucha comedia. Pero la cuestión va más allá de la algarabía, tiene que ver con cómo DreamWorks ataca al cine de animación utilizando cuentos clásicos y parodiándolos. Eso es porque la generación que trabaja en el filme, que es también la mía, se ha criado con esos cuentos, con ese mundo Disney, y hemos sabido pegarles la vuelta, mirarlos desde otro punto de vista, reírnos de eso que llevamos adentro".En parte, esa vuelta de tuerca implica el derribo serio de ciertos mitos conservadores, o al menos así lo ve Banderas: "Hay principios importantes en la película que aportan un tono progresista, saltan fuera del mero clasicismo. Por ejemplo tienes al personaje de Salma, una mujer-gato absolutamente independiente, libre, que no está atada a un hombre, que no es rescatada de un castillo; tiene su propia vida y una personalidad fuerte que contrasta con la del Gato", ilustra. Palabra de Salma Hayek, aún distendida en su silla, cuenta cómo fue para ella la experiencia de ponerle la voz y no el cuerpo a un filme; en realidad, confirmando justo lo contrario: no hay voz sin cuerpo (gatuno). "Puedes separar la imagen de la voz, pero cuando creas un personaje lo haces con todo lo que tú eres, no puedes, como un robot, nada más hablar; si yo te digo algo, siempre entran las manos, el cerebro, las emociones, y para hacer un trabajo bien uno tiene que meterse con todo". La actriz mejicana habla decididamente menos que Banderas, pero sus bocadillos siempre son despreocupados y enérgicos, de fuerte impronta latina; de esa forma demuestra que nunca se distrajo, que siempre estuvo allí. En su nuevo aporte en la charla se desvincula del amazónico papel que encarnó en Del crepúsculo al amanecer, filme de culto que la convirtió en algo así como una nueva y exuberante mujer fatal: "En esa película específica no me divertí, estaba desnuda con una víbora en el cuello y en medio de mucho monstruo. Toda la situación me daba miedo, yo veía los monstruos maquillados y quería salir corriendo. No me gustan las películas de terror", revela.Con sus 45 años y una pequeña hija (Valentina Paloma, de 4 años) que cuidar, Hayek prefiere dejar atrás el frenetismo al que la empujaba el estadounidense Robert Rodriguez en filmes como el citado Del crepúsculo… o La balada del pistolero (1995) y su secuela, El mexicano (2003), ambas coprotagonizadas con Banderas. "La acción me gusta pero ya soy mayor. Cuando hicimos El mexicano ya lo quería matar a Antonio, porque me hacía quedar mal", apunta la actriz. Y sigue: "En La balada… habíamos hecho nuestros propios stunts (dobles de riesgo), pero, claro, éramos jóvenes. En cambio en El mexicano yo venía molida de hacer Frida, hubo sólo cinco días entre filme y filme. Todavía tengo una hernia de disco en la espalda de aquella vez, nunca me repuse".Banderas interrumpe con una anécdota: "Un día estábamos rodando una escena de El mexicano a 30 metros del suelo, colgados ella y yo de un cablecito fino y un arnés, los dos bien agarrados, y Salma empezó a gritarle a Robert Rodriguez: '¡Bájame de aquí, yo no soy una niñata!'" (risas). Ella cierra: "La hemos pasado bien, pero mejor que sea hoy la gata la que brinque por los tejados". Nacidos para filmar El plazo de la entrevista llega a su fin, pero aún hay tiempo de preguntarle a la dupla estelar por la razón de que ambos sean justamente una "dupla". ¿Por qué se entrelazan sus carreras a lo largo del tiempo? Banderas, por primera vez, se muestra reticente a opinar: "Prefiero no intelectualizar lo que sea que funcione entre nosotros, esas cosas que se dan tan bien es mejor no tocarlas. La reflexión sólo vale cuando las cosas no funcionan", aventura. Hayek, en cambio, alberga una teoría: "Yo creo en el destino. Pienso que es por él que me encontré con Antonio, quien ha sido muy importante en mi carrera. Gracias a él me contrataron para hacer La balada del pistolero, que me cambió la vida, y en diferentes momentos de mi carrera me he juntado con Antonio y la vida me ha vuelto a cambiar sorpresivamente", dice."He sido marcado por las estrellas", susurra (y bromea) Banderas.
Atrás, una rubia asistente hace señas desesperadas de que el tiempo se ha acabado. "She's tough" ("Es muy dura"), acota Banderas en inglés, antes de levantarse y ofrecer su mano una vez más.

