Una violencia que no es aislada
La violencia urbana y la doméstica son las principales causas de homicidios en el país. Y las reacciones son una política represiva para que el que ataca y una asistencialista para la víctima.
"El homicidio es un indicador universalmente utilizado para señalar el máximo grado de violencia interpersonal en una sociedad (...). Creemos que el monitoreo de la violencia –en principio, el homicidio– merece ser extendido hacia todo el país (...). Esto tiene fundamental importancia a fin de diseñar estrategias preventivas en una política criminal efectiva y racional (...). Nadie puede prevenir lo que desconoce". En el prólogo de una serie de indagaciones que realizó el Instituto de Investigaciones de la Corte Suprema de Justicia de la Nación sobre las variables que aparecen en los homicidios registrados en 2013 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Misiones, Tucumán, La Rioja, San Luis y Corrientes, el juez Eugenio Raúl Zaffaroni subraya la importancia de conocer cómo, quiénes y por qué matan en el país.Una descripción sobre la cara más extrema de la violencia cotidiana, que puede ser utilizada como plataforma a la hora de pensar políticas públicas de prevención.Tarea que, a esta altura, ya debe comprometer a sectores mucho más vastos que los ministerios de Seguridad o las fuerzas policiales. El domingo último, en las páginas de este diario, publicamos un informe sobre cómo ha recrudecido la violencia en la ciudad de Córdoba, en un conglomerado de barrios que tiene como máxima referencia a Bella Vista. Una cruda descripción de los nuevos hábitos que han debido adoptar, a la fuerza, los vecinos que en los últimos años, poco a poco, se fueron acostumbrando a sobrevivir entre tiros, robos a cualquier hora y cada vez más jóvenes insertos en las garras del narcotráfico.Nueve crímenes callejeros en sólo 23 meses es la cifra más elocuente de cómo otra realidad se asentó en esa zona, ubicada a escasos minutos del Centro cordobés.Un caldo de cultivo que se cuece, también, en estructuras que se fueron consolidando en este tiempo.Una ciudad fragmentada y segregada, con cada porción homogénea en sí misma, pero totalmente distintas entre sí.Hace ya más de una década y media que comenzó a gestarse este proceso en el que la violencia dejó de ser un evento aislado y descontextualizado. Se convirtió en todo lo contrario. Tiene patrones bien claros y establecidos, más allá de algunos matices.En Córdoba, al igual que en el resto del país –si se compara con el relevamiento realizado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación–, son jóvenes los que matan y mueren en riñas, peleas, ajustes de cuentas y enfrentamientos entre bandas.Víctimas y victimarios que comparten, por lo general, la misma geografía de la ciudad, que es el lugar donde suelen ocurrir estas disputas fatales.Adolescentes y más grandes que tienen un acceso veloz y fácil a las armas de fuego.Y que crecieron en un contexto de neoliberalismo que luego trocó en un escenario de crisis y poscrisis.Porque saber cuándo nacieron los que hoy protagonizan las balaceras callejeras sirve, también, para poder establecer un punto de inicio al momento de lograr conocer quiénes son, en una biografía mucho más vasta que el solo conteo de los años. La violencia urbana y la doméstica terminan siendo, por lejos, las principales causas de homicidios en todo el país, muy por encima de los delitos contra la propiedad, la inseguridad, que tanto clamor generan todos los días. Sin embargo, las respuestas continúan siendo aisladas, fragmentadas, porque hoy las reacciones sólo tienen en cuenta el actuar individual: una política represiva para que el que ataca y una medida asistencialista para la víctima.Conocer la violencia, es, entonces, pensar sus causas y condicionamientos, lo que a la larga derivará en la posibilidad de generar políticas activas que permitan prevenir y contrarrestar un espiral que se agiganta cada vez más.

