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El juego de David Ruda

De profesor de educación física en Villa El Libertador a presidente de Tarjeta Naranja. David Ruda compartió su experiencia en TEDx Córdoba.

27 de agosto de 2011 a las 08:45 p. m.
El juego de David Ruda
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A David Ruda, presidente de Tarjeta Naranja, su primer trabajo como profesor de educación física en una escuela de barrio Villa El Libertador le dio varias lecciones.

Allí aprendió que los chicos, más que recibir afecto, necesitaban la oportunidad de dar afecto. "Venían a darme un beso y yo tenía que poner la cara -recuerda Ruda- Los chicos que dicen "¡Yo, señorita!" quieren una oportunidad para ser".

Aprendió también que, cuando tienen la oportunidad, no sólo quieren jugar al fútbol, sino que también pueden dirigir. "En el momento en que un niño tiene el silbato, que empieza a ser árbitro, empieza a ser justo y no tolera injusticias en el juego", cuenta.

"Hacíamos un juego de ser, de hacer hacer y de dejar hacer. El juego sigue siendo la forma más importante de ser adulto", señala Ruda, que hoy comanda un equipo clave en el crecimiento del plástico más importante del interior del país.

Naranja tiene casi cuatro millones de titulares y más de 200 locales en Argentina, con próximos desembarcos en República Dominica y Perú.

La filosofía que aplicó en su empresa fueron las mismas lecciones que dejaron aquellos días en Villa El Libertador. "Buscamos gente para brindarle la oportunidad de ser", sostuvo ante un auditorio de casi 200 personas.

"Desarrollamos una cultura que hace de la coparticipación y del trabajo en equipo su máximo valor. Cada persona es única e irrepetible", dice El Jefe Ruda, como lo conocen en la empresa.

El caso de Naranja es reconocido por varias razones. Ha recibido premios como la mejor empresa para trabajar en Argentina, y está en el libro Guinness como la empresa con  mayor cantidad de matrimonios entre sus filas del mundo.

Esta "maravillosa endogamia", como dice Ruda, se logra por el clima de alegría en el trabajo. Los colaboradores están felices y se despiertan a la mañana con alegría, lo cual se contagia hacia toda la empresa.

Así, trabajar "se convierte en un juego, en una forma de jugar", como ocurría con sus alumnos en esas tardes de barrio y tierra.

"Es lo que aprendimos desde la primaria: respetar a las personas, entenderlas, escucharlas y hacerlo lo imposible para que la organización resuelva sus necesidades y problemas", dice.

"No desperdiciemos nunca las oportunidades. Hasta un reloj destartalado tiene al menos en dos momentos al día la oportunidad de dar la hora exacta", concluye Ruda.