Cineclubes: reponen "Titicut Follies", una de las mejores películas sobre la locura
La película de Frederick Wiseman, filmada en 1967, registra la cotidianidad de los internos, guardias y médicos de un instituto de Massachussets. Se verá este jueves en el cineclub de Escuti y Fructuoso Rivera.
Nada más temible que la locura; la disyunción entre la psiquis y el mundo, en sus diversas manifestaciones, sigue siendo un evento enigmático. Lo que vemos, no obstante, es inequívoco: los comportamientos de los locos se parecen y los lugares que se les asignan socialmente también. Esto es lo que se ve con absoluta claridad en Titicut Follies (1967), la implacable ópera prima del maestro Frederick Wiseman, que elige registrar la cotidianidad de los internos, los guardias y los médicos en el Instituto de Corrección de Massachussets, llamado Bridgewaters.
El corolario de la observación sistemática llevada adelante por Wiseman puede resumirse así: el delirio no le pertenece solamente a los presuntos enfermos, revolotea en las fantasías de los guardias y en el cinismo de los médicos.
En otras palabras, el delirio no es prerrogativa del lunático; pertenece al orden de nuestro mundo y se vislumbra en las prácticas correctivas. La discusión entre una junta de médicos y un paciente que alega que la institución lo enferma todavía más y que su esquizofrenia paranoica es dudosa, magnifica la incertidumbre y desvela un consenso social que conviene a algunos y no a otros.
Wiseman no dice que la locura sea genial; da suficientes ejemplos de que es un sufrimiento ininterrumpido, pero lo que sí señala es la ineficacia de los emplazamientos de encierro.
A Wiseman le ha interesado siempre filmar instituciones, y las que adjudican su lugar a los locos son controversiales.
El principio de no intervención del director lleva a que se limite a encuadrar y escuchar la cotidianidad del hospicio; bastó entonces un buen registro y un montaje inteligente para que las autoridades gubernamentales reprendieran al cineasta y buscaran aislar el filme hasta su inexistencia.
No lo lograron: Titicut Follies es una de las grandes películas sobre manicomios. Se puede ver este jueves a las 20.30, en el Teatro La Luna, Pasaje Escutti esquina Fructuoso Rivera.
Otra forma de terror
Damiana Kryygi (2014) es el nombre de la joven protagonista que encabeza el título del último filme del realizador Alejandro Fernández Mouján.
Damiana, a sus 14 años, murió de tuberculosis en 1907. Ninguna persona que vive o que muere es un número más de documento, pero el caso de Damiana remueve el destrato y el avasallo de los blancos para con los pueblos originarios de la región, en este caso los aché, pueblo nómade de Paraguay. La precisión ideológica de Fernández Mouján no es inferior a la justeza estética: la reconstrucción de la historia de la joven, los prejuicios científicos de la época y la actualidad de los aché fluyen en el relato, que no deja de cuidar la forma de la representación de los otros; preocupación necesaria, ya que todo empieza con la única y maldita fotografía de Damiana sacada por un antropólogo, Robert Lehnman Nitsche, acompañada por un relato de la vida de la retratada, con el que el filme polemiza y al cual contradice.
Se verá este jueves a las 18 en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Químicas (Haya de la Torre y Medina Allende, Ciudad Universitaria, UNC), como parte del ciclo de cine "Ciencia en los márgenes". Con entrada libre y gratuita.

