La música al poder: ¿qué hay para ver en los cineclubes?
Once retrata a una banda irlandesa de clase trabajadora y el placer que despierta hacer música con otros. Gloria se focaliza en el deseo de una mujer adulta chilena.
Once (2006) jamás se estrenó en salas, otro inexplicable error de los que se dedican a la compra de películas en Argentina para su exhibición. He aquí otro misterio: ¿por qué un filme amable como pocos jamás llegó a la gran pantalla?
Justamente, este viernes a las 21 en el ciclo Cine Estelar del Buen Pastor (Yrigoyen 325), se proyectará la película de John Carney, que está protagonizada por el músico irlandés Glen Hansard y su colega checa Markéta Irglová. En este filme sencillo y delicado, él es un músico callejero que tiene también una banda de música, aunque para sobrevivir en Dublín tiene que trabajar en el pequeño negocio de su padre dedicado a la reparación de aspiradoras. Para un músico talentoso pero desconocido, la vida entre aspiradoras no es una verdadera inspiración. Por su parte, ella lo conocerá tocando en la calle y nacerá una amistad y tal vez algo más. Como sea, pasarán tiempo juntos y tocarán música.
Este sobrio retrato social sobre hombres y mujeres de clase trabajadora está corrido de cualquier atisbo de denuncia y compasión condescendiente. Carney registra la cotidianidad del trabajo y los deseos hasta llegar al núcleo más poderoso del filme: los esfuerzos y obstáculos que puede llegar a implicar la persistencia de una vocación cuando se pertenece a una clase específica cuyo lugar en el orden social responde a un lugar casi asignado en la división de trabajo. La expresión sensible no es para trabajadores.
Los momentos más hermosos del filme son aquellos en los que Hansard se dedica a la música, en especial cuando él y su banda están grabando un tema titulado When your mind's made up.
El tema crece como la escena y la simplicidad armónica no exenta de una hermosura manifiesta acompaña un registro preciso del placer de hacer música junto a otros. Los movimientos de brazos del baterista y su inmersión en el tema, la necesidad física del bajista de moverse frente a su entusiasmo, la fuerza vocal de Hansard que nace de las entrañas, la consciencia de felicidad de la pianista y la concentración del guitarrista constituyen una experiencia indivisible frente a cámara. Lo que se ve literalmente es que la música es lo que sucede entre ellos, pues la ejecución de los instrumentos solamente garantiza el sonido, que es la condición de posibilidad de que exista la música. Instancia inolvidable, modelo de cómo filmar la experiencia de la música.
Una mujer en Santiago
Gloria (2013), la mejor película del director chileno Santiago Lelio, escrita por su guionista Gonzalo Maza, cuenta la historia de una mujer adulta que vive sola y sin abnegarse frente a su deseo, como el imperativo social lo requiere de acuerdo con su edad y pertenencia de clase. En un club de baile conocerá a un oficial de marina con el que empezará a salir, hasta que la vida familiar de este último se transforme en un impedimento vincular.
Si bien la trama de Gloria se ajusta a la descripción precedente, en verdad lo que importa aquí pasa por las acciones de Gloria y sus decisiones, que están más relacionadas con los dictámenes de su deseo y con una forma de vida que no expele la posibilidad de formar una pareja pero que tampoco se define exclusivamente por ese proyecto afectivo.
Paulina García como Gloria es el centro de gravedad de la película, pues todo lo que sucede está asociado a ella, y la entrega de la actriz, capaz de mostrarse enteramente desnuda o vulnerable, es tan notoria que en ciertos momentos el personaje está por encima de la película. En el género de comedias o dramas para la vida adulta, posiblemente Gloria sea una de las películas más maduras entre las de su género y más libertaria de lo que se puede percibir en una primera visión. Del jueves al domingo en el Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49).
También vuelve Los besos de Jazmín Carballo, la ópera prima de esta joven cordobesa cuyo mínimo drama, si bien está focalizado en el reencuentro inesperado y azaroso entre dos jóvenes, Lisa y Jerónimo, no deja de ser un retrato generacional de una clase social específica con intereses orientados al cine y la música.
Tres rasgos destacables del filme: la tensión dramática que crece entre Lisa y Jerónimo; las formas peculiares de mirar la experiencia cotidiana y el mundo circundante, y los momentos en los que los jóvenes se disponen a hacer música, una forma de estar en grupo que aliviana el tenue desasosiego de otras escenas. Este lunes a las 21, en Centro Cultural Córdoba (avenida Lugones 401).

