Liberación interior: nuestro comentario de la película "La tercera orilla"
La tercera orilla es un filme que retrata con detalle la cotidianidad de una relación familiar en un pueblo del interior.
La cotidianidad no es necesariamente sencilla, y eso Celina Murga lo refleja con maestría en La tercera orilla, a base de planos medidamente rústicos, cuidados juegos de espejos y acalladas explosiones emocionales. Un caudal de tensiones subterráneas y una gracia interna en los ritmos y el tono narrativo permiten conectar de manera inmediata con Nicolás (notable Alián Nevetac), quien podría asociarse a Adéle Exarchopoulos de La vida de Adèle en su expresión expectante, noble y sombríamente revanchista. Y la ambivalencia de su personaje es otro acierto del guion, en tanto Nicolás se esconde bajo la cama para observar a su padre pero también recurre a las trompadas para defender a su hermano o al atentado anónimo para expresar su descontento.
El joven vive con su madre y hermanos y lleva una vida de pueblo del interior, emborrachándose con amigos y asistiendo a sus últimos días de clase, a la vez que su padre (Daniel Veronese, no tan eficaz como Nevetac), que mantiene a otra familia, lo empuja a sucederlo en el laboratorio y a hacerse cargo de sus negocios rurales. El abismo generacional entre ambos se evidencia pronto y se irá agudizando cuando el padre lo quiera iniciar en las escopetas o el sexo de prostíbulo, a lo que Nicolás se negará de manera silenciosa, recortándose del entorno como un santo o un héroe.
Otra virtud del filme y de su naturalismo sólo a primera vista lacónico está en la enorme variación de escenarios, interiores y exteriores, que Murga parece conocer al dedillo: desde el campo abierto a la fiesta de galpón a la estación de servicio de madrugada, la directora construye un universo sólido y atractivo, de thriller infinitesimal (con Martin Scorsese y Gabriel Medina aportando al gesto de género), que tiene en un par de escenas potentes su clímax y superación: cuando Nicolás se arroja a una pileta con lluvia o cuando canta Rezo por vos en un karaoke junto a su desafinada hermana o cuando también junto a ella baila un vals de cumpleaños. Allí Murga logra algo plenamente cinematográfico, liberada ya de mandatos y convencionalismos paternales.

