Un crimen impune en barrio San Martín
Hace un año, una jubilada de 88 años fue asesinada a golpes por un grupo de delincuentes que ingresó en su casa.
El crimen de Leonor Navarro de Gambino (88) no tiene culpables ni imputados. Ha pasado un año y aún poco es lo que se sabe sobre lo que pasó aquella tarde del 15 de enero de 2014. Ese día, al menos tres hombres entraron en su casa de barrio San Martín, de la ciudad de Córdoba, la ataron a la cama y la golpearon con tal rudeza que la mataron. Cinco minutos antes, alrededor de las 15, su hijo y su nuera, que viven en la planta alta de la casa de la calle Soldado Ruiz al 1600, habían salido a hacer unas diligencias previas a un viaje que nunca realizaron. Cuando regresaron, una hora y media después, encontraron diferentes carpetas tiradas en el garaje, y por una hendija de la puerta vieron algo demasiado raro en la habitación de Leonor. En la pieza, la mujer estaba atada de manos contra el espaldar de la cama, tenía golpes en el rostro y un hilo de respiración. La casa estaba revuelta y luego se constató que se habían llevado una suma de dinero que no fue precisada y algunos objetos de valor. Cuando llegó al lugar el servicio de emergencias, la abuela de la cuadra había muerto. Leonor era una mujer alta y robusta, con mucha vida social en el barrio más allá de que los años le habían traído algunos achaques."Tres días antes la había acompañado al médico porque quería hacerse un chequeo", cuenta Luisa, su nuera. "Le dijo al médico que quería llegar a septiembre, porque se casaba una nieta y el doctor le dijo que no sólo iba a llegar si no que iba a poder tomar unas copas", agrega.Justo un mes antes de su tremendo fin, la mujer había cumplido 88 años. Sin pistas Los primeros pasos de la investigación no llegaron a ningún resultado y a un año del crimen no hay ni detenidos ni imputados y no se sabe si hay siquiera sospechosos. "Mi suegra se había acostado y nosotros salimos a llevar al perro a la guardería porque nos íbamos de vacaciones ese día", señala Luisa. Y añade: "Cuando volvimos, en el garaje había carpetas tiradas en el piso. Pensé que era alguno de mis hijos y alzamos las cosas rápido para que mi esposo entrara el auto. En la cocina, vimos por una hendija que estaba la luz prendida en la pieza de ella. Cuando miré, estaba atada, los cajones abiertos, todo tirado. Le habían atado un brazo y la habían golpeado hasta dejarla inconsciente".Luisa asegura que su suegra era una mujer muy activa, con buen estado de salud. "Era una gringa muy fuerte, con un corazón de joven", rememora. Y apunta: "Nosotros vivimos arriba, y ella crió mis hijos porque yo trabajé toda la vida. Fue mi segunda madre y no entiendo lo que pasó". Sin causa Lo único que supieron los Gambino después del crimen es que un oficial de Policía llegó a decirles que iba a encontrar a los culpables. Y no volvió más. "En un negocio de la esquina tienen cámaras de seguridad y se ve en la filmación que fueron tres hombres los que entraron a la casa", cuenta Luisa. Por eso, las expectativas de que se resolviera el crimen era grande para la familia. "En la Policía me pintaron el mundo, que ya los agarraban y no pasó nada", se queja hoy la mujer..Se presentará como querellante en la causa en los próximos días para intentar activar una investigación que para ellos está quieta."Desde ese día, vivo con un nudo en la garganta porque no puedo creer que nadie haga nada", cierra la mujer.

