Lo más cerca de la libertad
Un encuentro con la nueva pintura de Federico Schüle, desde el martes 4 de mayo a las 19.30, en Praxis.
"Me siento bien", dice Federico Schüle cuando explica lo de "Algunas libertades", el nombre que le puso a su muestra que inaugura hoy a las 19.30 en la galería Praxis (bulevar Illia 130). De la infancia le vino una frase de su madre, casi a modo de legado, de amorosa enseñanza. Él tenía nueve años y mientras esperaba impaciente que mamá terminara por fin un retrato para el cual él posaba, y le preguntó "por qué hacía esto" (pintar, dibujar): "Es lo más cercano que encontré a la libertad", le respondió ella. El artista cordobés que emergió de la floreciente movida cultural de la década de 1980 está de vuelta después de algún tiempo sin exponer. "Aparezco y desaparezco", susurra cuando habla de la frecuencia de sus exhibiciones. Después de su última muestra de 2006 en La Relomada, su casa-taller ubicada en Camino a 60 Cuadras, y de varias participaciones en otras exposiciones, declara que ésta es su primera individual en una galería de arte del circuito comercial.Desplegará una veintena de pinturas en la sala principal de la galería, y además abonará la trastienda. Schüle abandonó el ritmo de la talla y se dedicó estos dos últimos años sólo a la pintura. "Estoy volviendo al color", afirma. Es otro de sus regresos.Continúa trabajando con fibras naturales (achira, chañar), y ahora prueba con la tinta de nogalina y "un poquito de témpera". "Me dejo influenciar por lo lo prehispánico", declara, dispuesto a pulir tunas para fijar los pigmentos.Paisaje y retratos"Me metí en el paisaje, el mismo que he recreado tantas veces", reflexiona el artista, adelantando en parte lo que se verá el martes.Además, exhibirá una serie de retratitos, "Los Manolines", pinturas que surgieron "por casualidad", en ocasión de un regalo que debió hacer, y que tienen la impronta de la foto carnet. En debateEn el catálogo, dos artistas amigos de Federico Schüle se encargan de definir su obra, y otro amigo del mundo del arte le escribe una canción sobre las travesías de los pintores cuando se deciden a "mandar al salón" (igual a participar de premios y concursos). En un curioso debate, Jorge Cuello explica que su pintura "es antropológica, no primitiva", mientras Pablo Baena encuentra en sus trabajos "un juego primitivo".Cuello reconoce que la pintura de Schüle "parece primitiva", sobre todo, sostiene, por "esas iconografías que podrían ser los Valles Calchaquíes o del Kilimanjaro". "Pero no, el compadre les mete un camioncito por acá, una caripela por allá, y la cueva se llena de humanidad", apunta.Jorge Cuello describe el clima de La Relomada, donde se "comparte el romancero del pastor y la llama, y hay olor a torta frita y a patio barrido, y dan ganas de callarse un poco, sacarse la gorra y que hablen las obras, crudas, como el aire que se respira en las mañanas de invierno en el km 13 ½ del Camino de las 60 Cuadras".Desde una perspectiva más académica, Pablo Baena analiza un cambio de rumbo en la nueva etapa de Schüle, y subraya sus experimentaciones en el campo del color, materiales y espacios. "Esta vez destruyó momentáneamente lo que hizo y vuelve al principio, a la raíz, a la forma, al dibujo primario, abordado como un juego primitivo, arriesgado y libre", escribe.

