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Dieta a base de carne humana

“Masacre en Texas” es una prueba más de que los psicópatas son una garantía de éxito entre los que van al cine. Aquí, un repaso por los cinco más atroces, todos en plena actividad.

03 de junio de 2013 a las 12:00 a. m.
Carlos Schilling
Dieta a base de carne humana
"Masacre en Texas". Foto web.

El reciente estreno de Masacre en Texas en formato 3D ilustra el largo camino recorrido por un género que empezó como un producto marginal de la industria y que hoy ocupa los primeros lugares en la lista de recaudaciones.

Pasaron casi 40 años desde que Tobe Hopper estrenó lo que en la Argentina se conoció como El loco de la motosierra, una película clase B, con un presupuesto de poco más de 80 mil dólares, actores desconocidos y modestas expectativas comerciales. El resultado: 30 millones de dólares de ganancias, un asesino icónico -Leatherface (cara de cuero)- y una mitología pop que se mantiene viva hasta el presente. También sufrió el lastre de varias secuelas y remakes, una de ellas dirigida por el propio Hopper en 1986.

Si bien la original mostraba una serie de muertes violentas con una crudeza que nunca antes se había visto en el cine, no era en absoluto la primera película que se centraba en la figura de un psicópata. Ya en 1931, M el Vampiro, de Fritz Lang, había presentado a un asesino de niños (encarnado por un joven Peter Lorre).

Más cerca en el tiempo, en 1960, Psicosis, de Alfred Hitchcock, transformaba al tímido Anthony Perkins en el retorcido Norman Bates, que se vestía con las ropas de su madre antes de acuchillar a sus víctimas. Interpretado por el mismo Perkins, el personaje reapareció en dos películas más, en 1983 y 1986, pero ya se había vuelto una caricatura. Ahora la TV lo ha resucitado en la serie Bates Motel, con Freddie Highmore (sí, el chico de Charlie y la fábrica de chocolates) como protagonista.

La famosa escena de la ducha de Psicosis es la principal precursora de lo que posteriormente se constituirá en el subgénero "slasher", término que puede traducirse por "descuartizador", "acuchillador" o "degollador", y cuya apoteosis llegará con Halloween, en 1978. Es una de las mejores películas del venerado John Carpenter y generó una larga serie de secuelas y precuelas que se prolonga hasta el presente. En octubre del año pasado, se estrenó en Estados Unidos Halloween Awakening: The legacy of Mike Myers.

Mike Myers, el psicópata inventando por Carpenter, junto a Jason Voorhees, de la saga Martes 13, son los descuartizadores más famosos y longevos de la historia del cine. Se han mantenido en la pantalla grande a lo largo de las décadas de 1980, 1990 y 2000. Como su inmediato predecesor de El loco de la motosierra, los dos usan máscaras: Myers, una de plástico blanco; en cambio, Jason se cubre con una de arquero de hockey.

Un señor distinguido

A principios de la década de 1990, cuando el género slasher sufría una momentánea depresión en las boleterías, un psicópata mucho más distinguido fue invitado a la gran fiesta de la Academia de Hollywood: Hannibal Lecter. Con Anthony Hopkins como protagonista, El silencio de los inocentes obtendría los cinco Oscar principales: Mejor Película, Director (Jonathan Demme); Actor Principal, Actriz Principal (Jodie Foster) y Guión Adaptado.

Si bien Hannibal mataba con sus manos y sus dientes, también aparecía con una máscara (una especie de bozal) en varias escenas de la película. Sin dudas, el personaje inventado por el escritor Thomas Harris en su novela El Dragón rojo une dos estirpes de psicópatas: el loco sanguinario con tendencias caníbales y el asesino serial refinado e inteligente.

Más allá del éxito de la crítica y de público que tuvo El silencio de los inocentes, hubo que esperar 10 años, hasta 2001, para que se filmará una secuela, Hannibal, esta vez de la mano de Ridley Scott, y siempre con Hopkins como protagonista. El actor inglés se despide del personaje en 2003, con la tercera entrega titulada El Dragón rojo.

Pero este degustador de carne humana no ha desaparecido de la pantalla. En 2007 encarnó en el joven actor Gaspard Ullier, en una precuela titulada Hannibal, el origen del mal y que remite la historia del caníbal a la Segunda Guerra Mundial. Este año, además, se estrenó la serie televisiva Hannibal, con el danés Mad Mikkelsen en el papel de Lecter.

Matame otra vez

El renacimiento del género slasher, ya en clave autorreferencial, se da con las sagas de Scream (cuatro entregas) y de Sé lo que hicieron el verano pasado, en la segunda mitad de la década de 1990. Lo curioso de Scream, dirigida por el legendario Wes Craven, es que detrás de la máscara de fantasma que usa el asesino puede ocultarse cualquier persona y no necesariamente un psicópata.

El psicópata más memorable del nuevo milenio es un enfermo de cáncer: Jigsaw, de la saga El juego del miedo, que tuvo nada menos que siete entregas desde 2004. Interpretado por el siniestro Tobin Bell, Jigsaw mata a través de complejas máquinas de tortura que las propias víctimas activan en su desesperado afán por escaparse.

Esta larga estirpe de psicópatas probablemente se remonta a Gilles de Rais, el noble francés del siglo XV que violaba y mataba niños y que propició la leyenda de Barbazul, fijada dos siglos más tarde en un cuento de Charles Perrault. Pero sin dudas lo que puso el sello de sangre en este pacto entre crimen y fantasía fue la irrupción de un asesino de prostitutas en la brumosa Londres victoriana: Jack el Destripador, cuya verdadera identidad nunca se descubrió.

El término "asesino serial" recién fue introducido en el vocabulario criminológico a principios de la década de 1970, por el agente del FBI Robert Ressler, y la prensa norteamericana lo difundió a escala mundial a partir de criminales como el Zodíaco, Ted Bundy, David Berkowitz o el mismo Charles Mason.

Un dato revelador: los asesinos seriales son las personas que más cartas de admiradores reciben en las cárceles. Esa fascinación tal vez sirva para explicar por qué tienen tanto éxito en el cine.