Gerardo Oberto, el observador silencioso
"Ejercicios de felicidad", muestra de Gerardo Oberto, cierra el año en Artis el miércoles a las 20. El artista deja atrás las oscuras siluetas urbanas, y captar escenas más nítidas de la ciudad.
De todo lo que mira, cuadros, películas, fotografías, Gerardo Oberto elige algo para componer sus propias imágenes. Que no siempre son pinturas. Su obra se tiñe de la variedad de registros a los que recurre. Tan porosas son sus composiciones como visualidades existan. Encuadres, tomas que rescata para sí, pinturas de las que extrae un elemento. Oberto es un observador silencioso que no sólo consume, digiere imágenes.
El tiempo detenido y la melancolía son los rasgos singulares de una obra que despierta en el público un interés por desentrañar su origen. El joven artista nacido en Río Cuarto no teme revelar que su pintura se apropia de la fotografía u otro medio visual o audiovisual. La serigrafía, parte de su producción más reciente, exhibe explícitamente la huella fotográfica y a la vez acentúa la ambigüedad propia de su imagen, entre documental y de ensueño.
"Ejercicios de felicidad"Mañana a las 20, Oberto vuelve a presentar una muestra individual en la galería Artis de barrio General Paz (Lima 909). "Ejercicios de felicidad", su título, se le ocurrió leyendo poesía, dice. Es una suerte de contradicción o rara combinación entre el estado volátil de la felicidad y la exigente que implica ejercitar lo que sea. Como si transpirar la camiseta (trabajar su obra, por ejemplo) lo hiciera feliz. Sin embargo, una sensación más cercana a la nostalgia, cierta tristeza, baña de lleno sus imágenes. ¿Será que el "mosaico de citas", en lo que desea convertir a su obra, habla de una añoranza, de algo perdido? Porque busca que en su obra "se pierdan las referencias", incluso quiere borrarlas. Las citas, para Oberto, son fragmentos que estallan pero sin estridencias. Le interesa en todo caso, que para el espectador esas referencias "sirvan como punto de partida de un recorrido personal". Algo similar le ocurre a él: una imagen o un elemento de una imagen desata en su cabeza una nueva imagen. La pintura europea contemporánea es hoy una de sus tantas fuentes."Ejercicios de felicidad", obra realizada en los últimos cuatro meses, mantiene las tonalidades entre lúgubres y sugerentes de su obra anterior, el clima brumoso en el que envuelve a los protagonistas de sus cuadros. Si antes las siluetas (de edificios, de personas) eran muy oscuras y la ciudad aparecía lejana, ahora Oberto se acerca más. Entonces la imagen se torna más clara, más luminosa, y los objetos (como en Teléfono, o Palomas, foto de arriba), y los rostros (la carita de la niña en Julia, foto), se vuelven más identificables. El artista cuenta que la imagen de Julia, por ejemplo, proviene de un video japonés.Para Juan Gugger, artista y autor del texto que acompaña la exposición, las obras de Oberto "son montajes ambiguos capaces de estimular al espectador". Si hay una arquitectura en sus obras, afirma, ésta es una arquitectura de signos, lo que Oberto compone con su mecanismo de incluir fragmentos que "aparecen extrañados de su contexto". Como la melancolía, estos signos podrían apasionarnos, reflexiona Gugger.

