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Agustina Maliandi: El Mobi es mi primer auto y tiene hasta nombre

Agustina sostiene que su profesión de periodista marca su relación con las palabras y su toque personal en su departamento. Se cambió a iPhone y lo disfruta. Además, mantiene un gracioso idilio con su auto.

07 de agosto de 2017 a las 11:07 a. m.
Eduardo Aguirre
Agustina Maliandi: El Mobi es mi primer auto y tiene hasta nombre

El barrio de origen de Agustina Maliandi es uno de los más tradicionales de la ciudad: San Vicente, donde transcurrió su infancia y su etapa escolar. “Mi familia todavía tiene su fábrica de cortinas en ese barrio, aunque en un momento nos fuimos a Barrio  Maipú”, relata.

—¿Espacios de tu infancia?

—Tengo muy buenos recuerdos de mi casa en la calle General Pedernera, y del barrio. Aún hoy,  cuando cruzo por esas calles, la gente me dice “vos sos la hija de Sandra”, eso que todavía tienen barrios como San Vicente, muy tradicionales. Tengo un hermano un año mayor, nuestro lugar de juego era el living: dábamos vuelta los sillones, y ahí venía Sandra gritando (risas).

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—¿Cómo son tus espacios?

—Me gusta sentirme cómoda. Vivo sola en un departamento en General Paz, soy de recibir mucha gente y todos los que llegan me dicen que al entrar se siente una sensación “como un rinconcito de luz”. Es cálido, tiene madera, cosas vintage en colores pastel, pintadas por mí, cosas rústicas, telas, fotos con amigos. También tengo una alfombra de colores y mi sillón es de una tela linda en color verde agua, con tonos de arpillera, almohadones de diferentes colores y texturas. En el living tengo cortinas verticales que vas moviendo si querés que entre el sol o no.

—¿Cuál es tu toque “deco”?

—Como soy periodista, tengo una relación con las palabras y necesidad de volcar cosas ahí. Tengo una minibiblioteca abajo del tele donde están mis libros preferidos: Julio Cortázar, revistas Orsai, textos de Hernán Casciari. Además, en la cocina, un pizarrón donde escribo frases de grupos de rock, de bandas, y en la heladera imanes con letras con las que también escribo ahí. Cuando vivía en mi casa paterna, en mi habitación tenía toda una pared empapelada con post-it con frases de canciones y de libros.

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—¿Cómo escuchás música?

—Con la compu y un cable HDMI para conectarla al televisor: ahí pongo YouTube y Spotify. Cuando estoy con amigas, veo fundamentalmente videos.

—¿Auriculares o al aire?

—Prefiero al aire, no soy de usar auriculares, salvo en el trabajo donde estamos todos juntos.

—¿Y en el auto?

—También: tengo un Fiat Mobi rojo, “la frutilla”. Ahí escucho radio a full, me gusta cantar y tengo dos o tres pendrives con diferentes discos. A veces, también conecto el celu con Bluetooth.

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—¿Las apps que más usás?

—Donde más activa estoy es Instagram, en subir fotos. También tengo Twitter: no lo uso nunca, pero si sé que hay una noticia internacional lo primero que hago es entrar. Es la red social periodística por excelencia; Facebook me parece que se ha quedado, cuando era más chica subía todo. Ahora no, pero hay cosas del recuerdo que quedaron ahí. En su momento tuve Snapchat, ya no.

— ¿Usás mucho el “celu”?

—Sí, el otro día por un estudio en la vista tuve los ojos cerrados por media hora y pensaba “no puede ser que no pueda mirar el celular, debe estar pasando de todo y me lo estoy perdiendo” (risas). Cuando lo pude ver no había pasado nada, pero ¡qué dependencia genera! No tengo muchas más aplicaciones, guardo cosas en Drive y chequeo constantemente los e-mails.

—Tenés dos equipos...

—Sí, el mío es un iPhone 6s, y el laboral un J7 de Samsung. Al iPhone lo tengo hace un año y medio, fue mi primer iPhone, un cambio espectacular y mirá que lo debo usar al 20 por ciento. Steve Jobs se vuelve a morir conmigo (risas). Cuando lo agarré pensé “no voy a poder manejarlo, le faltan botones”, y ahora me parece perfecto, minimalista y hermoso.

—¿Qué compu usás?

—En el trabajo uso Windows.

—¿Pantalla más usada?

—Siento que uso más el celular, pero estoy al menos ocho horas frente a la pantalla de la compu. Ahí conviven las dos, si me quieren pegar el celular a la mano, todo bien (risas).

—¿Te representa el Mobi?

—Sí, “la frutilla” es lo más. Es mi primer auto, le puse nombre y amo lavarlo. Para la ciudad es perfecto, ágil, decís “ahí no entro”, pero con “la frutilla” sí. Es chiquito, no gasta nada, lo adoro.

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—¿Como conductora?

—Soy medio acelerada, así como me ves soy en el auto. Pero prudente: sí o sí cinturón de seguridad, respeto la velocidad y las luces, pero “apuráte! (risas).

—¿Salís a la ruta?

—Tenemos una casa de campo en Potrerillo, cerca de Villa General Belgrano, así que lo uso para ir allá. Me gusta manejar en ruta, música a full, y también ir sola, lo disfruto: es mi auto, mi espacio.

—¿Mirás autos?

—Sí, me gustan los autos cortos; los Kia me encantan, por su diseño comprimido. Mi sueño es el Suzuki Swift. Cuando compré, estaba entre el Mobi y el Up.

—¿Leer en papel o pantalla?

—Papel, amo tener libros, tengo un montón sin leer, el olor a libro no tiene comparación. Una buena dedicatoria en un libro me encanta, es irreemplazable. Para escribir, también el papel. Escribo mucho más en la PC, pero si es algo sentido, una carta, una frase, es para papel. Está bueno mantener esa relación entre lo analógico y la tecnología, es como la foto que tengo pegada en el iPhone. La tecnología bien usada es fabulosa, pero creo que hay cosas que no van a morir; tal vez el diario en papel, pero la radio, lo tradicional, va a convivir con lo digital.