Cierra el Cine Teatro Córdoba: El último bastión de la resistencia
Este domingo el Cine Teatro Córdoba tendrá su última función. Juan Fragueiro, el hombre detrás del proyecto, dice que este 30 aniversario es ideal para cerrar una etapa.
Mientras las salas comerciales hacen estallar el maíz para que los espectadores mastiquen con mandíbula enajenada, mientras las gaseosas se sorben con molestos burbujeos en los momentos tensos de la trama, durante tres décadas hubo en Córdoba otra alternativa, un espacio donde los celulares enmudecían en serio, y en donde la gente se encontraba con las perlas cinematográficas dejadas al margen de los vientos huracanados del negocio del entretenimiento; un espacio donde las entradas tenían precio simbólico y en donde, a la manera de Cinema Paradiso, la magia estaba fundada en una ceremonia de revolución discreta: el Cine Teatro Córdoba.
Juan Fragueiro es una de las caras visibles de ese último bastión de la resistencia. Parapetado en una boletería sobre la calle 27 de Abril, Juan y María Inés Rodríguez, su mujer, han visto pasar frente al vidrio 30 años de rostros agradecidos, tres décadas de anécdotas, sinsabores y alegrías.
Y por estos días, cuando el aniversario se hace redondo, Juan y María Inés van a levantar los petates y dar un paso al costado. “Nuestra empresa ‘Cine para ver’ –relata Juan– tiene todo el equipamiento; lo que se termina en realidad es la concesión, por eso remarco que no es que estamos cerrando una sala; la sala sigue, lo que se va es ‘Cine para ver’. ¿Por qué? Porque consideramos que terminó una etapa, que coincide con que este año se cumplen 30 años de proyecciones, de una manera de ver y proyectar cine”.
La sala pertenece a la Mutual de empleados del Banco de Córdoba, con la cual Fragueiro y su mujer han tenido siempre una buena relación. “No hay cuestiones económicas ni otra cosa –aclara Juan–, decidimos irnos por la puerta grande, sin deudas, en muy buena relación con la gente de la Mutual. Creemos que es el momento justo”.
Cero en nostalgia
En la cuenta de Facebook del Cine Teatro Córdoba, Fragueiro publicó una serie de mensajes donde daba cuenta de la situación, la intención y el deseo de cerrar. Y a pesar de que los comentarios de los adeptos al mítico emprendimiento demuestran pesar, tristeza y añoranza por anticipado, Juan Fragueiro hace hincapié en que no hay que dejarse prendar por sentimientos nostálgicos, algo bastante difícil de manejar cuando un proyecto de las características del Cine Teatro Córdoba ha dejado surcos en la grilla de la oferta cultural cordobesa, además de una impronta en el pecho de los cinéfilos.
“Desde que anunciamos el cierre me he dado cuenta de que me convertí en un gran exprimidor de frases hechas. Una que siempre digo es que esto ha sido un carpe diem de 30 años, una actividad muy satisfactoria, por supuesto que con momentos feos, sobre todo en tiempos de crisis, pero la verdad es que hemos hecho lo que nos ha gustado. Tratamos siempre de mantener ese espíritu porque era el de mi suegra Inés, la fundadora”, dice.
Juan cree que la mayoría de los espectadores quedan con la sensación de un hueco en el corazón porque se trata de una sala de cine cuya característica a lo largo de los años ha sido que la gente podía ir sola. “Acá nadie tenía problemas en que lo vieran entrar sin compañía –apunta–. Eso ha sido una marca. Tenemos un espíritu de cierre alejado de la nostalgia porque el año pasado ya transitamos las etapas necesarias: la ira, el duelo. Lo veníamos hablando desde hace bastante. Si yo tuviera espaldas para bancar un millón de pesos –que es lo que cuesta la señal satelital–, me iría a Europa con mi familia. Si nada de esto estuviera pasando, lo mismo cerraríamos. Quiero fines de semana, estar más tiempo con mis hijos”.
A esto se suma que ya no hay películas en el viejo formato de 35 mm, y eso complica las cosas porque la alternativa es menos fiel: los DVDs y el Blue Ray pueden fallar.
“E imaginate una señal satelital, que cuando llueve no te anda ni Direct TV –evalúa Juan–. Vuelvo a lo mismo, si nada de esto sucediera, igual cerraríamos. Nos vamos porque queremos, y eso es lo que más cuesta entender”.
Intermedio
Cine Para Ver apagará el proyector para siempre tras la reposición de la película paraguaya 7 cajas y la exhibición por primera vez en Córdoba de La esposa prometida. "Queríamos cerrar con un estreno y 7 cajas ha sido el hallazgo, el diamante en bruto de este año –reflexiona–, una película absolutamente inesperada. Nosotros la habíamos programado a principios de año, la distribuidora me la ofrece por una semana para ver cómo va. Estuvo casi un mes y medio en cartel, una cosa rarísima porque el Teatro Córdoba nunca tuvo taquilla ni una explosión como ésta; fue una cosa de locos. Nos parecía digno cerrar con la que nos ayudó a saldar el costo altísimo que implica dar de baja impuestos, y esas cosas. Es una locura, cuesta más eso que abrir una sala".
A posteriori
La sucesión del espacio, la posibilidad de otro proyecto de cine en el lugar, aclara Juan, no es un tema que los preocupe ni los ocupe. Si bien se han presentado proyectos, Juan y María Inés no participarán de ninguna manera en la selección. “Fue una decisión muy inteligente porque primero no va a haber continuidad de nada, ni siquiera del nombre, y segundo porque es probable que los proyectos que se presenten sean de gente allegada a nosotros”, explica.
El lugar funcionó como teatro hasta 1992. En aquel momento se proyectaban películas en temporada invernal, de jueves a domingo, aunque si había teatro, esa actividad tenía prioridad. Pero la dramaturgia perdió vigor y ahí es cuando deciden dejar funcionando sólo el cine, a condición de que se hagan los trámites para la inscripción correcta. "En realidad la sala se llama Teatro Córdoba, sólo que con nuestra actividad se le agrega 'cine' y 'Cine para ver', que ya es una marca de peso –cuenta Juan–. Para irnos no ponemos cláusulas, salvo que quien venga use otro nombre porque no nos queremos hacer cargo de lo que venga. A lo mejor viene una instancia superadora... o no, pero no queremos estar mezclados en eso para no perder los 30 años de trayectoria".
Desde hoy y hasta el domingo, a las 19 y a las 22.40, con entrada general a $ 15, la boca negra de proyección exhalará el último aliento de luz hacia la pantalla. Habrá llegado el momento de despegar los afiches, de estrechar las manos y de enjugar las lágrimas.
El balance no debe ser triste. El corazón del público tomará la posta para resguardar 30 largos años de esta porción de nuestra historia.

