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“Para mi casa, siempre elijo cosas que tienen historia”

Palabra de médico. Carlos Presman destaca que en la construcción de su vivienda reciclaron gran parte de una casa antigua. Descree de la obsolescencia de los objetos tecnológicos y disfruta de los autos por las experiencias que le brindan.

31 de mayo de 2015 a las 12:01 a. m.
Eduardo Aguirre*
“Para mi casa, siempre elijo  cosas que tienen historia”

El doctor Presman vivió en el Cerro de las Rosas desde antes de que el tradicional barrio fuese bautizado así. “Nací en lo que era Parque Corema, cuando aún tenía calles de tierra, en una casa que compró mi viejo y era parte del Plan Eva Perón, a media cuadra de la Núñez. Ahora, allí vive mi hijo. Compramos un lote a ocho cuadras hacia el Orfeo; hoy es Cerro Chico. Nunca me moví más de un radio de 10 cuadras desde que nací”, cuenta.

–¿Qué recuerdos tenés de tu casa paterna?

–El carácter barrial: la guardería era la vereda, jugar con los chicos en carritos a rulemanes o a la pelota descalzos en el baldío al frente de mi casa, comer en la casa del vecino...

–¿Tu lugar en esa casa?

–Mi familia se componía de dos mujeres mayores que yo, y mi vieja decía que vine sin programación (risas): en casa estaba el dormitorio de mis viejos con su baño, el living, la cocina-comedor y la habitación de mis hermanas, y un pasillo largo que conectaba con una pieza de servicio que se habilitó para que yo tuviera un lugar. Usábamos un calefactor a kerosene y cerraban la puerta que daba al pasillo para que no se fuera el calor. De ahí me quedó el hábito de dormir con muchas frazadas y mi tolerancia al frío (risas).

–Hasta que te fuiste…

–Me recibí de médico a los 23, pero en cuarto año de la facultad ya empecé a vivir más en pareja con mi mujer en un departamento de Nueva Córdoba. Después viví un tiempo en el pabellón de residentes del Clínicas, y luego alquilamos una vivienda  a dos casas de donde nací. Ahí nacieron mi hijo y mi hija. Más tarde compramos el lote e hicimos la casa como queríamos. La hizo un arquitecto que ustedes entrevistaron, Diego Schmukler: su lote estaba contiguo al nuestro, el proceso de construir la casa fue muy lindo y la amistad se construyó junto con la casa.

–¿Cómo es?

–Compramos las aberturas de una casa antigua que se iba a demoler en Oliva e hicimos la casa en función de ellas, por eso evoca a las de la colonia: techos, entrepiso y piso de pinotea, que sacamos de la demolición, y aberturas de cedro americano con marco de pinotea. Quedó muy alta, porque lo que marcó la altura fueron las aberturas.

–Una casa antigua...

–Sí, nos gustan las cosas que tienen historia. Hoy, en cambio, los objetos duran cada vez menos, el celular, el reloj... pero,  hace unos años le hicimos una “adaptación tecnológica” a la vivienda. La cocina ahora tiene equipamiento de Johnson & Johnson. Pero nunca hemos estado en la cresta de la ola tecno.

–¿Por ejemplo?

–Tenemos reproductores de DVD, que ya están casi en desuso, y los hemos reparado varias veces. Hemos reparado todos los electrodomésticos y no por economía, sino por  utilidad del insumo. Al fin y al cabo, somos médicos: estamos algo aislados del circuito comercial y de consumo, hasta para la indumentaria somos clásicos. Ser médico  hace que la entidad que le das a la tecnología y a los objetos esté puesta al servicio de la profesión. Cuando empezaron las notebooks me compré una, la traje al consultorio y empecé a hacer las historias clínicas con la notebook en el escritorio y noté que los pacientes me empezaron a decir “doctor, ¿me va a a escuchar a mí o va a escribir en la computadora?” La cerré, la llevé a mi casa y nunca más interpuse entre el paciente y yo una pantalla.

–¿Y para qué sí usás tecnología?

–Por ejemplo, ya no uso soporte papel para informarme, leo varios portales de noticias desde la computadora y últimamente también desde el celular. Pero no he podido pasar del todo a la tecnología touch, tengo un BlackBerry Q10, un híbrido, con teclado físico y pantalla táctil. El celular siempre me pareció un elemento extraordinario de comunicación, inclusive con los pacientes. En casa uso computadoras, pero con teclado.

–¿Qué aplicaciones usás?

–En el celu, e-mail, la cámara (poco), WhatsApp, una herramienta fantástica. Tengo grupos con mi familia y amistades. Nada de Facebook ni Twitter.

–Para concluir: tu historia con los autos…

–Mi primer auto fue un Citroën 3CV color naranja, y después siempre tuve de Renault. Mi relación con los autos es utilitaria, el placer me lo da lo que me brinda el auto, mi sueño de toda la vida ha sido tener una 4 x 4. Tuve R12, R9, Megane y los usé como si fuesen 4 x 4:  tengo fotos con mi R12 en la Pampa de Achala yendo a pescar truchas. Mi primer utilitario más parecido a eso fue una EcoSport hace unos años, disfruté mucho lo que me permitía cargar y viajar. Desde hace unos años tengo una Duster que hizo la totalidad de la Ruta 40, desde Punta Arenas hasta Purmamarca, crucé dos veces por el Abra del Akay a La Poma, a 5.000 metros, y no es 4 x 4 pero yo creo que sí (risas).

–¿Sos cuidadoso?

–No soy cuidadoso con los autos, puedo comprar uno de cualquier color, siempre que me preste el servicio que le pido, me lleve a las Sierras, no me deje a pata, no se rompa y me permita al placer de viajar. Lo más terrible que hice fue ir a los esteros del Iberá, 100 kilómetros bajo la lluvia con el barro de esa zona, que obliga a ir en segunda y muy despacito, en ocho horas, tremendo, pero muy contento.

Carlos por Carlos

“Nací en el año ’61. Hace 30 años que ejerzo la profesión de médico y coqueteo con la literatura. Creo que uno debe reflexionar un minuto sobre por qué se viste como se viste, por qué utiliza determinada tecnología, por qué elige un auto o un objeto de la vivienda, ver cuál es el deseo propio. Eso permite salir del consumo desmedido. Trato, en lo posible, de ser coherente con eso”.

*Especial