Con un pie en la alfombra
En Hollywood está todo listo para la entrega del Oscar: estatuas, alfombras, periodistas y seguridad. Crónica y videos de nuestra enviada.
Hay una película reciente, ambientada en los años 50, llamada Hollywoodland. Así debería llamarse la ciudad de Los Ángeles, por lo menos en estos días previos al Oscar. En el camino del aeropuerto a la ciudad, ya empiezan a verse esas calles eternas, escoltadas por palmeras y, detrás, sobre la montaña, el célebre cartel con las letras blancas da la bienvenida. "Hace unos 15 días taparon las letras, porque algunos inversores quieren vender el terreno para construir casas allí y hay otros que quieren preservarlos para la ciudad", cuenta Anthony, que vive allí hace tiempo. Y uno piensa ¿Más casas? ¿Con todas las que ya hay?Pero en medio de kilómetros de casas y más casas (casi cinco millones de personas las habitan) se ve desde lejos cómo asoma una gigante cara dorada tras un edificio alto. El edificio es el hotel Renaissance, donde las actrices se cambian, se suben a una limusina, dan una vuelta a la manzana e ingresan a la alfombra que las lleva al Kodak Theatre. La cara, la del famoso Oscar. No se necesitan más señas, esto es L.A.Camino al KodakEn el camino al Kodak Theatre, el recorrido pasa al lado de una escuela pintada de beige, que es como cualquier otra, se llama Selma Avenue Elementary School, pero tiene una particularidad: allí estudió Michael Jackson. Al rato una calle desemboca en un restaurante de sushi, también como cualquier otro, pero con otro detalle, es de Ashton Kutcher. Así, cada pequeña tienda o esquina se reviste de mito reciente por las estrellas que las tocan. Cualquier vecino sabe esas historias, y con quien uno habla está al tanto de cada mínima noticia de la Academia: que si a tal productor lo penalizaron, que si Sacha Baron Coen va o no, que si Meryl usará ropa de tal diseñador.Finalmente, se llega a Hollywood Boulevard, con sus tiendas, estrellas en el piso, carteles de premieres. No hay ningún famoso, pero dicen que, a veces, pasan. "Una vez vi a Tom Cruise por acá, es así de bajito", cuenta Lucy, una argentina radicada en Los Angeles hace años. Y esa misma realidad en escala menor se puede aplicar a todo lo que en tele uno ve sobredimensionado, y aquí se encoge.De todas maneras, el color dorado brilla en todas partes, los hoteles (el Roosevelt, por ejemplo) parecen enormes templos de cine y esa fastuosidad egipcia lo tiñe todo.En el camino, se ofrecen city tours "para ver las casas de las estrellas" a precios desorbitantes, souvenirs de todo tipo (uno puede llevarse su propia réplica de la estatuilla por apenas 5.99 dólares) y hay artistas improvisados en la calle. Una chica, incluso, muestra un cartel escrito a lapicera que reza "Matt Damon, quiero ser tu cita para el Oscar". Pero Matt Damon no pasa, y quizá nunca se entere.Bendita alfombraEntre turistas que se sacan fotos, tiendas y un despliegue de seguridad que parece en manos del FBI ("Después del 9/11 se pusieron más estrictos", dirá Lucy), se llega a la bendita alfombra roja. Un pase de prensa es el ticket que permite pisarla. Pero el camino a la fama está cubierto por una no tan fina capa de plástico blanco "para que no se arruine hasta el domingo", cuenta una de las chicas de seguridad. Así que no, uno no puede recortar un pedacito para llevárselo de regalo.Alrededor de la alfombra cubierta como la mesa de una abuela, están las gradas para invitados especiales, y los lugares dedicados a prensa: Variety, People, Reuters y AP tienen los sitios privilegiados, al final del caminito rojo.Y entre los que limpian las enormes estatuas (también cubiertas de nylon), reparan cables, arreglan cámaras y demás, hay periodistas de todo el mundo, que transmiten en directo. Entre ellos, Axel Kuschevatsky y Ana María Montero, las caras de la transmisión de TNT para Latinoamérica.Axel dice que es cauto con el resultado del domingo, que cruza los dedos, pero que espera que El secreto de sus ojos la rompa y que Vivir al límite también. Ana María, en cambio, apuesta por Avatar, mientras muestra la parcela de alfombra que les está reservada a ellos, al lado de CNN. "Hace 13 años que hago la cobertura del Oscar, antes venían mil personas, ahora hay una estructura en el teatro para cuatro mil, el evento ha crecido mucho"."Y si bien siempre luce bonito en TV, tras bastidores se trabaja bien. ¡Nunca vi tantos días antes tanta organización, mirá lo que es esto!", dice, mientras señala el despliegue de personas que van, vienen, arreglan un cable acá, desenrollan un pedazo de alfombra más acá. "Los difíciles de conseguir siempre son Angelina y Brad, aunque no estén nominados. Pero la mayoría son simpáticos, sobre todos los latinos".Después, uno puede seguir los pasos por la alfombra, unos 200 metros en total, hasta la entrada al Kodak Theatre. La puerta de entrada del teatro está dentro de un mall, es estrecha pero por ahí pasarán el domingo todos los nominados, sus vestidos, joyas, trajes, expectativas y egos ¿Entrarán?

