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Cineclubes de Córdoba en esta semana: La tristeza y el poder

La película La mirada del hijo fue premiada en Berlin, pero pasó sólo una semana por las salas comerciales. Esta semana se exhibe en el Cine Teatro Córdoba.

26 de mayo de 2014 a las 04:55 p. m.
Cineclubes de Córdoba en esta semana: La tristeza y el poder
Un joven ha matado a una persona en una maniobra de tránsito y su madre intentará que no vaya preso. “La mirada del hijo” vuelve al Cine Teatro Córdoba.

La mirada del hijo, del rumano Calin Peter Netzer, ganadora del Oso de Oro en Berlín 2013, pasó sin pena ni gloria por una sala comercial de la ciudad. Es una película fascinante para entender cómo funciona el poder y cómo la pertenencia de clase es decisiva frente a la justicia.

Por teléfono, una madre se entera de que su hijo ha matado a alguien en un accidente de tránsito. La película se centra en cómo intentará evitar, gracias a su posición social y económica, que su hijo termine preso.

Gran película sobre la desolación y el poder. Netzer incluye una escena en la que un testigo y la madre negocian la declaración.

Es escalofriante la frialdad de la conversación y la racionalidad que organiza simbólicamente ese encuentro. El desenlace es conmovedor, y una lección metodológica: filmar la tristeza de una pérdida no es sencillo; menos aún, el encuentro entre quienes sufren por una pérdida y quienes no saben cómo purgar sus culpas; y si ese encuentro implica diferencias de clase, la complejidad es altísima.

La mirada del hijo demuestra estar a la altura de las circunstancias. Su humanismo seco no esconde los límites de las buenas intenciones. La película se exhibe en el Cine Teatro Córdoba, 27 de Abril 275, desde el jueves 26 de mayo hasta el domingo, en varios horarios.

[Video:http://youtu.be/97CmUwkNXeI]

Lo bello y lo triste

Ni en Cannes se puede ver un filme como Quizás la belleza reforzó nuestra resolución: Masao Adachi (2011), de Philippe Grandrieux, que se exhibirá este jueves a las 20.30 en el Teatro La Luna (Pasaje Escuti esquina Fructuoso Rivera), sede central del cineclub La Quimera. Es una de las grandes citas con el cine que propone esta semana el circuito de salas alternativas.

Retrato magistral a cargo de un director francés que no habla japonés sobre un director japonés que no habla francés, cuyo objeto es Masao Adachi, un cineasta iconoclasta que no solamente revolucionó el cine moderno de su país, junto con Nagisa Oshima y Koji Wakamatsu, sino que concibió el cine como un arma para la revolución.

Eran otros tiempos: como en varios lugares del planeta durante las décadas del \'60 y \'70 del siglo pasado, también en Japón el cine conoció una radicalización política. Adachi se sumó a la lucha del Frente de Liberación Palestina en Líbano, pero su cine no solamente estuvo al servicio de un ideal revolucionario y emancipatorio; en cierta medida, el tema que atraviesa tanto su período prepolítico como el período signado por la política es el deseo.

El título del documental de Grandrieux proviene de una sentencia que un soldado palestino pronuncia en el frente de batalla en una secuencia de Prisionero / Terrorista (2006), la última película que Adachi rodó. El retrato arranca en una plaza al atardecer. El cineasta y una niña juegan mientras la voz grave de Adachi comanda las imágenes. Lo que dice es su credo como cineasta, ideas que no se restringen al fervor dialéctico y son de una generosidad y versatilidad increíbles. En Adachi, el cine se relaciona con la filosofía, la sociología, la biología: es una forma de saber.

A veces hay algunas intervenciones en off de Grandrieux. El diálogo que se va construyendo entre los dos cineastas sigue una forma más poética que argumentativa. Algunos momentos son hermosos, en especial cuando Adachi camina por Tokio de noche o Grandrieux deja un par de planos de cerezos en flor durante un largo parlamento de su protagonista. Se trata, en última instancia, de una gran clase magistral de cine de alguien que está de vuelta de todo. Adachi es lo más parecido a un sabio y a un samurái de izquierda; su pretérita furia frente a la injusticia del mundo no lo privó de encontrar en su vejez un temple sereno y menos combativo, aunque nunca conformista.Escucharlo y verlo es un placer inmenso.