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El viaje interminable

Munich, Madrid y Cuzco son las próximas paradas de Martha Chiarlo. Sin embargo, la artista tiene mucho recorrido por los pagos del interior cordobés a bordo de su moto, una vivencia que la conectó a la pintura de paisaje y la fotografía.

09 de marzo de 2013 a las 12:06 a. m.
Verónica Molas
El viaje interminable
Martha Chiarlo “tuneó” su moto antigua con una pintura titulada “De Tulumba a Carlos Paz”.

Martha Chiarlo nació en El Fortín pero vivió casi toda su vida en Alicia, muy cerquita de allí, y de Las Varillas, donde alumbró su conexión artística. El transitar fue modificando su vida, tanto como los muchos intereses que atraen a su ser inquieto. Para ella, "todo es transversal". Lo dice porque sorprende cuando cuenta alguna anécdota, cada pedacito de su historia que excede y mucho el arte. Hace unos años, instalada en esta ciudad, y después de conocer a Tito, su pareja, volvió a subirse a una moto. La moto es la causa de que hoy pinte paisajes. Como los que exhibirá el viernes próximo en la galería Kunstvoll de Munich (Alemania), a la que fue invitada a exponer con José Galliano, amigo y colega del grupo Artemia Salina (que también integra el escultor Carlos Funes). Partirán el martes, ella, con un conjunto de telas que continúan un proyecto grupal que fue "Noches de Miramar" exhibido en Casa de Pepino, Cerrito y el Paseo del Buen Pastor entre 2010 y 2011. Tanto como la pintura, le gustan las noches de Miramar, dice. Todo comenzó así: un día estaba tomando un café y se le ocurrió la idea, le mandó un mensaje de texto a José y largaron. De paso por Europa, Martha dará una charla el 22 en la Universidad Autónoma de Madrid, invitada por la red de artistas docentes de la que forma parte. Enseña arte desde hace más de 25 años, en diferentes niveles educativos. De ese tiempo, 18 años fueron en Alicia.En plan de viaje, en julio volverá a Cuzco, donde expuso en 2012, en el Museo de Arte Contemporáneo. Esta vez irá a visitar la Escuela de Bellas Artes. Claro, todos trayectos internacionales que hará en avión. Pero la moto conecta muchas cosas de su biografía que hoy componen su presente y le dan tersura a su obra.

Huellas en el marMiramar, la laguna Mar Chiquita, es un punto especial en su mapa personal. Va desde chica, pasaba las vacaciones con su familia en ese lugar de "verano nostálgico", que abarca a los pueblos de inmigrantes en su mayoría piamonteses "que miraron y miran la laguna". Pinturas muy actuales como Viento norte (foto) o La playa de los pobres...pero felices recuerdan esas vivencias. Sabe todo de la salinidad de Mar Chiquita, en qué época hay pejerrey, o turismo, Sabe por qué los flamencos que se avistan allí son anaranjados. Y que la sal fosiliza a los eucaliptos ("esos árboles duros de pie") que constituyen la postal típica de Ansenuza. Incluso hizo obra aplicando la pareidolia (proyectar la imagen de algo conocido en un nuevo elemento) a esos troncos. Su pasión tiene cabida en la biología. Quiso estudiar oceanografía pero no la dejaron irse a vivir sola a Buenos Aires. El tiempo le daría revancha a esta viajera incansable. Logró fundir viajes y naturaleza tanto en el proyecto de Miramar como en otras obras a las que llegó descubriendo numerosos paisajes subida a su moto antigua (una Honda Dream, 250 cilindradas, de las primeras que llegaron al país con arranque eléctrico). Tunéo la moto, si cabe el término, con una pintura titulada De Tulumba a Carlos Paz. Fue como volver a sus siete años. Con mamá y papá compartía este pasatiempo, habiendo crecido en una casa que era también taller mecánico y lugar (en aquella época, aclara) de bohemios que andaban en motos.

Otros paisajesExpone desde 1982, una obra ligada a personajes y ambientes de comienzos de siglo 20. Pero la moto borró aquello y le hizo redescubrir el paisaje, no el que se vende, advierte, sino ése de "tierra adentro". Para Martha, "sólo se puede pintar el paisaje cuando se está en el lugar".El proyecto Miramar continuará dice. Mientras, suele pintar en la casa que comparten con Tito en la montaña. Ha tenido paciencia estudiando la técnica japonesa sumi-e (técnica de dibujo japonesa), que se aprecian en su mirada de lo arbóreo. Se conoce cada especie de árbol, y cada piedra del camino. Muchas otras cosas estudió, hoy también baila tango. Su inquietud no tiene descanso.

Martha ChiarloVisitá el blog en este enlace.Sobre el proyecto junto a sus compañeros de Artemia Salina se pueden ver imágenes en este sitio.