Llega "X-Men: Días del futuro pasado": Destino circular
En "X-Men: Días del futuro pasado" unen fuerzas los mutantes clásicos y sus versiones juveniles, con el fin de salvar a su propia estirpe. Bryan Singer retoma la dirección.
Los mutantes están de regresos, así, en plural. Y es que X-Men: Días del futuro pasado no sólo supone la vuelta al cine del grupo de (anti) héroes de la Marvel después de la elogiada X-Men: Primera generación (2011), sino también la reincidencia de Bryan Singer como director después de la ya lejana X-Men 2 (2003) y, también, de los mismos mutantes en el tiempo dentro de la historia del filme, que intentarán rescatar a su especie. Gracias a ese recurso de ciencia-ficción, el equipo clásico de las tres primeras X-Men convive con el juvenil de la precuela X-Men: Primera generación, como así también ambos elencos, en lo que pretende ser una megasíntesis de la exitosa franquicia.
En un futuro distópico, los llamados Centinelas han logrado acabar con la raza mutante, pero los todavía sobrevivientes y archirrivales Charles Xavier (Patrick Stewart) y Magneto (Ian McKellen) tienen la chance de remediar las cosas, enviando a Wolverine (Hugh Jackman) al pasado a través de los poderes de Kitty Pryde (Ellen Page) con el fin de cambiar el destino. Ese pasado es 1973, una década después de los sucesos agitados de X-Men: Primera generación. Allí, el ya paralítico Xavier (James McAvoy) es adicto a una sustancia que le permite caminar a cambio de la disminución de sus poderes telepáticos, a la vez que su escuela ha sido abandonada (solo persiste La Bestia/Hank McCoy, encarnado de nuevo por Nicholas Hoult) y el siempre rebelde Magneto pasa sus días encerrado en una prisión subterránea por sus crímenes, cien pisos por debajo del Pentágono.
Con el contexto histórico de fondo y no tanto –el entonces presidente Richard Nixon cuenta con una interpretación jugada a cargo del canadiense Mark Camacho, todavía se sienten las secuelas del asesinato de Kennedy, Saigón tiene su pequeño protagonismo en plena Guerra de Vietnam–, el incómodo trío conformado por Xavier, Magneto y Wolverine deberá impedir que una desatada Raven/Mystique (Jennifer Lawrence) asesine al Dr. Trask (Peter Dinklage), el mismísimo creador de los Centinelas, paradójicamente a causa de que esa muerte es la que desencadena la persecución sanguinaria de los mutantes por parte del gobierno en el no tan distante futuro.
¿Suena complicado? No podría ser de otra manera en la megalómana unión de dos versiones de los X-Men en una, que dejará el caos servido en bandeja para la aún más prometedora (al menos a nivel de combustión y ménage mutante y destrucción mundial) X-Men: Apocalypse de 2016. La Fox, responsable de estos héroes de la Marvel (Marvel Studios tiene a Los Vengadores, Sony al Hombre-Araña) promete tirar la casa por la ventana llegada esa instancia, ya la ¡octava!: y es que, a la hora del relevo, X-Men: Días del futuro pasado implica el séptimo filme de la saga, contando las tres X-Men, la precuela X-Men: Primera generación y los filmes de Wolverine (X-Men Orígenes: Wolverine y Wolverine: Inmortal).
Mutantes de siempre
Vagamente basada en una legendaria saga de historietas de 1981 firmada por Chris Claremont y John Byrne y con problemas de coherencia temporal en su unión de dos temporalidades y dimensiones mutantes, X-Men: Días del futuro pasado no busca colmar las exigentes expectativas de los seguidores de primera hora. Al menos para Bryan Singer, el objetivo es despertar el interés en el público en general, ese que no siempre conoce de cómics y secuelas y precuelas y crossovers.
Así y todo, Singer no tuvo reparos en definir este filme como una excéntrica "intercuela", una pieza sándwich entre los filmes previos de los X-Men y lo que está por venir. Singer viene de dirigir las modestas Superman regresa (2006), Operación Valkyria (2009) y Jack el cazagigantes (2013), pero sus grandes hits fueron las dos primeras X-Men, en especial X-Men 2. Y, también, la recordada Los sospechosos de siempre (1995), con la que X-Men: Días del futuro pasado comparte curiosamente algo en común: "En esa cinta había filmado también las escenas del futuro en primer lugar, y allí también había un personaje que iba y venía entre flashbacks y el presente", comparó Singer.
El director neoyorquino, que recibió hace poco una severa acusación de abuso sexual poco después de reconocer su bisexualidad en los medios, asumió que X-Men: Días del futuro pasado extiende sus lazos aún más atrás en el mundo del cine, hacia la mítica Terminator, también sobre un héroe que viaja en el tiempo para torcer el apocalíptico futuro. "Estaba hablando con James Cameron en Nueva Zelanda, en una fiesta de Peter Jackson. Fue un viaje, una de las conversaciones más divertidas que tuve en años. Cameron había tratado el viaje en el tiempo en Terminator, así que le dije, 'bueno, esto es lo que yo quiero hacer con el tema'. Le comenté lo que pensaba, y creo que él lo aprobó. Me reveló la física detrás del asunto", dijo Singer.
Por lo pronto, no todo en X-Men: Días del futuro pasado está signado por los regresos. El filme cuenta con algunas novedades: su filmación en tres dimensiones, y la aparición de algunos mutantes inéditos: Blink, Bishop, Sunspot, Warpath y la gran revelación, un Quicksilver que aparece poco pero sorprende.
X-Men: Días del futuro pasado
Acción, aventura
EE.UU., Reino Unido, 2014. Guion: Simon Kinberg. Dirección: Bryan Singer. Con: Patrick Stewart, Ian McKellen y Hugh Jackman. 131 minutos. Apta para mayores de 13 años.

