Comedias de entrecasa
Aunque la mayoría de ellas no pase por el cine, las películas estadounidenses dedicadas al género siguen reproduciéndose en sus más diversas manifestaciones. Un repaso de los ejemplos más recientes y destacados.
Una temporada matrimonial en una comuna hippie, la competencia de tres obsesivos de la observación de las aves y un día en la vida de un hermano menor que cree en el destino son algunos de los argumentos de las varias comedias norteamericanas que esquivaron el cine este año. Rubro que ya en sí mismo supone un gigantesco limbo, alimentado por una catarata de filmes más o menos felices (o graciosos) que van dando forma a esa bella deformidad de género que es la "Nueva comedia americana".
Aunque no necesariamente giren todas alrededor de la constelación Judd Apatow (aunque sí se repartan entre ellas caras conocidas como las de Jason "Muppets" Segel), merecen destacarse una serie de cintas recientes que han sido libradas a la suerte del boca en boca, la edición en DVD, Cuevana o el download, algunas más hilarantes, otras más oscuras, otras más dramáticas y otras más románticas.
Entre las fieles al género y sus gags está la flamante Locuras en el paraíso, que ostenta entre sus filas al siempre bienvenido Paul Rudd (Our idiot brother), quien junto a su pareja encarnada por Jennifer Aniston tienen que dejar su recién alquilado departamento en Nueva York al no prosperar en sus respectivas situaciones laborales.
Diagnóstico calamitoso de un Estados Unidos en crisis que se acentuará cuando George (Rudd) y Linda (Aniston) oscilen su mudanza entre la casa en Atlanta del económicamente bendecido pero insoportable hermano de George (Ken Marino) y una comuna de hippies en pleno siglo 21 en la que se practica el sexo libre y se fuman muchas drogas. Allí, la remilgada pareja tendrá que poner a prueba su consistencia, ante todo por el acecho del líder barbudo Seth (Justin Theroux) a la por momentos conversa Linda.
The five-year engagement tiene, junto a Locuras en el paraíso, la bendición de ser producida por el gurú de la comedia Judd Apatow, aunque está más centrada en los devaneos amorosos a los que su director, Nicholas Stoller, ya se había dedicado con sorna en el semi-clásico Cómo sobrevivir a mi novia. Bastante más crespuscular que aquella, The five-year… retrata los cinco sinuosos años de compromiso de la pareja compuesta por Tom (Jason Segel) y Violet (Emily Blunt), que incluyen un traslado al aburrido estado de Michigan, también arriesgado para Tom, quien debe dejar atrás su puesto de chef en San Francisco para apoyar la carrera académica de su fiancée.
Igual, la película tiene momentos para la risa en el primer encuentro entre un Tom-superconejo y una Violet-princesa Diana en una fiesta de disfraces de superhéroes, y las payasadas desprejuiciadas de la pareja de amigos Alex (Chris Patt) y Suzie (Alison Brie), cuando él canta Cucurrucucú Paloma o cuando ella imita a Elmo de Los Muppets.
Segel está en otra comedia dramática y entrañable reciente, Jeff, who lives at home, a cargo de los hermanos Jay y Mark Duplass, directores provenientes del movimiento mumblecore del cual aún mantienen un planteo estético de planos casuales y nerviosos. Bien en su rol de hermano menor introvertido de aires místicos que vislumbra señales del destino en todos lados, Segel comparte cartel junto a Ed Helms (¿Qué pasó ayer?), quien hace de su hermano especulador y culposo, y Susan Sarandon, madre de ambos y oficinista que chatea con un misterioso "admirador". Aunque inquietante en su planteo, Jeff… contiene una serie de persecuciones propias de la comedia clásica, además de una musiquita tintineante que acusa al género.
Más apacible pero no por eso menos singular, The big year será recordada por su argumento decididamente excéntrico, en el que Brad (Jack Black), Kenny (Owen Wilson) y Stu (Steve Martin) batallan por el gran premio anual de los observadores de pájaros, cada uno con sus puntillosas características: el primero, novato y entusiasta; el segundo, sagaz e inescrupuloso y el tercero, experimentado y a punto del retiro. Sin despertar la carcajada, The big year es una grata sorpresa, una comedia bella y pasajera como un ave rara, cuya premisa y moraleja, si se quiere, puede suscribir al lema de Voltaire que reza "Un minuto de felicidad vale más que un año de gloria".
En el tintero quedan ejemplares como la tenebrosa Young adult (dirigida por Jason Reitman, a su vez productor de The big year), similar a Damas en guerra en su amargo retrato femenino, las delirantes andanzas nocturnas de Jonah Hill en The sitter o la muy recomendable Youth in revolt del boricua Miguel Arteta (Convención en Cedar Rapids), adaptación de una novela de culto con Michael Cera jugando a galán à la Serge Gainsbourg.

