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Festival de Cannes: Un cuento de hadas materialista

"Le havre", de Aki Kaurismaki, se presentó en la competencia oficial de Cannes, una historia de inmigrantes en clave de comedia.

17 de mayo de 2011 a las 06:13 p. m.
Roger Koza
Festival de Cannes: Un cuento de hadas materialista
Pierre Étaix y Kati Outinen, en una escena de “Le havre”, presentada ayer en Cannes.

ESPECIAL DESDE CANNES PARA VOS Siguen en la riviera francesa las discusiones en torno a El árbol de la vida , la poderosa pero no del todo perfecta película de Terrence Mallick ( La delgada línea roja ), sin duda, la obra de un creyente y de un cineasta inimitable. Para muchos se trata del filme del año, para otros es una gran decepción. Quien no encontrará muchas resistencias en Cannes es Aki Kaurismaki, un incrédulo utópico cuya nueva película, Le havre , carece de cierto cinismo difuso de algunas de sus obras anteriores y es el título más amable de la competencia oficial. Se trata de un filme político, acaso un cuento de hadas materialista, como si Tati y Bresson desde un más allá imaginario le dictaran las pautas estéticas de esta comedia sobre la inmigración, situada al norte de Francia, en la ciudad portuaria del mismo nombre, y que tiene un giro romántico que puede conquistar hasta a un cocodrilo.Un lustrabotas, por casualidad, termina ayudando a un niño venido de África en un contenedor que encuentra la policía francesa. Allí van "los muertos vivos", los inmigrantes. El niño logra escapar, y la policía lo busca como si se tratara de Osama bin Laden. Marcel Marx, que está casado con una extranjera y tiene un gran amigo asiático, entiende muy bien que la xenofobia francesa no es menor. En algún momento se verá un material de archivo de la destrucción de "La jungla", el famoso asentamiento arrasado, hace muy poco, por la gendarmería y la policía galas.Marx organizará un concierto de rock proletario. Así, juntarán el dinero para que el niño viaje clandestinamente a Londres. Algunos vecinos apoyan, otros delatan, e incluso en el seno de la policía hay un inspector desobediente. Y mientras esto sucede habrá un milagro: la esposa de Marx se curará de una enfermedad terminal.Así descripta puede parecer una película ingenua. Pero la puesta en escena, el tono emocional y las elecciones musicales hacen de Le havre un filme sólido, bello y valiente. No pertenece al lote de las películas importantes. Y, sin embargo, revela algo de nuestro mundo sin traicionar jamás el arte cinematográfico.