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Entre grotesco y absurdo

Nuestro comentario de la película "Ni un hombre más", donde Martín Piroyansky y Valeria Bertuccelli muestran mucha química. Mirá el tráiler.

10 de noviembre de 2012 a las 12:00 a. m.
Victoria Varas
Entre grotesco y absurdo

Karla y Ricky llegan a una hostería desolada en las proximidades de la triple frontera. Llevan 100.000 dólares y un muerto involuntario en la guantera. Nada grave: había que secuestrar a un tío que, por error de cálculo, terminó muriendo en el camino. Cosas que pasan. Nada que no pueda arreglarse aprovechando la atmósfera bandolera de un anclaje espacial justo, desde la permisiva y risueña conciencia del absurdo.

En un mientras tanto que dura unos años, Charly (Martín Piroyansky) estudia el comportamiento de las iguanas. Un relato en off detalla la conducta de estos reptiles típicamente misioneros, tan insólita como la de sus recientes huéspedes bonaerenses. El documentalista amateur sabe de los peligros intrínsecos al triángulo conformado por dos machos y una sola hembra, pero no sospecha lo que puede pasar si ese triángulo se da vuelta. Hasta que un hombre muere en su baño.

En la vegetación misionera cocodrilo que se duerme es cartera, hombre que galantea es boleta, iguana distraída es guiso de hostería. Así, mientras Charly cocina, Karla intenta librarse de unos cuantos kilos de carne. Demasiado tarde, si quiere salir ilesa deberá hacerse cómplice del hotelero, habilitar la valijita de los dólares y compartir una parte de la presa.

CómplicesEl acuerdo se cierra en 40-60. Complicidad. Esa es la palabra justa para definir la química entre dos actores cuyo manejo del humor potencia las situaciones inauditas del guion. En su ópera prima, Salinas logra un ajuste perfecto entre la desesperada audacia de ella y la despreocupada indulgencia de él.

El guiso de iguana está cocinado. Sabido es que donde comen dos, comen 10. Ya está servida la mesa y caen muchos invitados de sorpresa, trayendo consigo variadas intrigas superpuestas. El primero en llegar es Rolo, un guardaparques interpretado por Luis Ziembrowski, que se anima a emular la tonada misionera y tirar varias frases en guaraní. La tercera en discordia (Emme), una pareja de millonarios, dos monjas, y algún que otro policía se van sumando de a poco a la cena de locos.

La acción, entre grotesca y absurda, se incrementa con cada llegada hasta volverse una bola que, a fin de cuentas, no se sabe dónde acaba. En esta comedia negra el futuro se interrumpe pero también se adivina: no habrá más hombres muertos mientras no haya ninguna mujer entrometida.