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La píldora venenosa de Assange

Wikileaks gana la batalla por la transparencia radical y amenaza con detonar una nueva bomba informativa, tras la detención de su fundador.

08 de diciembre de 2010 a las 11:42 p. m.
La píldora venenosa de Assange

El ciberactivismo está en marcha.

Y el escenario es en torno a Wikileaks, la organización anti-secretos que concentra furiosas críticas del poder político tras la reciente revelación de 250 mil cables confidenciales de la diplomacia de Estados Unidos, mientras su fundador Julian Assange se encuentra bajo arresto en Londres.

Un pequeño grupo de hackers anónimos montaron este miércoles una impresionante campaña de venganza en rechazo a los sucesivos ataques contra Wikileaks, que ponen en cuestión la neutralidad de la Red y la libre circulación de información.

La reacción hacker se activó luego de que, en Estados Unidos, el gigante Amazon retirara a Wikileaks de sus servidores, por pedido del senador Joe Liberman, titular de la comisión de Seguridad Interior.

Luego, en Francia el ministro de Industria prohibió que el sitio fuera alojado en servidores franceses. Y en Suiza, el banco PostFinance congeló una cuenta con 41 mil dólares que Wikileaks había recibido en donaciones, informa la revista Time.

La reacción en cadena contra Wikileaks genera serios interrogantes sobre la libertad de expresión en Internet. ¿Es realmente libre cada bit de información digital para circular por las redes, ante el poder de empresas privadas o gobiernos?

Los hackers se hicieron escuchar en defensa de Wikileaks.

Primero cayó el sitio PostFinance.ch, y luego la web de Pay Pal, un servicio de pago electrónico. Le siguieron los sitios de las tarjetas de crédito Mastercard y Visa.

En menos de 24 horas, los ciberactivistas pusieron en jaque a las compañías que habían bloqueado las donaciones a Wikileaks, su principal fuente de financiamiento.

Los ataques se realizaron a través de la denegación de servicios (DoS, en Wikipedia), que consiste en enviar de forma coordinada miles de visitas que terminan por colapsar el acceso a los sitios web.

Todavía no hay cálculos sobre el daño económico que los ataques podrían haber causado.

Para evitar problemas legales, Facebook bloqueó la página de la organización hacker, que tenía miles de fans, y por la noche Twitter suspendió el perfil de Anon_Operation, luego de que los hackers publicaran una lista de números de tarjetas de crédito de Mastercard.

Los expertos consultados por El País, uno de los diarios que recibió los documentos secretos de Wikileaks, señalaron que los ataques de este miércoles no alcanzan el nivel de una "guerra cibernética". El bloguer José Luis Orihuela dijo en Twitter que los ataques no se corresponden con la ética hacker.

Cápsula de venenoLa incógnita ahora es saber cuál será el efecto y las consecuencias de la "píldora venenosa" de Assange, una carta en la manga que el australiano tiene reservada en caso de que algo le ocurra a él o a Wikileaks.

Luego de entregarse a la Justicia británica para enfrentar los cargos de supuesto abuso sexual, Assange busca evitar la extradición a Suecia y asegura que las acusaciones en su contra tienen motivaciones políticas.

Wikileaks reveló el martes que publicará nuevos documentos, esta vez sobre el gigante petrolero BP, el Bank of America y otra gran institución financiera de Estados Unidos.

La incógnita sobre el contenido de la nueva filtración crece con cada minuto que pasa.

Con el  líder tras las rejas, los seguidores están dispuestos a apretar el botón rojo que liberaría un archivo de 1.4 gigabytes protegido por un complejo mecanismo de encriptación, según informa CNN (en inglés).

Para tener una noción de la "bomba informativa" que podría detonarse, el tamaño del archivo es capaz de contener los más de 90 mil documentos de inteligencia de la guerra en Afganistán, las 400.000 páginas clasificadas de la guerra en Irak y los más de 250 mil cables de la diplomacia estadounidense, que ya han sido liberados al conocimiento público.

La cooperación de usuarios y voluntarios que están alojando a Wikileaks en cientos de miles de servidores alrededor del mundo, y la arquitectura tecnológica ideada por el australiano para sostener el sitio al aire, harían imposible que la bomba pueda desactivarse.

Todo indica que Wikileaks va ganando la batalla por la transparencia radical.