Abriendo el paraguas
La lluvia es una de las condiciones naturales más adversas para la conducción. Según el Centro de Experimentación Vial (Cesvi), el 70% de los accidentes se producen en los primeros 30 minutos de iniciada la precipitación.
Agua que cae torrencialmente desde todas direcciones. Poca visibilidad por los vidrios empañados. Y, como si fuera poco, calles que se inundan rápidamente. Esta situación, caótica de hecho, se reitera en varias ocasiones en nuestra ciudad hacia principios del mes de noviembre. En ese escenario, es fundamental saber cómo actuar y qué precauciones tomar.
Los primeros minutos, los cruciales
Está comprobado que los primeros momentos de lluvia son los más peligrosos. A este resultado llegaron las últimas investigaciones realizadas por el Centro de Experimentación Vial (Cesvi). “El 72 por ciento de los siniestros que se producen con lluvia ocurren durante los primeros treinta minutos desde que comienza a llover”, sostienen desde el organismo. Esto, en parte, se debe a que al mezclarse el agua con el aceite, el polvillo, la grasa y toda la suciedad del camino, la calzada se convierte en una superficie sumamente deslizante, lo que hace más difíciles todas las maniobras.
La mejor forma de evitar el patinamiento es reducir la velocidad: si se conduce más despacio, más banda de rodadura del neumático estará en contacto con el pavimento. Esto da como resultado mayor tracción y respuesta de frenado.
Los neumáticos
El estado de las ruedas adquiere un protagonismo trascendental en todos los escenarios cuando se conduce, pero con lluvia mucho más. Una de las principales funciones de una rueda es precisamente desagotar el agua por sus hendiduras, para que el contacto entre el caucho y el asfalto sea el mejor posible.
Por eso, el otro consejo es no ahorrar en neumáticos, ya que de ellos depende la seguridad de quienes se encuentran a bordo. Si bien la Ley de Tránsito exige una profundidad mínima de 1.5 milímetros, es importante considerar que si la profundidad es mayor tendrá también más posibilidades de despejar el agua.
Sin brusquedades
Para poder tener una buena respuesta en piso mojado, es necesario evitar los movimientos bruscos al volante. Hay que recordar que el único contacto del vehículo con la calzada es el neumático, y el piso mojado reduce la adherencia:; esto implica más posibilidades de perder el control. Por eso, también el frenado se debe realizar con suavidad, para que no se bloqueen las ruedas.
Vidrios empañados
El cambio de temperatura que se produce cuando llueve empaña los cristales, por lo que hay que usar el desempañador, la recirculación del climatizador o el aire acondicionado con aire frío.
Si el auto no estuviera equipado con ninguno de estos elementos, lo recomendable es bajar las ventanillas para que el aire circule: es preferible mojarse que involucrarse en un accidente por no poder ver con claridad.
Agua al moto
Una postal frecuente, cuando las calles se inundan, son los coches varados. Por lo general, los afectados son modelos con motores diésel. “Los coches diésel tienen la entrada de aire generalmente baja y alejada del puesto de conducción. Esto es así porque de esta manera se evita que el característico ruido de ese tipo de motores se escuche en el habitáculo. La contracara de ello es que, en épocas de lluvia, estos coches son propensos a que el agua se introduzca por esa vía y se apague el motor”, sostuvo Víctor, propietario de un taller en la zona de barrio Centro América. Lo aconsejable, entonces, es mermar la marcha y tomar distancia del auto de adelante, para evitar que el oleaje impacte en el frente del nuestro.
El efecto “aquaplaning”
Aunque el charco sea pequeño, se debe atravesar con suma precaución, porque si no se hace de esta forma se puede producir uno de los efectos más peligrosos al conducir con lluvia: el denominado “aquaplaning”. Este se produce cuando los neumáticos no pueden evacuar el agua de la calzada, y se forma una capa de agua a presión que impide el contacto de la cubierta con el asfalto. El resultado es la pérdida total del control del vehículo. Si esto llega a pasar, la sugerencia principal es no frenar: hay que sacar el pie del acelerador y sujetar con firmeza el volante, sin tratar de girarlo.
En síntesis, lo mejor en estos casos es no hacer nada y nunca frenar, hasta sentir que el vehículo recuperó la tracción
Ojo con la profundidad
Circular por zonas desconocidas no es aconsejable, sobre todo al atravesar un sector que está inundado. Se debe comprobar la profundidad, tomar referencias o esperar que otro vehículo pase antes. Cuando se atraviesa un sector con agua, se aconseja usar el sistema de frenos, con tres o cuatro toques al pedal para secar los tambores o discos.

