Un pueblo alterado por encapuchados
A la ola delictiva que se registra en el valle de Punilla, la localidad de La Cumbre se suma con una seguidilla de asaltos violentos. Varias familias fueron víctimas de delincuentes armados. Vecinos y el intendente reclaman móviles, policías y mejor patrullaje.
La Cumbre. La inseguridad recrudece en varias poblaciones del interior de la provincia. El valle de Punilla no es la excepción. En ese marco, la ciudad de La Cumbre, a 80 kilómetros de la Capital, atraviesa un traumático momento ante una ola de violentos asaltos a mano armada que se suceden sin principio de solución. Los casos tienen un denominador común: son cometidos, en su mayoría, por una banda de encapuchados armados que someten a sus víctimas a golpizas para llevar a cabo su objetivo delictivo. Incluso, han estado cerca de picanearlas. En este contexto, los vecinos y hasta el propio intendente, Carlos Engel, se quejan del accionar de la Policía y reclaman mejor seguridad.La sensación de muchos habitantes es amarga: prácticamente ni un solo ilícito fue resuelto y, aún más, nada se recuperó. Hay filmaciones de al menos uno de los golpes.No fue posible obtener una palabra oficial ante esta situación.
Impunidad
“El mes pasado, ingresaron tres sujetos encapuchados y armados; estaba con mi hija. Nos maniataron y comenzaron los culatazos y golpes exigiendo dinero. Nos amenazaron con picanearnos con dos cables y nos pusieron las armas en la boca. Al final se llevaron joyas, dinero, computadoras, celulares y una colección de platería antigua invalorable. Huyeron en una de mis camionetas y la dejaron abandonada cerca”, relató Guillermo San Román, un vecino que participó de una reunión realizada días atrás.
A Federico Molina no le fue mejor en su chalet ubicado camino a Ascochinga.
“A las 23 ingresaba al predio, mi mujer atrás intentó escapar, pero no lo logró. Eran cinco encapuchados con guantes y nos ataron a una cama. Se notaba que estaban muy drogados y me golpearon. Se llevaron dinero, celulares, computadoras y un auto, que luego abandonaron” añadió el vecino.
Martín Bogoslafica no estaba en su casa en julio de este año, ubicada a la par de la ruta 38, pero sí había nueve personas entre mujeres y chicos.
“Cuatro encapuchados armados ingresaron a la vivienda, a las 20, y ataron a todos. Robaron dinero, celulares y computadoras. Lo grave es lo psicológico”, se lamentó Bogoslafica.
Horacio Forn, quien tiene una estancia camino a Ascochinga, estaba con su mujer e hija cuando escuchó un violento estallido, meses atrás. Ya era de noche. “Eran tres tipos y reventaron una ventana para entrar. Estaban encapuchados y nos pusieron la pistola en la cabeza, se llevaron dinero, celulares, computadoras y armas de colección. Y me robaron una camioneta”, apuntó.
Los casos siguen. Gustavo Ferreri y su pareja, quienes viven en el paraje El Pungo, también fueron víctimas de los encapuchados.
Las víctimas fueron maniatadas y golpeadas. “Vine a este pueblo buscando su belleza y su paz, ahora pienso en irme a Rosario”, se lamentó el hombre.
A Carlos González Urquiza y Martín Travella les tocó en “suerte” sufrir robos domiciliarios cuando no se encontraban en sus respectivas viviendas. “Un policía vino una sola vez, luego jamás me llamaron”, afirmó González.
A los tiros en la calle
Los asaltos no son sólo contra familias en sus domicilios.
Por caso, un local de cobro de servicios, en pleno casco céntrico de La Cumbre, fue blanco de un asalto por parte de varios encapuchados.
Cuando huían, algunos transeúntes quisieron detenerlos, pero los ladrones abrieron fuego y escaparon en un auto. No hubo heridos de milagro. Una patrulla policial intentó detenerlos, pero los delincuentes lograron huir. Otros negocios también fueron robados.
Móviles sin policías
“Reclamé la presencia del secretario de Seguridad provincial, quien vino acompañado por un técnico policial y con miembros de Participación Ciudadana. Recorrimos la localidad para ver dónde colocar cámaras de seguridad. Fue hace cuatro meses, nunca tuve novedades, ni siquiera una llamada telefónica”, aseveró el intendente Carlos Engel a
La Voz del Interior .
El jefe comunal señaló que “hay tres móviles policiales”. “Pero no hay quién los maneje, dicen por falta de personal. Hace largo tiempo que la comisaría no tiene comisario, sólo un subcomisario a cargo”, afirmó el funcionario, quien agregó que la localidad tiene accesos claramente marcados.
“No es difícil salir al cruce de alguien que huye”, acotó. “Hay algo extraño. Cuando envían la Guardia de Infantería cesan los delitos, cuándo se van comienzan nuevamente”, reflexionó Engel.
Muchos vecinos dijeron estar cansados de reuniones mantenidas con la Policía, ya que los hechos no se esclarecen.
Aseguraron que la mayoría de los uniformados no conoce la topografía de la localidad. “Los delincuentes se dan cuenta de que acá no hay seguridad: hacen inteligencia más efectiva que la Policía”.
Guillermo San Román rememoró que hace unos años regaló a la Policía una moto enduro. “Luego de un tiempo no la vi nunca más, desapareció”. “Queremos que esta gente sea detenida y se recupere algo de lo robado. Pero no nos hacemos ilusiones”, dijo.
Otros habitantes recordaron diversos aportes que hicieron para el arreglo de móviles y combustible.
Robos en Punilla
Preocupación. Diversos puntos del valle de Punilla vienen siendo blanco de robos y asaltos. Uno de los ejemplos más palpables es lo que sucede en Villa Carlos Paz, donde han recrudecido los ilícitos. En esta ciudad hubo una oleada delictiva que llevó a que el municipio plantee su preocupación al Gobierno provincial.
Se van los uniformados. Una de las problemáticas que admiten por lo bajo en la Policía es que, terminado el verano (cuando la población crece con los visitantes), parten efectivos que habían llegado para el operativo turístico. Con ellos se van también móviles y hay que patrullar con lo que queda.
Promesa. Desde Jefatura anunciaron días atrás que pronto se comprarán 350 móviles y que una importante cantidad será destinada al interior.

