La revelación del Cono Sur
Comienza la “Semana de Cine Chileno Contemporáneo”, en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, con películas de la nueva generación de directores, como “Música campesina”.
No es fruto de una casualidad, ni mucho menos de un negocio sucio. El prestigioso y renovado festival de Locarno (Suiza), ahora dirigido por Carlo Chatrian (secundado por el crítico canadiense Mark Peranson), ha elegido al cine chileno para su sección "Carte Blanche" en la edición 2013. Esto tiene una explicación.
El cine chileno experimenta un ostensible crecimiento: hay más cantidad de películas y muchas no están reñidas con la calidad. Hay variedad y un par de cineastas de probado talento e importancia internacional: por ejemplo, José Luis Torres Leiva y Pablo Larraín (No, la cuarta pelícua del director de Tony Manero, ha sido uno de los grandes hits festivaleros de este año). Hay muy buenos festivales (el Festival Internacional de Cine de Valdivia y FIDOCS) y también muchos espacios donde se ejerce la crítica cinematográfica. El boom del cine de Chile no es azaroso, sino que, como suele suceder en estos casos, responde a un conjunto de factores.
La Semana de Cine Chileno Contemporáneo, organizada por el Cineclub Municipal, la talentosa actriz Antonella Costa y DIRAC, es una oportunidad perfecta para corroborar el gran momento de esta cinematografía. Las nueve películas que integran la programación son representativas de la diversidad y calidad del cine chileno actual. Dos exponentes casi antagónicos del cine independiente como Che Sandoval y José Luis Sepúlveda estarán presentes con Te creís la más linda (pero erís la más puta) y Mitómana, respectivamente. También se podrán ver Zoológico, Anónimo, Piotr: una mala traducción, Mami te amo, la taquillera La vida de los peces y la genial Música campesina, de Alberto Fuguet, una comedia lúcida sobre el lenguaje y la identidad a propósito de un viaje de un chileno a Estados Unidos.
Es una pena que películas extraordinarias como De jueves a domingo, de Dominga Sotomayor, y la ya mencionada No, de Pablo Larraín, no estén en la programación. Tarde o temprano, llegarán. Pero se podrá ver Turistas, la segunda película de Alicia Scherson, una directora fundamental en la formación de esta nueva generación y una influencia perceptible en la obra de muchos de los nuevos realizadores.
En Turistas, Carla, una mujer de 37 años, bioquímica, que acaba de decidir aplazar su potencial maternidad, tras discutir civilizadamente con su marido, habrá de reconsiderar el conjunto de variables que constituyen su vida. En vez de empezar sus vacaciones con él, emprenderá un viaje personal. Así, la mirada de una langosta anticipa su deriva, y después de una introducción secretamente formidable Turistas (cuyo título más que fijar la posición de sus protagonistas en un espacio desconocido indica una posición de ellos mismos respecto de quiénes son) se convierte en una comedia heterodoxa en la que Carla, un misterioso y simpático joven noruego y un ex músico popular devenido en guardaparque (y algunos otros personajes pintorescos) interactúan entre sí y con la naturaleza prístina del parque nacional, lo que le permite a la directora sugerir algunas lecturas menos evidentes de lo que el filme revela a una mirada desatenta. (Del jueves 13 al domingo 16, en San Juan 49).
Los horarios del ciclo, aquí.
Campusano y el tango metálicoEl próximo domingo 16, a las 21, en la sala del Espacio INCAA de Unquillo, se podrá ver en carácter de preestreno Fango, el tercer largometraje del inimitable José Celestino Campusano, con el que se consagró como mejor director en el reciente Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.
Es hora de tomar muy en serio el cine de Campusano, y de evitar el elogio automático y condescendiente con el que se suele celebrar su obra. Sus películas son mucho más que retratos viscerales de marginales, y su supuesta precariedad formal debe ser puesta en duda.
En este nuevo relato colectivo, sobre dos hombres que intentan formar una banda de "Tango Trash" (una especie de combinación musical entre el sonido de V8 y la textura del bandoneón de una orquesta típica de tango), una historia de celos, secuestro y venganza, Campusano destila un poco más su estética, aún inclasificable, y consigue instantes sublimes en un contexto social saturado de violencia pero no por esto exento de ternura e integridad.

