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Durísimo. Descubrió que tenía un tumor cerebral tras perder la audición en un vuelo: estuvo 15 años sin saberlo

A los 22 años le confirmaron el diagnóstico. Hoy, a los 28, comparte su experiencia para concientizar sobre la detección temprana.

30 de agosto de 2025, 09:14

A los 22 años, una joven recibió la noticia que cambió por completo su vida. Después de un vuelo en el que perdió la audición de su oído derecho, los médicos confirmaron que tenía un tumor cerebral que había convivido con ella durante más de una década sin ser detectado.

La magnitud de la lesión sorprendió al equipo de salud, que estimó que se había desarrollado durante unos 15 años. Con 28 años y luego de varios procedimientos, sigue sometiéndose a controles periódicos para evitar que la masa vuelva a crecer.

El proceso de recuperación comenzó con una cirugía en la que le extirparon gran parte del tumor, aunque la intervención le dejó secuelas de movilidad y equilibrio. Durante meses necesitó ayuda para caminar y rehabilitación constante para recuperar funciones motoras.

“Cuando me dijeron que tenía un tumor cerebral, fue el momento más aterrador de mi vida. Todo mi cuerpo se paralizó; fue lo más espantoso que uno pueda imaginar, especialmente cuando tenés 22 años”, recordó la paciente.

En la etapa posterior también atravesó sesiones de radioterapia y procedimientos para reactivar la movilidad de su rostro, que había quedado parcialmente paralizado. Uno de ellos fue un injerto de nervio que la obligó a volver a aprender a hablar y sonreír.

Aunque reconoció que el camino fue “brutal” y que perdió varias facetas de sí misma, aseguró que compartir su experiencia y motivar a otros pacientes le dio un nuevo propósito de vida.

Su compromiso con las maratones

Tras superar la primera cirugía, decidió enfrentar otro desafío: correr las seis maratones más importantes del mundo para difundir la importancia de la detección temprana de tumores cerebrales.

Ya participó en las de Boston, Londres, Chicago y Nueva York, y ahora se prepara para la de Berlín. Con cada kilómetro, busca sumar apoyo a fundaciones que investigan y acompañan a pacientes con enfermedades neurológicas.

“Puede que nunca recupere mi sonrisa por completo, pero estoy aprendiendo a sonreír plenamente con el corazón”, dijo la joven, convencida de que la voluntad y el acompañamiento médico pueden marcar la diferencia en la vida de quienes atraviesan diagnósticos similares.