Estrenó la película “Adiós a la memoria”: contra el olvido y la pena
El nuevo filme de Nicolás Prividera se puede ver hasta el miércoles 1º de diciembre en el Cineclub Hugo del Carril. Calificación: Excelente.
Al promediar el segundo acto de Adiós a la memoria, la película contiene en su interior un pequeño corto de terror. Es un prodigio cinematográfico amateur y una pieza extraordinaria de la elaboración inconsciente de un niño que lleva consigo la memoria de la desaparición de su madre.
¿Qué puede hacer el hijo frente a la ausencia? ¿Cómo puede conjurar o al menos procesar, es decir, narrar(se) el terrorismo de Estado a una temprana edad en la que ni se es todavía adolescente? El corto sin nombre es el desplazamiento eficaz del dolor íntimo en un relato. Ese pasaje de Adiós a la memoria es la resistencia ante el olvido y la transformación de la pena en estética.
Cuando Nicolás Prividera comenzó Adiós a la memoria no sabía si su papá iba a morir antes de que la película estuviera finalizada. Sabía, sí, o más bien era testigo directo, que su padre prefería perderse en un presente en el que la consciencia se apaga lentamente y desdibuja en su deterioro los lazos con el pasado.
El pasaje en el que Héctor no puede asociar correctamente el nombre “Marta Serra”, el de su esposa, es otro instante en el que se entrevé lo endeble de la memoria, la contingencia y la precariedad de la identidad. La identidad es una memoria que actúa.
Pero lo que sucede con el padre de Prividera, y así lo concibe el propio director, no constituye un drama familiar suscitado por el desmoronamiento psíquico de Héctor, sino una expresión indirecta y microscópica del desmantelamiento de la memoria como experiencia colectiva.
En ciertas ocasiones, a veces intolerables o irreconciliables, hay quienes prefieren el olvido, como el padre. Pero el hijo desestima ese camino y todo el esfuerzo de la película consiste en reconstruir la memoria familiar en sintonía dialéctica con la memoria de Argentina.
La violencia política es ubicua, el sistema económico dominante es un fondo permanente en el que se fabrica miseria y exclusión. Un travelling dedicado a registrar las calles de Buenos Aires en la actualidad es suficiente para reconocer que el término “neoliberalismo” no es una abstracción académica o un título periodístico.
Adiós a la memoria revela todavía algo más y lo expone sin explicitarlo: la memoria es una operación de montaje. Esto no significa que la reconstrucción de la memoria sea antojadiza o esté deslindada de la verdad. He aquí una de las razones por la cual el cineasta no habla en primera persona en el off y prefiere el empleo de la tercera persona; es un matiz gramatical que también modifica la gravitación de la enunciación en el film sin por eso desconocer la responsabilidad subjetiva del propio montaje frente a los hechos del mundo.
De ese modo los materiales filmados por Héctor, las películas caseras, las citas bibliográficas o cinematográficas u otros materiales de archivos son subsumidos en una reconstrucción por la cual la Historia argentina deviene el espejo deformante donde se refleja la historia de los Prividera.
Película incómoda y conmovedora Adiós a la memoria, porque es un relámpago y un trueno producidos en imágenes y sonidos que reverberan en un período cínico en el que los lazos sociales están heridos y la verdad elidida. Verla es verse en el entramado de la Historia, en la intersección del Yo con su época.
Para ver
Adiós a la memoria. Calificación: Excelente. (Argentina/2020). Guion, fotografía y dirección: Nicolás Prividera. Edición: Hernán Rosselli. Producción: Pablo Ratto (Trivial Media). Duración: 90 minutos. Hasta el miércoles 1º de diciembre en el Cineclub Hugo del Carril. Horarios de las funciones aquí.
Violencia, sexo y complejidad: nulas.

