Cineclubes: Trabajo y familia
Esta semana conviven en las salas de Córdoba un ciclo con filmes del realizador inglés Mike Leigh y la presentación de la ópera prima "El verano del camoatí".
¿Qué pueden tener en común un cineasta consagrado como Mike Leigh y un ignoto y sensible realizador de la Patagonia llamado Federico Laffitte? En principio, nada. Sin embargo, el realizador británico y el rionegrino son particularmente perceptivos de la relación que se establece entre el universo laboral y el mundo afectivo en el seno de la familia. El trabajo importa en los filmes de Leigh, y lo mismo sucede en El verano del camoatí, la notable ópera prima de Federico Laffitte.
Seis películas muy conocidas de Mike Leigh, que cubren un período que va de principios de la década de 1990 hasta finales de la década pasada, integran el foco que le dedica el Cineclub Municipal Hugo del Carril (San Juan 49) al director inglés. Si uno quiere entender cómo afectaron moralmente las políticas económicas de Thatcher y Blair a la clase trabajadora y a la clase media inglesas, los filmes de Leigh son ideales para dilucidar el secreto vínculo que existe siempre entre un plan económico y la vida íntima de los individuos de una sociedad específica. El desequilibrio psíquico del temible y magnético personaje de David Thewlis en Naked es un ejemplo preciso de una época signada por la desesperanza y la precariedad laboral.
A diferencia del cine de Ken Loach, con el que comparte lengua, orientación política y nacionalidad, las películas de Leigh no se inscriben en una suerte de neorrealismo tardío anglosajón. La exageración dramática es una huella del cine de Leigh: una tendencia a la hipérbole interpretativa de los actores, que trabajan anticipadamente en el guión junto con el director. El famoso método Leigh consiste en un trabajo colectivo sobre la caracterización de los personajes y sus parlamentos, de lo que no se predica un naturalismo sino un extraño juego dialéctico entre verosimilitud y afectación.
Esto se puede ver perfectamente en La felicidad trae suerte: la vitalidad de una maestra de 30 años y su empeño por vivir feliz no están exentos de obstáculos o motivos que indiquen que ese estado de ánimo no es propiedad de la mayoría. Poppy constatará la tristeza en su represivo y sufriente profesor de manejo, en un niño de su clase, en un esquizofrénico perdido en la calle, o en la opulencia de los yuppies. Este filme sobre Londres, mujeres y el placer de aprender es fluido y elegante. Como en toda película de Leigh, las interpretaciones son, paradójicamente, creíbles y estereotipadas, en parte por su método de trabajo y por su anhelo dramático y filosófico de que los personajes representen ciertas cualidades humanas específicas. Tanto el sofisticado montaje del comienzo mientras Poppy anda en bicicleta como el grandioso último plano en el que Poppy y una amiga disfrutan de un día en el río expresan una esperanza, un sentimiento elidido en otros filmes del director, como en el hoy más que nunca necesario El secreto de Vera Drake o en Todo o nada, y discretamente disperso en Secretos y mentiras y Simplemente amigas. (Del jueves 21 al domingo 24, la programación completa aquí).
Una película secreta
El verano del camoatí es antes que nada el verano de Nicolás, un joven de 17 años que vive con su familia y trabaja en la quinta de su padre en un bellísimo valle de Río Negro. A punto de viajar a la ciudad para empezar sus estudios terciarios, Nicolás parece más interesado en seguir trabajando en la actividad familiar pero con otra orientación productiva. Parte del nudo narrativo consiste en la confrontación ideológica entre el padre y el hijo respecto de los agroquímicos y una concepción orgánica de la fruticultura, aunque Laffitte parece más interesado en los elementos periféricos de su historia: la presencia del ecosistema, las diversiones de los personajes, el ritmo de los trabajos rurales revelan un estilo de vida y son centrales a la naturaleza del relato.
Laffitte detenta un cuidado admirable por cada encuadre y, si bien no se trata de un formalista, algunos movimientos de cámara son ostensiblemente virtuosos para un director debutante. Película noble, amable y placentera, acerca del trabajo y la familia, dos sustantivos asociados al conflicto y al desencanto. (Jueves 21, a las 21, en el Espacio INCAA Km 700, Ciudad de Las Artes, Av. Ricchieri y Concepción Arenal).

