Miradas opuestas de "Corazón de León"
Dos opiniones encontradas en torno a la nueva película de Guillermo Francella y Julieta Díaz. Y a vos, ¿qué te pareció?
A favor: A la altura del género
Julieta Fantini
Corazón de León no defrauda. Dentro del género de la comedia romántica, la película cumple con una fórmula repetida hasta el hartazgo por Hollywood y no muy transitada aquí. A pesar de un par cuestiones poco logradas como la musicalización, el efecto de achicar a Guillermo Francella (podría haber sido mucho más prolijo) y las metáforas obvias sobre lo alto y lo bajo, trasciende a fuerza de reproducir con éxito las reglas básicas del género.
Así, cuenta el conocidísimo chico–conoce–chica–en una situación azarosa (él rescata un celular que ella tira en una plaza tras una pelea). La atracción es inmediata pese a las diferencias (él es bajito, ella grandota). Todo vale para estar juntos (durante la conquista se dan situaciones inverosímiles como un salto en paracaídas en la primera cita). No faltan los personajes secundarios que ofician de coro griego de la acción (se lucen con muy buenas interpretaciones Jorgelina Aruzzi, Nora Cárpena, Nicolás Francella y Mauricio Dayub). Tampoco está ausente la carta de la corrección política (en pos de la concreción del amor, no importan los 40 centímetros de diferencia) así como el subrayado de las diferencias entre géneros. Y, por supuesto, como es una comedia romántica, superadas las dificultades, el final es feliz.
Juzgada de antemano con desconfianza, Corazón de León podría haber sido el paso en falso de la carrera de Francella ahora en plan de actor serio –despegado del registro televisivo sin bordes–, pero eso, por suerte, no sucede. Masiva y popular, la película cumple con el desafío de trascender lo previsible, tensionando las posibilidades del romance, poniendo, con habilidad, en primer plano las dudas y temores del personaje de Julieta. Los dos actores llenan de matices a León e Ivana que no hubiera funcionado tan bien con otros intérpretes.
En contra: De eso sí se habla
Roger Koza
Guillermo Francella es un gran actor de comedia, pero no un representante legítimo de la pequeñez. Es comprensible la racionalidad económica que está detrás de esa elección pero, dado el tema del filme, es una ostensible contradicción: es como defender las propiedades del café publicitando las bondades del café descafeinado.
Los primeros minutos prometen. La pantalla dividida, un salto en paracaídas simulado con destreza, interpretaciones sólidas, algunos gags acertados. Ya sabemos la historia: Francella es León y tiene la altura de un chico de 10 años. Julieta Díaz, una abogada divorciada, se enamorará de él. ¿Lo aceptarán en la familia? ¿En el trabajo? ¿Qué dirá el ex? La crueldad de algunos personajes a veces se transfiere al punto de vista de la película. En nombre de la comedia, un poco de sadismo light está permitido: León colgado de una alacena no es precisamente un gag simpático.
Francella ganará a la doncella; el amor triunfará sobre la diferencia. Se trata de un gran seductor, pero su eficacia pasa por otro lado. Como en Elsa & Fred, también de Marcos Carnevale, el problema no pasa por retratar el amor en la tercera edad o el erotismo físicamente asimétrico, sino por la ostentación del dinero que se necesita para sortear los obstáculos de la vejez o para superar las inhibiciones.
Corazón de León, una ostensible fantasía de clase, como Dos más dos, citada en el filme, transcurre en el limbo. La historia está elidida, como los conflictos sociales. Todo esto se explica porque Francella y compañía pertenecen al cosmos televisivo, espacio de entrenamiento simbólico que naturaliza lo inadmisible y nos torna dóciles.

