Las curvas del paisaje
La muestra "A través del tiempo", sobre la obra de Armando Molina Rosa, transita las ondulaciones de su pintura. En el Museo Caraffa.
Los círculos de las piedras o las típicas ondulaciones, cada una cargando en su lomo un color, cabalgando la llanura, sobre un fondo claro o de noches azuladas, están siempre en esos paisajes tan reconocibles de Armando Molina Rosa. Sin embargo, la muestra "A través del tiempo", que le dedica por estos días el Museo Caraffa (Poeta Lugones 411), abre aun más la perspectiva que desarrolló el artista y se asoma a sus retratos, a su dibujo, como un conjunto de carbonillas que el visitante no debería dejar pasar.
Los personajes y unos objetos de cocina, como otros elementos imposibles de decodificar, están en primer plano en estos diminutos papeles. Al igual que en la primera obra del recorrido, Figura humilde, una bellísima rareza que escapa a su producción más conocida. Es una niña oscura en el más oscuro clima. Sostiene un tazón y mira fijo. Todos los rostros aquí son adustos, las marcas duras, decisivas.
Del ring a la telaAntes de ingresar a la muestra, una biografía recuerda no sólo los orígenes de Armando Molina Rosa (nació el 30 de agosto de 1922, en Las Perdices, en esta provincia, donde también pasó su infancia), también revela otros datos y hechos curiosos de su vida, como que se cambió el nombre invirtiendo el orden (había sido bautizado como Armando Rosa Molina). Tuvo variados oficios, a saber: peón, mozo de hotel, panadero y decorador de vidrieras. También apunta esta presentación preliminar que el artista, antes de ser artista, se dedicó al comercio. Fue cuando se instaló en Pampayasta Sud donde en lo que fue su casa hoy está su museo, fundado en 2006.
A "Molinita" le gustaba tocar el violín en las orquestas, recuerda esta semblanza. Y hubo algo que lo apasionó mucho: el boxeo. No sólo anotó más de 80 peleas, también dirigió a dos campeones provinciales.
El popular pintor cordobés también fue Juez de Paz en Pampayasta Sud. Y empezó a dibujar y a pintar recién a partir de los 30 años. En la primera exposición (Radio Nacional, 1957, aunque ya en 1953 había obtenido una primera mención en el Salón de Villa María), recibió de regalo, de parte de don Lino Enea Spilimbergo, unos útiles para pintar y el estímulo para seguir. Nada menos.
Llanura o montañaTres sorprendentes cuadros toman la pared del fondo. De gran tamaño y en cierto modo extraños en la producción del artista, se destacan del resto de la muestra, donde predomina una obra mediana, e incluso, a veces, muy pequeña, de una considerable sencillez. Más ligado a la piedra o al juego plástico de la llanura, la pintura de Molina Rosa se amarra al motivo sólo por un momento. Y luego hace su propio juego en esos "terrenos" prestados.
Como "figuración del este" o "figuración del oeste" define Santiago Díaz Gavier las etapas del paisaje de Molina Rosa, sobre la llanura de Pampayasta en el primer caso, donde los amplios y lejanos sembrados están poblados de campesinos, casas, caballos, árboles y la infaltable perdiz. Esta es la iconografía más difundida del artista, recuerda, en los que una "clara oposición cielo/tierra y la luz son los protagonistas".
Hacia fines de la década de 1970 y hasta entrada la década de 1990, Molina Rosa se siente atraído por componer su paisaje inspirado en otros entornos que conoce al viajar, más extraordinarios en su vida que cotidianos, como lo había sido Pampayasta: Ongamira y Los Terrones (Córdoba), o El Valle de la Luna (San Juan), y Talampaya (La Rioja). Pero aquí la figuración se rompe, y el artista empezará a pensar en términos de abstracción, sumido en un "silencio mineral". A esta etapa le sigue en la muestra un sector de obras donde la piedra excede el tema e impone su forma.
"Las piedras están en permanente cambio, y mantienen a la vez, una relación de metamorfosis con el hombre y la carne", escribió Molina Rosa en el año 2000. Nunca separó al hombre de su entorno. El paisaje de su pintura, siempre guiado por la forma, cobijó colores sin pudor, climas maduros, instrospectivos. Siempre su paisaje fue movimiento, ondulación, el espacio ligado profundamente a la vida.

