Cineclubes: Los buenos y los malos
Esta semana, el circuito de salas alternativas propone un particular viaje por la idiosincrasia de Brasil con la presencia del director Eduardo Coutinho y la posibilidad de volver a ver "Hannah Arendt", la sólida película de Margarethe von Trotta.
El Museo de Antropología continúa este miércoles con su ciclo de cine, con una visita imperdible. El realizador Eduardo Coutinho presenta en Córdoba su película El fin y el principio, y luego se prestará al diálogo con el público, junto a Arturo Borio, Horacio Gnemmi y Jose Bompadre.
En su documental, de 2005, el lúcido realizador paulista visita un pequeño poblado del norte de Brasil, el territorio simbólico y político del genial Glauber Rocha, y a través de su peculiar metodología socrática de indagación consigue que un grupo familiar muy numeroso revele las estructuras sociales y culturales que lo constituyen; sus cuerpos develan una historia; sus palabras, un sistema de creencias.
En efecto, la paradójica intimidad distante que establece Coutinho con sus entrevistados extrae de éstos discursos teológicos, históricos y existenciales, una radiografía social, a veces de una riqueza conceptual inimaginable en un contexto en el que la sequedad es mucho más que una condición climática. Los primeros planos de los rostros dignifican; el realizador consigue que sus protagonistas se singularicen a través de sus respuestas, por momentos geniales y de un rigor filosófico insólito. Hay disquisiciones cosmológicas, exégesis bíblicas heterodoxas y variadas meditaciones sobre la vida y la muerte, lo que permite verificar un modelo de saber que no es ni académico ni cosmopolita pero estimable y legítimo, más allá incluso de cualquier caridad antropológica.
El Brasil de Coutihno no es de postal; nada de garotas, Cristos, Ronaldinhos, carnavales y el ritmo de samba. Se trata de un Brasil profundo, curtido por su pobreza material pero redimido por su excelencia espiritual, sin por esto transformar la carencia en una virtud o en condición necesaria de una sabiduría popular. La cita es el miércoles a las 19.30, en el Auditorio de Museo de Antropología, Hipólito Yrigoyen 174.
Una afirmación inicial: Hannah Arendt, de Margarethe von Trotta, es una película que hay que ver. El mérito de la prosa y de los silogismos de Hannah Arendt fue dejar un nuevo concepto para pensar la práctica racional de la abyección bajo otro orden interpretativo. Frente a ciertas circunstancias límite, el mal no es, solamente, absoluto o radical, sino banal. El nazi ejecuta una orden, sabe lo que hace pero no piensa sobre lo que hace, más bien su goce pasa por obedecer y ejecutar una orden, incluso si se trata de asegurar el perfecto funcionamiento de los trenes en los que hombres y mujeres viajan hacia su extermino. El hombre en cuestión es Adolf Eichman, una pieza clave de la llamada solución final.
Excesivamente didáctica y a veces reduccionista, Hannah Arendt se circunscribe a los entretelones de la genealogía de los cinco artículos publicados en el New Yorker en 1963, unos nueve meses después de la ejecución de Eichman, y a la recepción problemática de su tesis en la comunidad judía internacional. El trabajo de Barbara Sukowa es magnífico, a pesar de que en ciertos momentos la puesta en escena propia de un telefilm hollywoodense sobre juicios con discursos finales emotivos deja a su personaje a centímetros de Robin Williams vociferando "carpe diem", en otro paradigma intelectual. Tampoco ayudan los flashbacks sobre el amorío con su maestro filosófico Martin Heidegger (que supo demostrar su simpatía por el Führer en un famoso discurso de 1931): como dato privado, es irrelevante en el filme; si se trata de una forma de cuestionar la tesis de Arendt sugiriendo una atracción por los nazis, es, simplemente, un procedimiento canallesco. Podrá verse del jueves 21 al domingo 24, a las 18.45 y 22.45, en el Cine Teatro Córdoba, 27 de Abril 275.
Approved for Adoption es la reconstrucción de la infancia de Jung, un famoso ilustrador coreano que fue abandonado en las calles de Seúl y adoptado por una familia belga en 1971. Tras el material de archivo del comienzo que contextualiza históricamente la adopción, el filme de Laurent Boileau y el propio Jung, en su mayor parte de animación, funciona como una exploración sensible y precisa sobre el misterio de la identidad. La repentina aparición del propio Jung en la actualidad trastoca la mera representación de su infancia, un instante en el que el film revela el poder de sus imágenes más allá de su expresión animada. Para verla, martes 18 de noviembre, a las 21, en el Cineclub Hugo del Carril, bulevar San Juan 49.

