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Las damas que filman con perros

La directora Laura Citarella y la actriz Verónica Llinás hablan de La mujer de los perros. Este sábado, a las 20.30, la realizadora presentará el filme en el Cineclub Municipal.

19 de septiembre de 2015 a las 10:00 a. m.
Las damas que filman con perros
La directora Laura Citarella estará en el Cineclub este sábado.

En la última semana de enero de este año se estrenaba en la competencia oficial del prestigioso Festival de Rotterdam La mujer de los perros. La delicada película de Verónica Llinás y Laura Citarella acerca de una mujer que vive rodeada de perros en completa soledad y fuera del sistema socioeconómico había empezado su recorrido con el pie derecho. Se trata de un filme hermoso, dirigido por una directora ascendente y una actriz merecidamente reconocida. Hoy, a las 20.30, la realizadora estará en la función extraordinaria del filme en el Cineclub Hugo del Carril (San Juan 49), en diálogo con el público.

La idea de la película surgió de una conversación entre Llinás y su hermano, el cineasta Mariano Llinás. La actriz expresó, tímidamente, que quería hacer una película. Así lo recuerda: “Cuando Mariano me preguntó si tenía alguna idea le dije que había estado pensando en una mujer que vive sin trabajar, sin dinero, con sus perros, de las cosas que desechan los demás. Pero que no vive mal, sino todo lo contrario. Yo no sé exactamente cuándo me surgen las ideas. Tal vez haya sido en un instante estando tirada en el pasto junto a mis perros una tarde de sol. Tal vez se originó en esa sensación de protección familiar que experimento algunas veces cuando estoy entre ellos”. Esa asociación afectiva se percibe en el filme. Los propios perros de la actriz son tan protagonistas como ella, pero la clave está en su relación y en saber filmar esto.

Lo filmable

Naturalmente, una película no se filma solamente a partir de una idea. Toda intuición necesita un desarrollo, una puesta en escena. Laura Citarella dice entonces: “Creo que apareció otra película diferente en cuanto empezamos a hacerla. Porque los tiempos, el espacio, la realidad, modificaban las cosas. La escritura en planos terminó de completar el guion. También hubo que incorporar al guion una mirada que no fuera antropológica. Las locaciones en La Reja son un aluvión de estímulos. Todo se vuelve filmable. Había que evitar cualquier tipo de pictoricismo de la realidad y encontrar hasta dónde queríamos abordar esa realidad y dónde la ficción se volvía un orden, una organización de todo ese contexto”.

El personaje de La mujer de los perros no tiene nombre y nada se sabe de su pasado. Citarella es muy certera cuando afirma: "Digamos que un pasado, un nombre, una voz, o bien una información extra, podían significarle a la película una enorme burocracia. Queríamos liberarla de esa obligación. Si hubiéramos pensado en una estructura más rígida, que implicara un conflicto más grande, no hubiéramos podido armar ese pequeño sistema de elipsis y sorpresas que son la columna vertebral de la película. Cuando uno piensa que la mujer es completamente antisocial, resulta que tiene una amiga. Cuando uno cree que el personaje es asexuado, resulta que tiene un amante. Ese conjunto de procedimientos tiene que ver con la decisión de que la película se defina, no tanto por los típicos esquemas de clasificación y estereotipos, sino por una indefinición constante que lleva a una conclusión: no se puede abordar un personaje de una sola forma. Sólo se lo puede describir entendiendo ciertos aspectos de su vida. Y aún así, nunca vamos a terminar de comprenderlo".

  • Nuestro comentario de la película "La mujer de los perros"

Así como los perros son imprescindibles, La mujer de los perros es inimaginable sin el cuerpo de la actriz, quien no emite ni una sola palabra a lo largo de todo el filme. Llinás dice: "Lo más difícil no fue no pronunciar palabra. Eso podría decir que se dio de forma bastante natural. Lo más difícil fue controlar ciertas expresiones de mi rostro, de las cuales no tenía ninguna conciencia y que, aunque mínimas, se amplificaban terriblemente en un terreno tan sensible como el rostro de esta mujer".

Por la concepción del relato, la película estimula a ser interpretada de formas disímiles. La supervivencia es un hecho, el resto es materia discutible. Dice Llinás: “Todos hablan del desamparo y sin embargo nunca fue pensada desde esa visión. Ahí es donde creo que el hecho de no emitir opinión sobre el tipo de vida que lleva la mujer hace que cada uno pueda proyectar su propia sensación de lo que esa forma de vivir le provoca. Yo veo soberanía, libertad, donde otros ven desamparo e indigencia. Yo creo que la mujer consigue lo que necesita para vivir a fuerza de trabajo e ingenio y que su vida no es mala, aunque sea corta y ruda”.

La poética del filme es una poética de descubrimiento y adaptación. Quizás por eso La mujer de los perros es más una entidad viva en imágenes que una película en la naturaleza.

Citarella revela un poco el misterio: “Lo que a mí me conmueve más de la película tiene que ver con cómo enmarcar a la naturaleza en una ficción, en una especie de fábula. La naturaleza entendida no sólo como los animales y las plantas, sino como el mundo. Desde las estaciones que pasan, las mutaciones del paisaje, las corridas inesperadas de los perros, hasta la fiesta que el pueblo organiza el fin de semana, con motos, vacas y caballos. Esa conquista era un gran desafío para la película. Se trataba de conquistar un espacio para poder encerrarlo dentro de una ficción. Se trataba de lidiar con texturas de la realidad, sin hacer una película realista. Como dice Emerson: ‘Para un ojo atento, la división del día para una planta puede ser reveladora’”.